FEDERICO CASTILLO
Autoridades sanitarias asumieron como "preocupante" el informe de Medicina sobre el déficit crítico de especialistas. Desde las sociedades médicas responsabilizan a limitaciones impuestas por la facultad y a la falta de planificación del MSP.
Las reacciones al informe de la Facultad de Medicina y la Escuela de Graduados que alerta sobre la falta de profesionales en al menos once especialidades médicas, fueron dispares en su enfoque pero si hay algo en que todos concuerdan es que el tema preocupa en el contexto del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) y que se deben tomar medidas para resolverlo.
En el documento se concluye que resulta "prioritario" y una "necesidad imperiosa" la creación de un Observatorio o Comisión Nacional de Planificación de Recursos Humanos en Salud y señala a la Junta Nacional de Salud (Junasa) como uno de los organismos que podría convocar a todos los actores para formar ese ámbito.
El presidente de la Junasa, Luis Gallo, compartió la preocupación de la Facultad de Medicina y señaló a El País que "el gobierno tiene que abordar la situación en su conjunto". Sin embargo, admitió que sobre la creación de un órgano que planifique y controle los recursos humanos en salud aún "no hay nada concreto". "Es para sentarse y discutirlo. El órgano convocante puede ser la Junta de Salud y todos los actores vinculados al tema. Es para tenerlo en cuenta, el MSP está preocupado por el tema", dijo Gallo.
El presidente del Sindicato Médico del Uruguay (SMU), Julio Trostchansky, acotó que si se instala un ámbito donde discutir la falta de especialistas y sus soluciones a largo y corto plazo, el mismo "tiene que tener la independencia necesaria para poder emitir opiniones que no estén contaminadas ni por las políticas de las autoridades de turno ni por las distintas corporaciones que puedan llegar a ejercer determinada influencia en sus conclusiones".
Trostchansky descargó además contra la propia Facultad de Medicina como parte responsable del déficit actual.
"Hay una concepción que reinó durante mucho tiempo que establecía que la Facultad de Medicina no debía tomar en cuenta las necesidades del mercado para la planificación de los recursos humanos. El establecimiento de pautas era visto como una cuestión reaccionaria, de limitación de su autonomía", señaló. Trostchansky opinó que no puede haber "una descoordinación tal que el país necesite determinados recursos humanos y el país produzca otros". También criticó que "no es lógica" la limitación (cupos) que se impone a los futuros especialistas en relación a la apertura que existe para los que hacen medicina general.
El decano de Medicina, Fernando Tomasina, respondió que "desde hace ya varios años que la facultad trabaja en dar respuesta a las necesidades, que dependen en gran medida de los modelos de organización sanitaria". Reconoció que el país "está transitando por una reforma sanitaria, y ahí se generan situaciones que podrían ser entendidas como parte de este mismo crecimiento". Y admitió: "seguramente había necesidades insatisfechas, sobre todo en la población que se asistía en el sector público".
El dirigente de la Sociedad de Urólogia, Gustavo Malfatto, coincidió en que al hablar de la falta de especialistas, la balanza se inclina notoriamente hacia el sector público. La urólogia es una de las especialidades señaladas en el informe como críticas o de demanda insatisfecha. Malfatto descartó que eso sea así en el mutualismo, pero reconoció que en salud pública, y sobre todo en el interior del país, la cosa cambia.
"El tema es la distribución y la macrocelafia. La mayoría de la gente pretende quedarse en Montevideo. Pero no es un problema de que falten urólogos. A lo mejor lo que falta son oportunidades adecuadas en el interior o condiciones de trabajo adecuadas en el interior", enfatizó Malfatto, quien responsabilizó a las autoridades sanitarias en ese sentido.
Gallo, que además es cirujano pediátrico, advirtió también sobre el problema de la concentración de médicos en Montevideo. Dijo que cirujanos pediatras hay a lo sumo 35 en todo el país, y 28 de ellos están radicados en la capital del país. Admitió que en esta especialidad "no se puede formar recursos así como así, porque no es en cualquier hospital donde se hace cirugía pediátrica". El hospital de referencia nacional es el Pereira Rossell. Gallo apuesta a regionalizar los centros, que haya al menos cuatro en todo el país. Todos los consultados coincidieron que tienen que existir políticas de incentivos para la radicación de especialistas en el interior. Piden mejores condiciones de trabajo y mejor remuneración.
La cifra
35 Es la cantidad de cirujanos pediátricos que hay en Uruguay, la gran mayoría (28) concentrados en la ciudad de Montevideo.
La "insatisfacción" de los anestesistas
Una investigación de la Cátedra de Anestesiología, publicada ayer por el suplemento Qué Pasa de El País, demuestra que los anestesistas uruguayos -una especialidad en el ojo de la tormenta desde que el gobierno declaró la emergencia sanitaria- trabajan con altos niveles de insatisfacción.
El estudio, que será editado en el número de diciembre de la Revista Médica del Uruguay, se apoya en datos de encuestas realizadas por la empresa Opción Consultores a anestesistas uruguayos en 2008.
Según el informe, en el 54% de los encuestados se registra "insatisfacción" respecto a la "organización del trabajo". Entre los motivos para argumentar esta respuesta se destacan la "desorganización del ejercicio de la especialidad, la sobrecarga laboral y la incertidumbre con los días y horario de trabajo".
Los anestesistas presentan además altos niveles de disconformidad por las "condiciones locativas": el 51% está insatisfecho y el principal motivo es la "falta de áreas de descanso adecuadas".
Este tema, el de las condiciones laborales, es uno de los que se estuvo arriba de la mesa en la discusión que los profesionales de la anestesia mantuvieron con el gobierno y que permitió que se llegara a un acuerdo (ver nota aparte).
En tanto, el 49% de los anestesistas encuestados señalaron que la remuneración que perciben "no es acorde a la responsabilidad ni al estrés del trabajo". Y el 98% consideró necesarias "normas de control y de regulación relativas a la calidad y seguridad de la práctica profesional". Dos de cada tres estimó que el ejercicio de la anestesiología "entraña riesgo legal muy alto".