Los caballeros del aire están de luto

| El piloto fallecido era quien conducía el tan singular como popular biplano azul y amarillo de Puritas

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Lucia Baldomir

Ayer a las tres de la tarde no había un alma en Melilla. La comunidad aérea del Aeropuerto Angel Adami había concurrido a despedir a los pilotos Delfín y Diego Díaz, quienes fallecieron el lunes al caer con su avioneta a pocos metros de la pista.

Los silencios y las pocas ganas de hablar mostraban cuán queridos eran estos pilotos dentro de la familia del aire. Apenas tres empresas familiares son las que surcan los cielos del sur del país remolcando publicidad aérea: Aeroprop, de los Díaz, Progreso Aero Servicios y Proaire.

El lunes los Díaz se encontraban haciendo el viaje de despedida de una avioneta civil liviana, que ayer tenían planeado volar hasta Paraguay, donde la habían vendido.

"Lo que ocurrió nos desconcierta un poco por la experiencia de Delfín. Esto ahora nos hace abrir los ojos a todos porque nos puede tocar más allá de la cantidad de horas de vuelo que tengamos", comenta el piloto Jorge Pronczuk, amigo de Díaz y dueño de Proaire.

Delfín Díaz, "Del", como le decían, era un referente dentro del aeropuerto de Melilla. Tenía 11.000 horas de vuelo, era el piloto del conocido avión "Puritas", volaba aviones de línea y había tenido el ejemplo de un padre pionero en la aviación nacional. Este, Delfín Díaz Cibils, fue quien fundó Aerolíneas Colonia (ARCO), fue gerente general de Pluna y uno de los primeros comandantes de la aerolínea a fines de 1930.

La conmoción y el luto que reinaban ayer en Melilla también se expresaba en el mutismo de los motores. Tan sólo cinco vuelos se hicieron durante el día, cuando en promedio pueden llegar a producirse 60. "Estos días seguramente no haya tantos vuelos porque cuando hay un accidente por dos o tres días queda el miedo a volar", comentó Juan Carlos Roldán, encargado de la carga del combustible, que hace 30 años trabaja dentro de la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (Dinacia). Recién a las dos de la tarde de ayer se llevaron el fuselaje de la avioneta para comenzar las investigaciones.

FAMILIA. Todos persisten en afirmar que la pérdida de los Díaz es muy "fuerte" y "pega mucho" porque en el Aeropuerto de Melilla más que funcionarios hay una "gran familia". "Se fue un buen tipo, alguien a quien todos queríamos mucho, uno de la familia", dice Roldán. Según cuentan los "pobladores" del aeropuerto, a Díaz le gustaba almorzar en la cantina con su familia, se apasionaba con la mecánica (él mismo había reconstruido el avión en que se accidentó y nadie duda de que estuviera "muy bien hecho") y disfrutaba mucho de volar en el biplano de "Puritas", que tantas miradas de asombro provocó al sobrevolar playas y pueblos durante el verano.

La particularidad de volar en un avión como éste, casi un símbolo dentro de Melilla, la había compartido con varios de sus compañeros.

"Nunca había volado y quería ver qué pasaba", cuenta Roldán que hasta el momento sólo escuchaba a los pilotos contar sus emociones. Fue así que unos años atrás le pidió a Díaz para remontar en "el Puritas". "Era un domingo y yo no tenía nada que hacer entonces le pedí y nos fuimos hasta Atlántida. Fue un espectáculo. En el viaje no hablamos porque teníamos los auriculares, pero la emoción fue grandísima", cuenta mientras observa la foto que recuerda el momento.

Entre las anécdotas que vivió Díaz sobre el vehículo se encuentra la que involucra al equipo de Liverpool. En dos ocasiones tuvo que salir a volar sobre los estadios en los que se encontraba jugando este cuadro. En la cola del avión remolcaba una bandera de Liverpool con la inscripción de "Puritas", pero en ambas oportunidades el equipo perdió por lo que le pidieron que no sobrevolara más en ocasión de partidos ya que traía mala suerte.

SURCADORES. Para el piloto Jorge Pronczuk la aviación tiene "mucha lírica". En su caso advierte que no puede estar más de 20 días sin volar. "No es que me sienta superior pero la sensación de libertad y paz que da estar ahí arriba es impresionante. Uno tiene una visión de la vida diferente. Entendés cómo es la bahía de Montevideo, las calles, las personas".

La descripción que prefiere hacer el piloto Néstor Hugo Santos, es aún más poética. "El cielo uruguayo es hermoso, es lo más grande que tenemos. No tiene nada que ver con un vuelo comercial; acá sos vos y tu máquina juntos en el aire. No hay un clima mejor, volar con lluvia o con sol y aire limpio es lo mismo. Desde arriba ves todo lo que pasa en la tierra incluso te encontrás con cosas que no te imaginás".

Según explican los pilotos, el cielo uruguayo es muy fácil de volar, además de seguro. En la aviación menor la niebla o una tormenta pueden llegar a frustrar un vuelo, pero según advierte Pronczuk "es preferible estar en el suelo enojado a que en el cielo arrepentido".

"Es claro que nunca hay 100% de seguridad en una actividad. Acá el riesgo depende en un gran porcentaje de uno mismo".

Pronczuk no está libre de accidentes. Según dice el 25 de enero de 1992 volvió a nacer y desde entonces cada aniversario invita a todo el aeropuerto a su casa para festejar. Aquél día salió de Punta del Este con un cartel enganchado en su avioneta. La misma se apagó en el aire y golpeó contra el piso despidiéndolo por el techo. Si bien milagrosamente él no tuvo lesiones, de la avioneta no quedó nada.

Desde esos vuelos con publicidad aérea ha visto cardúmenes de corvina negra llegando a las costas uruguayas o declaraciones de amor "increíbles" como la de un obrero de la construcción que llegó a pagar U$S800 para decirle a su novia a traves de un cartel que la amaba.

Pero ayer el sentimiento predominante era el del dolor por la pérdida del colega y caballero querido.

El aeropuerto de los montevideanos

"Este es el Aeropuerto Internacional de Montevideo", dicen con orgullo en Melilla, allí donde conviven bomberos, militares, personal de aduana, técnicos, administrativos, instructores, cocineros, serenos, mecánicos, limpiadores, y pilotos, todos con algo en común: su predilección por los aviones. Es raro encontrar a alguien que no haya volado alguna vez en Melilla. Algunos hace 70 años que viven en esta pequeña ciudad y todos saben que forman parte de una cadena que busca participar del placer del piloto al maniobrar en el aire. "Acá estamos todos juntos, los jubilados y los novatos y lo bueno es que ellos te enseñan cosas de antes por la experiencia y vos los actualizás con otras nuevas, por ejemplo, de manejo de tecnología", dice el piloto Ivan Griscti, quien tiene 21 años.

Según cuenta, ser piloto implica un particular estilo de vida. "Conocés muchos lugares y personas pero también te saca mucho tiempo entonces al final vivís para esto. También te hace encarar las cosas de otra manera, porque arriba sabés que tu vida depende de vos mismo".

Un veterano de la aviación como es Daniel Barreto también se mostró consternado por el accidente de quien era amigo hace muchos años; de todas formas, aseguró que "un piloto se siente más seguro en el aire que manejando un auto en la carretera".

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