Lunes 30

ALEJANDRO NOGUEIRA

El mapa político con el que se despertará Uruguay el próximo lunes es previsible. No lo es tanto la evolución de los nudos políticos que quedarán planteados.

En el Frente Amplio, José Mujica habrá demostrado que pudo llevar a la coalición a una situación similar a la que obtuvo Tabaré Vázquez en 2004. La izquierda asumirá un doble liderazgo que se notará en los próximos años, donde no solo estará planteada la diferencia de estilos de ambos líderes, sino que uno de ellos tendrá un capital de aprobación ciudadana y un posicionamiento suprasectorial y el otro tendrá un inusual respaldo electoral y la fuerza de un aparato fuerte y aceitado.

Habrá además un tercero pugnado por lograr sus espacios políticos. Danilo Astori podrá o no tener el predicamento prometido por Mujica, tendrá un rol articulador en el Parlamento para el cual no está suficientemente dotado, y hará jugar muy fuerte, llegado el caso, su capacidad de presión en el oficialismo porque sus objetivos no han cambiado.

Mujica deberá demostrar si es coherente en sus mensajes hacia la instrumentación de acuerdos con la oposición -lo que lo diferenciará de Vázquez- y, si ha estado dispuesto a abrazarse con "sapos y culebras", deberá asumir que sus interlocutores son Luis Alberto Lacalle y Pedro Bordaberry y no quienes él elija.

Una de las mayores incógnitas de la próxima etapa política es cuán fuerte está dispuesto a jugar Vázquez y cómo manejará los tiempos en este sentido. Nadie cree demasiado que se tomará un período sabático, porque tras haber saboreado las mieles del poder sabe, como cualquier político, que para ser hay que estar.

En tiendas blancas el panorama será, indudablemente, complicado. La tentación de pasar facturas, combinada con la imperiosa necesidad de lograr nuevos espacios políticos, augura tensiones.

Lacalle será el principal senador nacionalista y el presidente del Directorio partidario y, por ende, es el principal interlocutor con el gobierno.

Entre los muchos yerros de su campaña, el líder blanco apuró innecesariamente una estrategia que debió quedar para ser desarrollada de diciembre en adelante: elogiar a Vázquez y fustigar a Mujica. Fue un mensaje muy confuso al electorado en esta etapa, sin rédito visible, que solo prefigura que Lacalle apelará a Vázquez llegado el caso desde su liderazgo opositor. De cualquier forma, no podrá soslayar que el "patrón de la vereda" será Mujica.

En filas coloradas, Pedro Bordaberry tendrá como tarea casi excluyente consolidar y hacer avanzar lo que logró y dejar que, amablemente, se extingan las viejas figuras y formas de hacer política. El caso Feldman probablemente sea la última expresión de los mensajes que los uruguayos de hoy ya no toleran.

Otro tema que se instalará con fuerza desde el lunes 30 son las elecciones municipales de mayo. Ya han surgido voces que señalan que blancos y colorados juntos tienen la posibilidad de ganar algunas intendencias que, de otra manera, perderían irremediablemente, entre ellas Montevideo.

Más allá de la improbable ingeniería legal y de los acuerdos entre los partidos tradicionales -más improbables aún, especialmente en los microcosmos de muchos departamentos-, que permitirían estas alianzas oportunistas, la tentación será fuerte y de incalculables proyecciones futuras. Una coalición blanquicolorada, un "partido rosado", sentaría las bases de un nuevo bipartidismo que borra posibilidades a políticas de alianzas, consensos de políticas de Estado y espacios de riqueza democrática. Y algo que daría la razón a muchos agoreros.

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