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BORRADOR

De acá a la liberación

Antecedentes

Fragmentos del Documento del VII Congreso

"La política es el arte de transformar lo necesario en posible. Ello significa tratar de modificar el curso de los acontecimientos y darle a la historia un carácter dinámico y ascendente, aunque ese ascenso se produzca a saltos y a veces se verifiquen retrocesos.

"sin embargo, los acontecimientos, la realidad, no se modifican de acuerdo tan sólo por la voluntad de los que pretenden transformarla. Tiene que haber una relación adecuada a las condiciones imperantes. Están las condiciones nacionales, regionales e internacionales, y las condiciones objetivas y condiciones subjetivas; quien no las tome en cuenta y, en cambio, apele solamente a las ideas o a las transpolaciones históricas, no estarán interactuando con la realidad que se pretende transformar, sino con el pasado o con la ideología. Y el curso de los acontecimientos continuará invicto, inmodificado o, en el peor de los casos, volviendo atrás".

"El poder no "se toma" de una vez para siempre: el poder se construye, se va construyendo, y así como se puede avanzar en su construcción también se puede retroceder: des/construir. La construcción del poder tiene mucho que ver con el consenso ideológico y político. El poder militar sin ese consenso puede durar mayor o menor tiempo, pero termina derrumbándose, a veces con un soplo…Los ejércitos más potentes han sido y son los que tienen el apoyo de un pueblo atrás.

"Ningún país en el que se haya "tomado el poder", evolucionó indiscutiblemente hacia el socialismo, por más que haya generado energía atómica o brillado en la carrera espacial. El máximo desarrollo de las fuerzas productivas está en los países capitalistas, y estas fuerzas no se han socializado en ningún momento ni lugar.

"Esta digresión tiene que ver con la relación entre gobierno y poder porque sirve para establecer el concepto de poder como producto de una construcción indisolublemente unida al desarrollo económico, al consenso político e ideológico, al desarrollo científico y tecnológico, al comercio internacional y a la amistad entre los pueblos.

"El gobierno -para nosotros- puede y tiene que ser parte de esa construcción de poder nacional. Pero sin perder de vista que la construcción del socialismo, además del poder requiere del suficiente desarrollo de las fuerzas productivas y de la socialización de estas, ahí donde se han desarrollado. Es decir, que el desarrollo y la socialización de las fuerzas productivas forman parte del poder necesario para construir el socialismo. En esa perspectiva estratégica es que hay que considerar al gobierno y a la lucha por lograrlo y sostenerse en él".

"A partir de 2004 se produjo un cambio sustancial en las perspectivas de la lucha por la liberación nacional y el socialismo. Ya no se trata de pedirles a otros que hagan lo que nosotros entendemos que se debe hacer. Tampoco se trata de que la lucha de masas sigue dándose de igual manera y que el gobierno ahora apoya a los trabajadores y al pueblo en sus reclamos. Ahora se trata de que el gobierno tiene que tratar de realizar, de impulsar, de concretar las principales definiciones programáticas compartidas por las fuerzas sociales y políticas que apoyaron el proceso electoral. Pero ello no es posible si el gobierno no va creando las condiciones que hagan posible los cambios".

"El programa de una fuerza política como la nuestra tiene como objeto central establecer los caminos para mejorar la vida de la gente, especialmente la de los más humildes o los más postergados: la de aquellos que necesitan la continuidad del proceso de cambio para seguir mejorando. Pero un programa no puede basarse exclusivamente en describir lo que va a suceder con ese nivel de vida, sino que tiene que dibujar los caminos que hay que recorrer para que esas mejoras se produzcan.

"A través del programa de los cambios tiene que asegurarse que el país funcione, se mantenga el proceso productivo, mejore el trabajo y los ingresos de las familias, se profundice el comercio y las exportaciones; funcione correctamente el sistema de salud, la educación y el acceso a la vivienda. Que mejore y se fortalezca el sistema de seguridad social, y que profundice el proceso de inclusión e integración social.

"No se trata de agrandar la torta para después distribuir ni de llenar el vaso para que luego derrame. Ese ha sido el verso que se ha hecho en 1985 para crecer y aumentar la producción, sin que se vieran cambios sustanciales en la distribución. Pero se trata, sí, de lograr que la distribución pueda sostenerse en el tiempo y sin que se produzcan sorpresas desagradables. Se trata de que el país funciones y sostenga un nuevo y mejor sistema de distribución. Aún más: se trata de que la distribución de la riqueza, no sólo del ingreso, esté integrada al modelo que se quiere desarrollar.

"Ello estable la necesidad fundamental de que la distribución esté integrada al proceso productivo".

Así como el gobierno de Tabaré Vázquez fue absolutamente necesario para pensar en el gobierno actual del Pepe Mujica, el VII Congreso del MPP, Desde Artigas hasta acá, fue absolutamente necesario para pensar y desarrollar este nuevo Congreso que, de alguna manera, debería llamarse De acá a la liberación.

Situación Regional

(Está poco trabajado y le falta desarrollo)

Generalidades

Las crisis sucesivas que se han producido en el mundo durante los últimos años muestran claramente que se han ido transformando en poco dominables, cada vez menos dominables, para los países más desarrollados de Europa y para los Estados Unidos de América, y producen consecuencias cada vez más negativas al interior de sus economías, con sus consecuentes modificaciones políticas.

En segundo lugar, también muestra que, en su manifestación de 2008, no usaron las recetas que tradicionalmente recomendó el FMI para encarar las crisis que se produjeron durante tanto tiempo en nuestros países subdesarrollados y dependientes: disminución de los gastos sociales y salariales, disminución de la inversión en obra pública para empujar al alza el desempleo, y bajar la capacidad de consumo de los sectores populares. Ello se hizo, no para solucionar las crisis, sino para que nuestros países, a pesar de la crisis, pudieran seguir pagando la deuda externa.

En 2010, sin embargo, esta receta tradicional se empezó a imponer por parte de los países acreedores de Europa a los países que fueron ayudados en su integración a la Unión Europea –Grecia, España y Portugal- con las consecuencias que ahora se conocen: aumento del desempleo, baja de los salarios, políticas que dificultarán el acceso a las jubilaciones, y sobre todo, cada vez más dificultades para salir de la crisis, con sus consecuentes conflictos políticos y las mayores dificultades para mantenerse en el gobierno por parte de los partidos socialdemócratas.

En tercer lugar, hay que destacar que Estados Unidos, el país en el que empezó la crisis actual, todavía no ha podido salir de ella y, como resultado, el resto de los países del primer mundo tampoco están libres de problemas. Por lo tanto, aún puede esperarse mayores complicaciones en el mundo desarrollado.

Al mismo tiempo, China e India han seguido creciendo y se están transformando en países que cada vez tienen mayor incidencia en el mundo actual.

1- Liberación Nacional, Socialismo y Relaciones Internacionales

La lucha por la liberación nacional y el socialismo, cuando existen en la región distintos gobiernos progresistas y de izquierda, se tiene que vincular o relacionar con las políticas internacionales de las organizaciones políticas y con las relaciones internacionales de los gobiernos.

La globalización y la eliminación práctica de las fronteras por la vía de las comunicaciones modernas, el comercio y, muy especialmente, las tecnologías de la información no tienen que hacer disminuir la importancia de los Estados Nacionales.

El sistema internacional –la mayor parte de los gobiernos del mundo- han aceptado la preeminencia del capitalismo, y parecería, para ellos, que los únicos problemas que perturban esta preeminencia son "la administración del sistema" y "una mejor arquitectura financiera internacional" o la multiplicación de la enorme burocracia internacional existente.

Sin embargo, la existencia –solamente eso: la existencia- de más de doscientos Estados Nacionales ya avanzado el siglo XXI echan por tierra los basamentos ideológicos en boga a mediados de los noventa. Es dentro de estos Estados, y en la interrelación de los pueblos de esos Estados, dónde se juega el futuro de la liberación nacional y el socialismo.

Las reiteradas reformas que ha tenido el sistema de comercio internacional, así como la reforma de las entidades financieras internacionales, tampoco han modificado la persistente actualidad de los conceptos de liberación nacional y socialismo.

Por eso, seguimos pensando el mundo desde nuestra América Latina y hemos venido manteniendo nuestra intención de integración profunda y verdadera en la región: MerCoSur como primer objetivo a nivel subregional, reafirmación del papel de Uruguay en la construcción de este camino de integración, fortalecimiento indispensable de este esquema como plataforma de integración en la región, y concreción de la agenda comercial, pero –sobre todo- política y social del MerCoSur.

Pero el esquema de integración regional hay que pensarlo de otra forma: no sólo como resultado de las políticas de gobierno, sino como objetivo político a alcanzar. Y ello requiere, sí o sí, de las relaciones internacionales de los gobiernos, pero también de la acción de los sindicatos y de las organizaciones sociales, así como de la interrelación con los gobiernos departamentales o provinciales de la región, no sólo de los gobiernos nacionales.

Para muestra, a veces, basta un botón: la navegación de los ríos Uruguay y de la Plata hacen de forma importante a la relación con Bolivia y Paraguay, pero ello requiere, también, de la voluntad del gobierno argentino, de los sindicatos argentinos y de los gobernadores de distintas provincias argentinas. Así que, si la integración de los cuatro países del MerCoSur, con salida al mar para Bolivia y Paraguay, es un objetivo político a concretar, y hay que trabajar hacia la integración desde los distintos organismos que esta abarca. Ello significa trascender largamente la institucionalidad de gobierno y llevar a la práctica la acción de las organizaciones sociales y populares de nuestros países.

2- Ser de izquierda y "progresismo" en América Latina

La "ola progresista" en la región muestra hasta dónde los militantes socialdemócratas que integran los partidos de izquierda terminaron por aceptar el sistema tal cuál es y no han podido recorrer, salvo excepciones de procesos en curso, un camino o una estrategia tendiente a lograr la consolidación de esos conceptos.

El caso de América Latina es evidente: no parece haber diferencia entre un gobierno de izquierda o de derecha a la hora de la gestión; a un gobierno se le considera bueno o malo por sus resultados en políticas sociales, crecimiento económico, educación y otros grandes temas.

Sin embargo, un gobierno de izquierda debería tener en este escenario de "administración del capitalismo" a nivel internacional, conceptos bien firmes y políticas definidas en materia de lucha contra la pobreza, la indigencia, la distribución de la riqueza…

No somos solamente progresistas, somos de izquierda: no aceptamos este sistema tal cuál es y trabajamos para cambiarlo, dentro del marco democrático vigente, pero procurando la aceleración de los cambios al máximo posible en estos grandes temas: trabajo, salud, educación, eliminación de la pobreza, distribución de la riqueza, justicia social.

Y lo hacemos tratando de consolidar la estructura de poder y fortalecer la relación de nuestra fuerza política, de todo el FA, con las fuerzas sociales del cambio.

Lo que sucedió en Chile en las últimas elecciones nos muestra, claramente, lo que puede suceder si uno cambia, en el marco de un proceso largo, los que fueron sus conceptos originales o si deja que se rebajen en aras de mantenerse indefinidamente en el gobierno

Resulta evidente que hay muchos caminos para alcanzar la liberación nacional y el socialismo, como también hay muchos caminos para instalar gobiernos de izquierda o gobiernos progresistas, y está claro que todos esos caminos dependen de las condiciones intrínsecas de cada país.

No se puede pretender la implementación de políticas de innovación tecnológica si no está resuelta la educación de base o pretender un camino hacia el crecimiento económico continuo que permita la distribución de los beneficios sociales con un cuarto de la población viviendo bajo la línea de la pobreza. No se pueden lograr cambios profundos aceptando la premisa de la "administración del capitalismo" vigente.

Las sucesivas y recientes crisis financieras del sistema internacional han mostrado la fragilidad de la "arquitectura financiera global" y evidenciado que países con importancia relativa menor en el sistema, como el nuestro, las atravesaron sin necesidad de "salvatajes", con soluciones y políticas propias dentro del escaso margen que la globalización permite para su implementación independiente.

Se puede y se debe transitar un camino propio. Uruguay está caminando en esa senda, sin soslayar que su inserción internacional pueda ser discutida, como siempre lo fue, por el sector empresarial, académico y político.

Pero de todas maneras, insistimos, ese camino no debe ser recorrido sólo por el gobierno, sino por las organizaciones sociales y sindicales, por los productores, y de ser posible por los propios gobiernos departamentales.

3- El debate regional

En la medida que nos movemos en mercados internacionales altamente competitivos, que somos tomadores de precios, la inserción internacional del Uruguay significará, entre otras cosas, sumar problemas internacionales a los problemas propios que, como país, tenemos.

En esa suma de problemas, complicación de nuestras condiciones y condicionantes, se plantea la necesidad de seguir avanzando hacia la liberación nacional y el socialismo. Pero esta lucha no dependerá de factores espontáneos, tampoco dependerá de la sola voluntad de sus actores ni mucho menos de la impaciencia de los mismos.

La izquierda latinoamericana debate, hoy, sobre la viabilidad de la reforma social dentro de los "umbrales del capitalismo": se debate, aunque no se está claramente consciente de ello, sobre la caducidad de los conceptos de liberación nacional clásicos o sobre el agotamiento de la vía social demócrata.

Nuestra inserción en la región significa, también, participar en este debate. Ello no quiere decir que la izquierda se tiene que abstener de participar en la lucha electoral ni que rechace los espacios institucionales conquistados por medio de ella –incluido el ejercicio del gobierno nacional-, pero si quiere decir que hay que estar consciente de que, más tarde o más temprano, quién transite por esa senda se enfrentará a la disyuntiva de aferrarse a los espacios institucionales como un fin si mismos –en función de lo cual estará renunciando a la identidad y los objetivos históricos de la izquierda- o concebir su utilización como un medio de acumulación política con miras a la futura transformación revolucionaria de la sociedad.

Actualmente no se habla demasiado de liberación nacional y socialismo, como no se plantea tampoco sobre la dicotomía "reforma o revolución": simplemente se menciona la búsqueda de alternativas, lugar común para planteos procedentes tanto del "progresismo" como de la doctrina neoliberal y conservadora.

El concepto clásico de "liberación nacional" tiene, o tuvo, variadas interpretaciones según se inserte en el contexto de las luchas anti colonialistas, anti imperialistas o contra regímenes autoritarios contra el feudalismo. Sin embargo, existe en esta concepción un elemento común que mantiene su total vigencia a nivel internacional: el signo económico social: esto quiere decir que es imprescindible superar los obstáculos que impiden generar las condiciones para que los pueblos luchen por su propia autodeterminación hasta alcanzar la sociedad socialista.

En América Latina existe un auge de movimientos sociales heterogéneos, más allá de los clásicos actores del movimiento sindical, de género o ambientalistas.

A nadie escapa la creación de un Estado "plurinacional" en Bolivia, donde debe respetarse el proyecto de nación (no de gobierno) o la "revolución bolivariana" de Chávez, que conviven con países con gobiernos conservadores, como Chile o Colombia.

Las promesas incumplidas del "progresismo" latinoamericano tienen en Chile, al menos, un ejemplo cercano en cuanto a la reversión de avances políticos-sociales, con posterior "reforma conservadora" reactiva de la derecha.

Al mismo tiempo, hay que considerar que "en un mundo en que impera la transnacionalización y la desnacionalización, los movimientos populares latinoamericanos tienen vasos comunicantes con sus similares del resto del mundo, incluidos los del norte".

Y es impensable avanzar sin tener en cuenta esos vasos comunicantes: por el contrario, hay que fortalecerlos, proyectarlos y consolidarlos.

En definitiva, de lo que se trata es de trabajarlo internacional y la integración desde todos los puntos de vista posibles: no sólo desde la institucionalidad de gobierno, sino también, y sobre todo, desde las organizaciones sociales y sindicales.

Situación Nacional

a-Burguesía nacional y proyecto de desarrollo

El FA concitó el apoyo de más del 50 por ciento de la población en las elecciones nacionales. Posteriormente, el gobierno de Mujica alcanzó una aprobación del 63 por ciento en sus primeros cien días de gobierno. Hoy, incluso, está mucho más arriba: no sólo Mujica, cerca del 80 por ciento, sino también el gobierno, con el 68 por ciento de aprobación. Pero hay que tener en cuenta que esto sucede en una etapa histórica en la que el Frente Amplio no está poniendo arriba de la mesa su programa histórico, de largo plazo, sino cuando está tratando de instalar un modelo nacional de desarrollo. Cuando está tratando de crear las condiciones para poner en práctica su programa y sus objetivos.

En los países desarrollados esa tarea, la construcción de un modelo de desarrollo nacional, ha sido llevada adelante por la burguesía: a veces ella sola, a veces en alianza con otros sectores sociales: el campesinado, los artesanos y pequeños comerciantes e, incluso, junto a sectores de la clase obrera.

En nuestro país la burguesía nacional no tiene fuerzas para llevar adelante un proyecto de esas características. Lo más que ha dado de sí, y es bastante, ha sido la construcción del Uruguay Batllista, desde el fin de las guerras civiles de 1897 y 1904 hasta 1955, cuando terminó la guerra de Corea. Luego, de ahí en adelante, se ha ido deteriorando y profundizando su alianza con las políticas imperialistas impulsadas por los Estados Unidos de América.

Después, cuando aparecieron sectores de esa misma burguesía que proclamaron la ruptura y una mayor independencia, quedó en evidencia que no tenían fuerzas para construir un modelo independiente y, gobierno tras gobierno, no hicieron más que profundizar su alianza con el imperialismo. En el mejor de los casos, trataron de mejorar las condiciones de la alianza, pero nada más.

Por eso nuestro país alcanzó un desarrollo limitado y condicionado por las políticas que se llevaron adelante desde los gobiernos de los partidos tradicionales. Lo hemos dicho hasta el cansancio: esos partidos y sus políticas nos llevaron a profundizar la dependencia y a la imposibilidad de salir del subdesarrollo. Somos subdesarrollados y dependientes, y ello es responsabilidad de los partidos blancos y colorados que condujeron los destinos de nuestro país durante tanto tiempo.

Ellos produjeron, también, una burguesía débil y condicionada, y un empresariado absolutamente debilitado, sin iniciativas –salvo contadas excepciones que no hacen primavera- que lo único que ha hecho ha sido tratar de renegociar en mejores condiciones su alianza y su sociedad con las empresas del mundo desarrollado. Incluso han llegado ha transformarse sólo en los gerentes o los capataces de sus emprendimientos.

Hemos sostenido una y otra vez que en el Uruguay no hay un empresariado fuerte, ni una burguesía nacional que tenga la fuerza y la capacidad suficiente como para ponerse al frente de un proceso de desarrollo nacional, con crecimiento y distribución más justa del ingreso y de las riquezas. El Pepe, citando al contador Damiani, ha dicho muchas veces que en el Uruguay no hay ricos, hay riquitos; no hay burgueses, hay burguesitos.

Esa es la razón por la que la contradicción Imperio –Nación, que pautó la lucha de la mayor parte de los movimientos de liberación, en nuestro país se la conoció fundamentalmente por su expresión social: oligarquía pueblo. Y, al desglosar los componentes sociales del pueblo, no se tuvo en cuenta, mayormente, a la burguesía nacional. Al punto que se abrió el debate, entre distintas fuerzas de izquierda, sobre si existía realmente o, de existir, si tenía suficiente fuerza para pesar o conducir un proceso independiente.

En esas condiciones es fácil de entender por qué el FA, policlasista y poliideológico, con el programa que presentó en las elecciones próximas pasadas pudo sustituir a la burguesía nacional en la conducción del proceso de desarrollo, arrastrando tras de sí a sectores sociales que, en otro momento, se ponían atrás de los partidos tradicionales. Ese fenómeno se ha producido más de una vez en distintos procesos históricos. También se ha dado que la burguesía fue sustituida por las Fuerzas Armadas. Cuando eso sucedió en Uruguay, luego que las Fuerzas Armadas derrotaran a las fuerzas de izquierda, no hicieron más que fortalecer sus lazos con los sectores más derechistas de la política norteamericana y sus conexiones internacionales.

b-Corrimiento electoral

El resultado del proceso electoral, que fue desde junio de 2009 a mayo de 2010, tiene que ver con lo que venimos sosteniendo: está rota la fidelidad de los sectores que antes apoyaban sin condiciones a los partidos tradicionales, y se está debilitando la fidelidad sin barreras con el Frente Amplio. Lo que se busca, por parte del electorado, es un proyecto claro y de acuerdo con sus intereses. Y el único partido que tiene un proyecto de esas características es el Frente Amplio: ha trabajado en él, lo ha elaborado y difundido, y ha sido consecuente con sus definiciones. Por eso, en el ámbito nacional, se mantuvo el corrimiento desde los partidos tradicionales hacia el FA. Sobre todo en noviembre, cuando el enfrentamiento de dos proyectos absolutamente distintos fue claro y evidente, y hubo un vuelco de votantes colorados y también de blancos nacionalistas hacia la propuesta del FA.

No ha sucedido lo mismo en el plano departamental y, mucho menos, en el plano local, en el que se jugaba la elección de los alcaldes: los proyectos en juego no eran tan claros, no eran tan diferentes las propuestas de los candidatos, departamentales y locales del Partido Nacional, y pesó mucho más la confianza en las personas.

Atrás del análisis electoral que subyace en este planteo hay que buscar por dónde se mueven los intereses más legítimos del pueblo y de las personas con las que trabajamos.

c-Contradicciones del FA

El concepto de gobierno en disputa estuvo en discusión, por primera vez, durante los primeros años del gobierno anterior. Y quedó claro que el gobierno, si está en disputa, lo está con la derecha. Es la derecha la que quiere hacerse nuevamente con el gobierno. Y no puede, como ya vimos, porque no tiene una base social de apoyo que le permita hacerse nuevamente del gobierno.

Sin embargo, en el Frente Amplio hay sectores que no van mucho más allá de las consecuencias que tiene la sustitución de una clase social por una fuerza política, y hay sectores que aspiran a conducir un proceso mucho más ambicioso: piensan en la liberación nacional y el socialismo.

Ello explica muchas de las contradicciones que se expresan en su seno: en lo programático, en las características de la organización que se necesita, en la táctica y en la estrategia, y en la elección de sus candidatos.

Luego de comenzar a gobernar y desarrollar parte del programa actual del FA puede pasar que los sectores sociales que apoyan a las organizaciones más moderadas sientan que el Frente ya cumplió su papel y desconfíen fuertemente de la profundización del proceso. Si eso sucede pueden volver a sus fuentes y, hay que tenerlo claro, ninguno de los actuales partidos tradicionales pueden continuar el proceso de desarrollo independiente y, si les toca gobernar, van a desandar el camino recorrido: por lo menos en los aspectos más importantes.

Eso hay que evitarlo, y los sectores que ven y van más lejos, nosotros entre ellos, tienen, tenemos, la responsabilidad de la conducción de la fuerza política y, por lo tanto, del propio gobierno. Para poder cumplir con ese papel hay que mantener una gran flexibilidad y una gran paciencia. Ello no significa que, al mismo tiempo, no sigamos trabajando para desarrollar la organización de masas y el trabajo entre las organizaciones sociales, Precisamente son aquellas cosas en las que no hemos trabajado correctamente durante el primer gobierno del Frente Amplio.

A nosotros también nos faltó la capacidad de articular con los compañeros que están en el gobierno y con las organizaciones sociales. Ese fue el principal problema que tuvo el FA y nosotros tampoco tuvimos la capacidad de aportar para evitar esa carencia tan marcada.

d- Consolidar la estructura de poder

1- Poder coercitivo del Estado

El poder coercitivo del Estado existe y existirá mientras exista el Estado y la división de la sociedad en clases.

Hay quienes piensan que –puesto que se supone que el Estado y, por lo tanto, las instituciones que ejercen el poder coercitivo iran desapareciendo paulatinamente en la construcción del socialismo- es imprescindible que estas instituciones ejerzan cada vez menos su poder en el ejercicio de un gobierno de izquierda. Nada más equivocado. Ello sólo conduciría a la pérdida de autoridad del gobierno frenteamplista, y a la disminución de las posibilidades de consolidarlo desde todos los puntos de vista posibles.

No se trata de debilitar la capacidad del Estado, sino de consolidar todas las instituciones que suponen desarrollo de las posibilidades de ejercer el gobierno. Al desarrollo hay que defenderlo y darle seguridad. Y no se debe confundir esto con la doctrina de la Seguridad Nacional: esta suponía a las Fuerzas Armadas actuando hacia adentro, en términos de seguridad interior, en lugar de defender el territorio de agresiones externas.

Se necesitan, en cambio, Fuerzas Armadas para la defensa de las fronteras secas, el espacio aéreo y las aguas territoriales: el territorio en el que radican nuestras riquezas y nuestros recursos naturales. Y se necesita también una Policía para la defensa del orden interno, amenazado por el narcotráfico y el delito organizado que, hoy por hoy, constituyen uno de los ataques más velados a los más humildes y los más desprotegidos.

La mayoría de los países de la región han llegado a una situación en la que el narcotráfico y los narcotraficantes aparecen como una especie de doble poder que cuestiona continuamente el poder del Estado. Tienen zonas liberadas casi inexpugnables –morros y villas miserias- que defienden con armas de fuego muy poderosas, y se transforman en un peligro para el desarrollo de nuevas formas de organización social.

Europa y Estados Unidos prácticamente han dado por pérdida la batalla contra el narcotráfico y están tratando de dar el combate desde nuestros países. En estos, a su vez, la situación está fuertemente agravada por la presencia de la pasta base de cocaína. Ella no sólo es una droga, sino que va acompañada de distintos disolventes químicos que, en sí mismos, son un veneno más graves todavía que la propia pasta base, y quienes la consumen suman dos o más efectos distintos de enorme gravedad para su salud física y mental.

La situación así planteada obliga a diseñar políticas que tengan claramente en cuenta lo que puede pasar. Ya no se puede considerar que esté al margen de los esfuerzos por construir una sociedad distinta y que los problemas se solucionarán con la nueva construcción. Por el contrario, se trata de un obstáculo más para dicha construcción: los principales instrumentos con los que contamos para nuestra lucha son la conciencia, la organización y los principios de solidaridad y cooperación que introdujo la izquierda. Y se enfrentan claramente con el hace la tuya, la apuesta al miedo y la desestructuración social, acompañada de un fuerte espíritu de cuerpo, que está atrás de la organización de los narcos y el crimen organizado.

2- Fortalecimiento de las organizaciones sociales

Ni este enfrentamiento ni la profundización del programa de los cambios se podrá lograr si no se consolida fuertemente la organización de las fuerzas sociales de los cambios. Vamos a tener que seguir dibujando el horizonte social de los cambios, porque cada vez está más claro que no hay cambios duraderos que puedan ir más allá de lo que las fuerzas sociales de los cambios, colectivamente, quieran avanzar.

Las fuerzas sociales dan el marco y pone los límites hasta dónde se puede llegar. Quién olvide esto estará cayendo, seguramente, en un voluntarismo inconducente y, por lo tanto, estará avanzando o retrocediendo hacia formas burocráticas de conducción política o de gestión de gobierno.

3- Relacionamiento

El Frente Amplio, en Plenario Nacional realizado en abril de 2004, terminó de aprobar el documento de Relacionamiento en el que se desarrollan estos temas. Veamos algunos fragmentos:

"La relación entre la fuerza política y su gobierno para cumplir con los objetivos planteados, debe encararse estableciendo un adecuado equilibrio entre la función de orientación global que ejerce la fuerza política, y la necesaria autonomía de gestión que debe existir para gobernar eficientemente.

"Nuestro gobierno resultará de la decisión soberana de la ciudadanía, expresada en el respaldo de nuestra propuesta electoral, lo que supone una legitimidad democrática que siempre hemos reivindicado y que valoramos profundamente. Dicha legitimidad democrática implica que el gobierno tiene un fuerte respaldo y un mandato expreso de la ciudadanía de gobernar –esto es, decidir y arbitrar intereses diversos-y de hacerlo de acuerdo a un programa explicitado clara y oportunamente ante los electores. Dicho mandato supone la intención de hacer prevalecer el interés general por sobre los intereses particulares, de grupos o personas. Nuestro compromiso con la ciudadanía toda es el de gobernar para todos los uruguayos, en base a las definiciones y prioridades de nuestro programa, para todos aquellos que acompañaron nuestra propuesta electoral y los que adhirieron a otras propuestas, los ciudadanos sin partido y la población en general. El principal compromiso contraído por un gobierno del Frente Amplio es de hacer un buen gobierno y, de acuerdo a su programa, hacerlo en beneficio de los más postergados y las grandes mayorías.

"El gobierno tendrá que ser, sin lugar a dudas, el gobierno del FA y sus aliados, en tanto la fuerza política es la responsable de su propuesta, su programa, sus candidatos, su equipo y su gestión. Ella es la que, a través de sus organismos, establece y fija las líneas generales de su Programa Nacional y Plan de Gobierno y dentro de ellas el gobierno de la fuerza política se tiene que manejar. Obviamente, al ser sometidas a la voluntad ciudadana en el proceso electoral, estas líneas también adquieren la calidad de compromiso ante la sociedad. La fuerza política deberá evaluar, permanentemente, lo que realiza el gobierno en función de lo definido en las instancias orgánicas, y su compromiso con la ciudadanía, teniendo presente que en el Programa hay cosas centrales, otras no tanto y otras menores, secundarias y que su enfoque debe apuntar a lo medular, no a lo secundario.

"La organización política no puede ni debe agotarse a sí misma en su relación con el gobierno. Ello significaría una gran limitante para la misma. Esta debe trascender el gobierno y elaborar políticas para el futuro. El gobierno es el hoy, la fuerza política el mañana. Ella debe proyectar la acción de hoy hacia el futuro, darle perspectivas al gobierno. Este, sin la construcción de esas perspectivas, se agotaría en sí mismo. Se puede reivindicar el control que la fuerza política debe ejercer sobre el gobierno. Pero no se puede olvidar ni dejar de lado la proyección de futuro: se estaría renunciando a una de las principales funciones de la organización política.

"Asegurar el gobierno de la fuerza política, con un programa apoyado y compartido por los sectores sociales que componen el pueblo y los que necesitan del desarrollo del país soberano para encontrar un principio de satisfacción a sus necesidades y sus problemas, es el principal desafío a resolver. Ello implica que se gobierne para todos los uruguayos, pero desde el programa que necesariamente refleje los intereses del pueblo y sus aliados, de las grandes mayorías nacionales.

"El acceso de la Fuerza Política al gobierno, aun en lo exitoso del proceso iniciado, no elimina la contradicción de intereses entre el trabajo y el capital y entre el Estado y sus funcionarios asalariados y la diversidad de intereses y demandas en la sociedad. La propia idea de Acuerdo Social lo avala. La enorme modificación ocurrida en la economía y en la sociedad contemporáneas a consecuencia del neoliberalismo determinan que los sectores populares y nacionales se compongan hoy de un gran número de desempleados, subempleados, indigentes, excluidos, trabajadores, pasivos, clases medias, sectores productivos golpeados por la crisis y sectores afectados por diversas formas de discriminación. Contemplar y articular los distintos sectores de la sociedad, castigados por las políticas tradicionales en torno a un proyecto alternativo es un desafío central de nuestro tiempo El gobierno progresista debe reconocer desde un primer momento tales hechos y las luchas económicas y los conflictos que sin duda se han de generar.

"Gobernar no es sólo un acto de elaboración de programas y lineamientos a llevar adelante. Por ello no alcanza con cambiar los encargados de resolver e instrumentar los lineamientos de gobierno en distintos ámbitos, sino que implica poder llevarlos adelante desde una estructura adecuada que contemple la elaboración, la puesta en práctica, el control y la corrección de los problemas o errores que se puedan cometer. Esa estructura debe contemplar la participación y transferencia de la capacidad de decisión y gestión a la comunidad y a los trabajadores. Esto no se puede realizar hacia un sujeto fragmentado, sino que hay que promover permanentemente el desarrollo del sujeto social colectivo

"La fuerza política y su gobierno, así como el amplio, multifacético y combativo movimiento de masas, integramos el bloque político y social alternativo (o las grandes mayorías nacionales), opuesto al bloque de poder. Como tales integrantes, tenemos todos un mismo proyecto que, en sus grandes líneas, puede ser caracterizado de popular, nacional y democrático, antiimperialista y antioligárquico. Proyecto que hemos ido elaborando en medio de duras luchas y que, por eso mismo, aplicaremos, controlaremos y defenderemos, todo a la vez. Integramos un gran bloque histórico y tenemos un proyecto esencialmente similar. Sin embargo, desde el punto de vista de su composición social, el bloque alternativo no es algo homogéneo, sino que esta conformado por distintas clases, fracciones de clases, capas y estratos. Desde el punto de vista de la forma, su expresión tampoco es uniforme, sino multiforme: se expresa y organiza en el plano político, social, cultural, etc. Tampoco, en consecuencia, son similares los comportamientos, usos y costumbres de sus integrantes.

"Las clases, fracciones de clase, capas y estratos, así como las organizaciones mediante las cuales se expresan las grandes mayorías en los diferentes planos, conformamos objetivamente un bloque social y político con intereses comunes, pero también con matices, diferencias y proyectos finales no necesariamente similares. De aquí, por ejemplo, la posibilidad real de existencia de contradicciones y visiones diferentes a la interna del bloque alternativo.

"Por lo anterior, partiendo de que la realidad analizada es compleja, se vuelve necesario establecer mecanismos formales (aprobados y respetados por todos), y/o reforzar los ya existentes, a través de los cuales se establezca el relacionamiento entre los distintos componentes del bloque de los cambios. Urge, entonces, fortalecer y/o crear los ámbitos de debate, los caminos para reglamentar y solucionar las contradicciones o conflictos (hasta cierto punto inevitables) y los dispositivos de apoyo, asesoría o estudios que posibiliten la participación efectiva de los actores político-sociales que hacen al bloque histórico. Y ello, al mismo tiempo que reconocemos que la gestión administrativa de gobierno y el partido político deben tener ámbitos de acción separados, así como reconocemos la autonomía del movimiento de masas respecto de los partidos políticos.

"La autonomía es necesaria y fundamental para la preservación de las características, objetivos y roles diversos de la fuerza política, el gobierno y las fuerzas sociales.

"Históricamente, el movimiento sindical en su conjunto, ha sido capaz de trascender la perspectiva meramente corporativa en aras de un proyecto de país, planteándose la alianza con otras capas y sectores sociales.

"Esa experiencia avala nuestras expectativas sobre la concreción de amplios acuerdos sociales en torno a una estrategia de desarrollo nacional asumida por un gobierno de nuestra fuerza política, la cual asume el legado histórico de las luchas de los trabajadores y de todos los sectores postergados en pos de la emancipación social y la independencia nacional.

"Al mismo tiempo, más allá de los acuerdos estratégicos, en la coyuntura inmediata, muchas veces legítimamente, las organizaciones sociales defienden los intereses específicos de los sectores a los que representan.

"A partir de esta situación pueden presentarse conflictos con otros sectores sociales o con el gobierno que encarne un proyecto para el conjunto del país.

"Esto de por sí no es dramático, ya que la vida es conflicto y el avance se procesa encarando conflictos. El tema es como se resuelven. Una fuerza progresista en el gobierno deberá defender el cumplimiento integral de su programa, asumiendo el ejercicio pleno de la autoridad del Estado, en los márgenes estrictos del orden jurídico y a través de la metodología del respeto y del diálogo.

"Resolver conflictos puede implicar optar por unos u otros intereses en función de una orientación ideológica acerca de lo que se considere más beneficioso para la sociedad en su conjunto.

"La Fuerza política en el ejercicio del gobierno asume la concreción de un proyecto de cambio para el país. Este proyecto no es el resultado de la suma de los intereses sectoriales que existen en la sociedad, sino en su articulación y/u opción por unos sobre otros, en beneficio de la comunidad, para el presente y/o su futuro. Vale decir, que sobre la base de la realidad material de la sociedad y de la situación concreta de las diferentes clases y sectores sociales, se trata de una construcción que se juega fundamentalmente en el terreno de la política, del discurso y de la acción política y que a su vez, para ser viable, debe generar un consenso activo en toda la sociedad en torno a esta propuesta.

"A su vez, para una fuerza política progresista y de izquierda, resulta fundamental articular una propuesta de conjunto viable, que permita un avance progresista con soluciones para los problemas de hoy y el desarrollo futuro. Y se hace necesario implementar una estrategia inteligente, participativa, que permita enfrentar con éxito las políticas negativas a los intereses de las mayorías en el presente, y posibilite no sólo ganar el gobierno sino gobernar para lograr el cambio, un desafío que depende en buena medida de la capacidad de relacionamiento con la sociedad organizada sobre la base de la comprensión de su diversidad, el respeto de la autonomía de lo político y lo social, y la necesidad de la concertación permanente entre ambos para viabilizar un proyecto".

e- Tareas estratégicas

Consolidar el Frente de Masas: especialmente las organizaciones sindicales, juveniles, barriales y los gremios de productores, también las organizaciones de jubilados, es una de las tareas estratégicas que tenemos por delante.

Es inconcebible que el MPP y el Espacio 609, con sus casi 400 mil votos, no haya desarrollado mucho más fuertemente su relación permanente, más allá de las elecciones, con las grandes masas.

Desarrollar, profundizar y organizar esa relación es uno de los grandes desafíos que tiene que resolver nuestro Congreso.

1-Tareas sindicales: Frente de los trabajadores

Debe ser asumido por la Dirección Nacional y el CEN. Pero ello no puede hacerse al margen de los compañeros que militan sindicalmente ni tampoco de los trabajadores de la organización que no militan en sus sindicatos.

La organización del Frente tampoco puede depender exclusivamente de los militantes sindicales: tiene que haber una relación de interdependencia entre ambos.

La Dirección y el Ejecutivo tienen que elegir a los compañeros encargados de las tareas sindicales; estos se tendrán que reunir con los militantes del Frente Sindical y, a su vez, debería convocar a los compañeros que trabajan, aunque no militen, en empresas públicas o privadas que componen los distintos gremios de nuestro país.

Y, entre todos, tendrán que analizar a fondo gremio a gremio, su situación, sus posibilidades y determinar las líneas de trabajo estratégico. Ello tendrá que hacerse, tratando de vincular los intereses de los trabajadores con las tareas políticas estratégicas definidas por la organización, que se deberán llevar adelante para asegurar –más que la presencia de los militantes sindicales del MPP- la presencia de la línea de la organización entre los trabajadores.

2- Frente de jóvenes

Los jóvenes tuvieron una presencia, cuantitativa y cualitativa, indiscutible en las elecciones de 2009. Esa presencia no es tan fuerte en las tareas de masas, estudiantiles o barriales, fuera de los hechos electorales. En este caso también tenemos que trascender lo hecho durante las elecciones y asegurar la presencia permanente entre los jóvenes y procurar el fortalecimiento de los jóvenes en la organización.

El MPP ha planteado como tarea estratégica la mejora de la educación y el acceso mucho más fácil a la educación terciaria. Ello no puede quedar sólo en un planteo electoral o institucional. Debe ser, sobre todo, un reclamo permanente de los jóvenes, especialmente de los jóvenes que integran la organización.

Esta tendría que ser una tarea a llevar adelante desde el FA, los jóvenes del MPP o del Espacio 609.

También tendría que establecerse como línea de trabajo las tareas tendientes a fortalecer la organización de los jóvenes MPP. Habrá que estudiar la posibilidad de hacer una elección, a padrón abierto, para integrar una Dirección Nacional Juvenil, con presencia en la Dirección Nacional, y reservando para el que sea elegido primero o también para el segundo, un lugar o dos lugares en la lista de diputados de Montevideo.

3- Tareas barriales o zonales

La nueva elección de alcaldes, que comenzaron a realizarse en 2010, obliga a que, más allá de tener los candidatos para las mismas, hay que tener bien claro las tareas a desarrollar. Más aún: de ahora en adelante tenemos que elaborar, nosotros y el FA, un proyecto nacional, proyectos departamentales y, ahora, proyectos locales.

El FA, y nosotros, hemos trabado para elaborar un proyecto nacional, hemos pensado un proyecto Montevideo y, quizás, el proyecto de algún departamento más, pero no hemos pensado ni elaborado proyectos locales. Presentamos candidatos, porque creíamos que los teníamos… Pero hemos trabajado en función de un proyecto acabado en ningún lugar. Ni nosotros ni el FA.

Esta se transformó, de ahora en más, en una de las tareas más importantes de las agrupaciones barriales o zonales. Esa responsabilidad, a su vez, les da mayores posibilidades de trabajo de trabajo a nuestros militantes. Se trata de pensar la zona o la localidad en función del proyecto departamental y, más que nada, del proyecto nacional. Pues este, bien entendido, debe contener los proyectos locales departamentales y también los proyectos locales.

Pero esto, sin embargo, es absolutamente nuevo y tenemos que encararlo como una nueva forma de trabajo y de militancia.

4- Organizaciones empresariales

En este punto cabe exactamente el mismo comentario que hacíamos al comienzo del capítulo: con casi 400 mil votos al Espacio 609 es obvio que nos ha apoyado una cantidad importante de empresarios –micro, pequeños, medianos y hasta grandes empresarios- con los que es imprescindible trabajar para seguir profundizando nuestro modelo de país.

En este aspecto hay que proceder de la misma forma que la que propusimos con respecto a las organizaciones de los trabajadores: más allá que esta esté mucho más cercana al cerno de la organización. Esta tarea hay que encomendársela a compañeros de la Dirección y el Ejecutivo Nacional, para que ellos elaboren una propuesta de trabajo a discutir después.

5- Jubilados

Caben exactamente los ismos comentarios y propuestas que en el punto 4.

6- Agrupación Nacional de Gobierno

Lo mismo que está planteado con respecto a la Agrupación Nacional de Gobierno del FA, hay que hacerlo con el MPP: encomendarle la tarea al CEN y, el compañero o compañeros que lo hagan, tendrán que realizar, también, el seguimiento de la Agrupación del FA.

f- Reforma constitucional

El resultado electoral de 1994, cuando el FA estuvo a 30 mil votos de ganar las elecciones nacionales,, obligó a los partidos políticos tradicionales a buscar una forma de alejar esa posibilidad. Y en 1996 se plebiscitó una reforma constitucional (electoral, en realidad), que a cambio dos planteos históricos de la Izquierda –candidato único por partido y separación en el tiempo de las elecciones departamentales de las elecciones nacionales- estableció el balotaje si el candidato ganador no tenía más del 50 por ciento de los votos emitidos..

Eso les permitió evitar que el FA, luego de ganar la primera vuelta, ganara también la segunda vuelta, y Jorge Batlle se transformó en uno de los peores presidentes de la historia.

Sin embargo, eso no sucedió en 2004, cuando el FA ganó en primera vuelta y con mayoría parlamentaria. Tampoco sucedió en 2009, cuando el FA obtuvo mayoría parlamentaria en primera vuelta y, en segunda vuelta, obtuvo la mayor votación que haya tenido un candidato presidencial…

Conclusión obligada: ahora, los partidos tradicionales, han llegado a la conclusión que la Reforma de 1996 no impide necesariamente el triunfo electoral del FA. Por el contrario, en algunos aspectos hasta lo facilita. Por lo tanto, varios dirigentes blancos y colorados, han empezado a hablar la posibilidad de "acortar" un proceso electoral tan prolongado y que tanto "molesta" a los uruguayos.

Probablemente, la etapa que se quiera eliminar sean las elecciones internas para llegar al candidato único por partido. Lo que, a su vez, llevaría a que no haya un solo candidato por partido.

La única reforma que parece razonable para acortar un proceso tan largo puede surgir de modificar dos de los pasos previstos en la reforma de 1996: separar dos años las elecciones departamentales de las elecciones nacionales, y establecer que si el candidato ganador en primera vuelta obtiene el 45 por ciento de los votos o si, en su defecto, obtiene 40 por ciento de los votos y le gana por más de 10 por ciento a quien viene atrás, se elimina el balotaje.

Eso acortaría sustancialmente un proceso tan largo como el actual y, además, lo transformaría en un proceso mucho más razonable.

Conclusiones Finales

1- En Uruguay no hay un empresariado fuerte, ni una burguesía nacional que tenga la fuerza y la capacidad suficiente como para ponerse al frente de un proceso de desarrollo nacional, con crecimiento y distribución más justa de los ingresos y de las riquezas.

2- El FA, como organización política y con el apoya social que tiene, está llenando el vacío dejado por los partidos tradicionales. Estos, a su vez, no tienen proyecto nacional y dejaron de representar a los sectores empresariales que necesitan del desarrollo del país soberano para que sus empresas, industriales, comerciales y agropecuarias, mantengan las posibilidades de crecimiento que han tenido en los últimos cinco años.

3- Ello caracteriza la etapa que estamos viviendo en nuestro país: fortalecimiento del proceso de desarrollo, con mayor distribución de las riquezas, incremento de la distribución de los ingresos y defensa y mayor aprovechamiento de los recursos nacionales.

4- El FA tiene en su interior distintas fuerzas políticas y, muchas de ellas, no van mucho más allá de ejercer un buen gobierno, serio y honesto. Sin embargo, todos son absolutamente necesarios para seguir avanzando hacia el programa histórico del FA.

5- El proceso de ejercicio del gobierno y de desarrollo económico tiene que ser acompañado por el fortalecimiento de los dos principales componentes de la estructura de poder: el poder coercitivo del Estado y el fortalecimiento de las organizaciones de masas y de las fuerzas sociales de los cambios.

6- Necesidad de fortalecer el relacionamiento del FA con el gobierno y de las fuerzas sociales de los cambios. Esa misma necesidad tiene el MPP y el Espacio 609.

7- Desarrollo de las políticas sociales del MPP: fortalecimiento de la organización de los trabajadores, de los jóvenes y de las organizaciones barriales y zonales.

BICHO BONOMI

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