Los partidarios de derogar la ley cerca de lograr su objetivo

| Cuando falta una semana para el referendum los indecisos comienzan a tomar partido, pero todavía constituye una quinta parte de los votantes.

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Durante los últimos tres meses, la intención de voto en el referéndum respecto a la Ley de Ancap experimentó pocos cambios. El escenario estuvo caracterizado por un bajo nivel de interés, escasa o nula información en grupos importantes de electores y un predominio claro de la proporción de personas dispuestas a votar por la derogación de la Ley respecto a quienes quieren que se mantenga, con un importante núcleo de electores que no tenían ninguna orientación de voto.

En la última encuesta de EQUIPOS/MORI, realizada durante los días 20 a 25 de noviembre, se verifican algunas variantes, que sugieren el inicio de un proceso de decisión que probablemente se acelerará en los próximos días. En ese contexto, si bien aumenta la opción de quienes quieren mantener la Ley, se consolida aún más la proporción de electores que está dispuesta a votar por la derogación.

Ventajas claras

Si la votación fuera este domingo, los resultados de la última encuesta sugieren que los partidarios de la derogación de la Ley estarían cerca de reunir los votos necesarios. Sumando los diferentes niveles de decisión y seguridad en el voto, el Sí por la derogación de la Ley alcanza a 52%, una proporción que estaría por encima del límite necesario para que la Ley sea derogada (es necesario el 50% más uno de los votos válidos). Sumando los diferentes niveles de decisión y firmeza en el voto el No alcanza a 25%. El voto en blanco se ubica en 1%, quienes dicen que anularían su voto alcanzan a 2% y quienes no tienen definida su opción o no comunican su orientación de voto representan la quinta parte (20%) del total.

Las mediciones que se realizan a través de las encuestas son estimaciones con cierta probabilidad de margen de error. La muestra sobre la que se realizó la encuesta (ver ficha técnica) tiene un margen de error de +- 3,1%. En términos estrictos, esto supone que la estimación de 52% por el Sí podría variar en más o menos tres puntos. En otras palabras, no puede descartarse que, incluso en esta encuesta, el nivel de voto por el Sí podría estar por debajo del 50% necesario.

Pero, en cualquier caso, la conclusión no varía de modo sustancial: sea uno u otro el guarismo, en el estado actual de la opinión, los partidarios del Sí estarían a un paso de lograr su objetivo.

Rendimientos diferentes

¿Qué factores explican el actual nivel del Sí por la derogación y su crecimiento reciente?

En primer lugar, se verifica un proceso de alineamiento progresivo de los votantes frentistas con la opción del Sí. Al comienzo de las mediciones, en julio pasado, los frentistas predispuestos a votar por la derogación eran el 65%. En octubre representaban el 71%, y en noviembre crecen a 82%. Esos cambios en el electorado del EP/FA, que es hoy por el hoy el partido claramente mayoritario, implican cuestiones importantes. Los frentistas dispuestos a votar por la derogación pasaron de representar el 32% al 38% del total del electorado en el período comprendido entre las dos últimas mediciones. Mientras tanto, en el mismo lapso se reduce la proporción de frentistas dispuestos a votar a favor de la Ley. En octubre, los votantes frentistas aportaban al No cuatro puntos y hoy sólo le suman dos puntos.

En segundo lugar, la campaña del No de la papeleta celeste parece no haber tenido éxito en términos de reducir la proporción de personas que, estando hoy orientadas hacia los partidos tradicionales, piensan votar en contra de la Ley. En cualquier hipótesis, esa proporción está entre la quinta y la cuarta parte de los electorados actuales de cada partido tradicional. Eso representa un aporte de casi 10 puntos para el Si, proveniente de los partidos tradicionales.

El análisis de los electores indecisos (ver recuadro) sugiere que es más probable que una proporción mayoritaria de ellos se vuelque hacia el No. Ese perfil ya era identificado en estudios anteriores, aunque todo indica que el proceso de transformación de votantes potenciales a votantes efectivos con una decisión firme se ha venido registrando de manera bastante lenta. Adicionalmente, una parte de los votantes que se incorporan al No "compensa" a los electores de izquierda que abandonaron la posición a favor de la Ley para apoyar la derogación.

Suele decirse que las encuestas son un retrato de la realidad en un momento determinado, y que no pueden utilizarse más que como indicadores aproximados de lo que puede ocurrir con el comportamiento de los electores en una instancia posterior. Desde la finalización de la encuesta que aquí se comenta hasta el día de la votación distan diez días, en los que seguramente se intensificarán la propaganda y los debates a favor de una u otra postura. Y nadie puede descartar cambios relevantes en poco tiempo. Si para muestra basta un ejemplo, algo así ocurrió en 1994 con la votación de la llamada "mini-reforma": en apenas un par de semanas, la mayoría de la opinión pública cambió drásticamente de una postura favorable a un rechazo que se expresó notoriamente en las urnas. Y todos los candidatos presidenciales de aquel entonces se habían manifestado públicamente a favor de la reforma.

Aunque el escenario actual parece algo diferente: la tendencia a favor del Sí es clara y, para modificarse de manera sustantiva, la campaña del No tiene planteado un doble desafío: no solamente convencer a la gran mayoría de los indecisos sino, también, lograr que una parte importante de los votantes de los partidos tradicionales que hoy apoyan la derogación varíen su postura y sigan la orientación de sus principales líderes.

Indecisos: más proclives al No, pero no del todo

Los estudios anteriores mostraban que los electores que no tenían una decisión sobre su voto para el referéndum mostraban una composición que podía sugerir un apoyo mayor al mantenimiento de la Ley. Las características actuales de ese grupo de electores reafirman ese juicio, aunque no puede descartarse que el Sí también compita con ciertas posibilidades por lograr las preferencias de algunos de esos electores.

La mayor parte de esos indecisos se localizan en el interior del país, donde son más fuertes los partidos tradicionales, aunque muestran una distribución por sexo, un perfil de edades y un nivel educativo heterogéneo que comprende a personas de muy diferentes características.

El dato quizás más relevante para tener en cuenta es que el grueso de los que hoy se muestran indecisos votaron en 1999 o votarían hoy a los partidos tradicionales. Aunque también hay cerca de una cuarta parte que son o fueron votantes del EP/FA, lo que permite preguntarse si se trata de un sector de potencial apoyo al Sí que se pueda decidir en el último momento, o de un grupo de electores de izquierda que dudan en acompañar la opción de su partido.

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