Madre e hija crían ratas; el barrio, desesperado

La Blanqueada. Les dan de comer en la palma de la mano

CATERINA NOTARGIOVANNI

Ni en la más sórdida imaginación puede caber una situación como la que viven algunos vecinos de Juan Ramón Gómez al 3000 (La Blanqueada). ¿Se imagina tener de vecinas a dos mujeres que crían ratas y que viven entre la basura?

Es otro caso en el que la realidad supera a la ficción. Cuando Marcelo Silveira, su mujer y su hijo de tres años se mudaron a la propiedad sabían que el garaje estaba ocupado por dos intrusas desde hace más de 25 años. De lo que no tenían idea es de la pasión delirante que éstas tienen con uno de los animales más repulsivos del planeta: las ratas.

Tal es el grado de psicosis, que las señoras las crían y alimentan como si se tratase de un animal doméstico. Ambas viven de lo que encuentran en la basura y con generosidad samaritana comparten su me- sa, su plato y hasta su vaso de agua con estos animales. Parece mentira, pero no lo es.

Las mujeres viven en un garaje de tres metros de largo que forma parte de la propiedad de Silveira. El "pedazo" de casa que ocupan incluye un sótano de un metro y medio de profundidad. Según los vecinos y el propietario, ese espacio está colmado de basura. Las ratas viven allí con toda comodidad.

La Intendencia concurrió varias veces a desratizar, pero el trabajo es estéril por la acumulación de basura y el hábito de alimentar a los animales.

El 27 de marzo Silveira recibió un cedulón de la IMM intimándolo a limpiar el terreno de su casa en 10 días so pena de pagar una multa de 25.000 UR (casi $ 8 millones). El propietario alega no estar en condiciones de hacerlo: "¿Cómo me voy a meter yo a sacar esa mugre? No tengo equipo como para eso, se precisa gente especializada", dijo a El País. "Es más, pedí presupuestos pero nadie quiere agarrar el trabajo, ni siquiera los hurgadores de los carritos se animan a meterse en ese pozo. Un funcionario de la IMM que vino hoy (por ayer) a poner cebos me comentó que él ahí no se metía ni loco. Ellos no se meten, pero me obligan a mí", se quejó el propietario.

"Lo que le pido a las autoridades es que traigan gente que me ayude a limpiar. Entonces sí, tiro un veneno y gestiono un desalojo, pero mientras tengan esa mugre no se va a solucionar nada", aseguró.

piso hundido. La familia Viana vive en la casa de al lado y pelea contra esta realidad desde hace cinco años.

En ese tiempo radicaron denuncias en la comisaría, en la dirección de salubridad de la IMM, en el Ministerio de Salud Pública y en todas las puertas que pudieron tocar. En una oportunidad llamaron a la policía. Según cuenta Viana un oficial se apersonó y fue amenazado de muerte por la hija.

Inmediatamente pidió refuerzos y en minutos eran cinco hombres los que luchaban contra la robusta señora que se resistía a ser detenida. La hija terminó internada en el Vilardebó donde permaneció tres meses.

Las cosas volvieron a la normalidad, o lo más cercano a ella posible. En ese lapso la Intendencia retiró de la casa 36 jaulas llenas de ratas. Un verda-dero criadero. Con el alta del hospital psiquiátrico de la hija también volvieron las ratas. Y volvió a empezar la batalla de los vecinos.

Un día Viana estacionó su vehículo en el garaje de su casa (lindero con la casa de las mujeres) cuando sintió un sacudón. ¿Qué pasó?, pensó. Se bajó y vio que la cola del auto estaba hundida en el piso del garaje. Llamó a un albañil que rápidamente comenzó a picar el piso. Grande fue la sorpresa cuando encuentran bajo el piso de hormigón cáscaras de mandarina. Peor aún fue cuando descubrió que las ratas habían copado todo el subsuelo del garaje. Tal era el destrozo que entraba un pala entera en los agujeros.

"Una tarde escuché rasquidos y me senté quieto a esperar que aparecieran. No lo podía creer, las ratas estaban tan acostumbradas a convivir con los humanos que no se escapan. Es más, les sacaba fotos y las tipas se quedaban como posando", cuenta Viana.

Silveira va a iniciar el trámite del desalojo, pero su abogado ya le advirtió que eso va a demorar al menos un año. Entonces surge una nueva pregunta: "¿Cómo hago para vivir con esto durante un año?"

Vecinos filmaron escenas de locura

Los vecinos tienen filmaciones en video que documentan la situación en la que se encuentra la casa y está registrada una fuerte discusión entre el propietario y las vecinas que tuvo lugar el Viernes Santo.

Ese día Silveira y un grupo de amigos se disponían a tirar abajo un galpón y a limpiar parte del patio que ocupa 200 metros cuadrados.

En un determinado momento aparece en escena la hija, una mujer alta y delgada, de mirada desencajada, que se pelea a los gritos con el titular de la casa.

Éste le increpa en buenos términos por la situación en la que viven y el riesgo que implica para el barrio la presencia de los roedores.

Incluso le recuerda a la mujer -que está embarazada- lo peligroso que puede ser para su futuro hijo. La mujer responde con agresividad, al tiempo que (paradójicamente) limpia el terreno.

También se escucha la voz de la madre prometiendo que se van a ir cuando consigan un lugar para vivir.

Las ratas, en tanto, aparecen dando vueltas por aquí y por allá, como si nada estuviera pasando. Se las ve entrar en una pequeña pieza que las mujeres utilizan de baño. La frágil salud mental de ambas mujeres salta a la vista.

El dueño pregunta

Varias preguntas rondan por la cabeza de Silveira: "¿Qué puedo hacer yo si no tengo autoridad para internar a estas personas? ¿Estamos esperando que pase algo? ¿Tenemos que llegar a que una rata muerda a un niño para hacer algo? Las mujeres amenazan a todos en el barrio, dicen que nos cuidemos porque en cualquier momento nos matan. ¿Qué hacemos? ¿Las ignoramos y seguimos como si nada?"

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