La vida democrática de la A a la Z

| Desde la Rambla a la Teja, cada uno eligió su forma de festejo, pero las banderas ganaron la calle

Argentinos. Fueron muchos los que llegaron a participar simplemente y otros a acompañar, como lo hizo el esposo de Sandra, una uruguaya que ayer almorzó en el Mercado del Puerto con una gigantesca bandera uruguaya atada en la espalda. Sandra tiene 33 años y hace 30 que vive en Buenos Aires pero siempre viene a votar, dijo, porque toda su familia vive en Uruguay.

Banderas. Los vendedores de banderas tuvieron la mayor zafra de ventas de los últimos años, según dijeron varios de ellos. En la esquinas de Bvar. Artigas y Avda. Brasil, con un tendedero que ocupaba toda una esquina de la Plaza Varela, Estrella y su esposo agotaron las banderas blancas, porque la demanda por esta divisa los tomó por sorpresa. Si bien la mayoría de las banderas que tenían expuestas eran del Frente, "las blancas volaron enseguida, tal vez porque teníamos menos". Los estandartes iban desde 60 a 600 pesos el más caro, una gran bandera del Frente Amplio. A las dos de la tarde iban casi 60 vendidas y pensaban quedarse allí hasta agotar stock.

Circuitos, muchos circuitos fueron los que recorrió Gustavo Musso, un militante acérrimo del Partido Instrasigente que también estuvo a cargo del club partidario ubicado en La Blanqueada. Musso había votado al Frente Amplio desde 1971 pero esta vez lo convenció el "estilo directo" del candidato Lissidini, a quien conoció en una casa de familia. "Los cuentos te los hace él, no otra persona", señaló. En algunos de los circuitos que le tocó supervisar se encontró con que su lista no estaba.

Dos mil. Es el número blanco que figuraba en una bandera colorada que portaba un taxi por Piedras Blancas. El auto iba cargado de listas y recibía a su paso algunos insultos, "nada del otro mundo", dijeron sus ocupantes. El conductor era Julio, un taximetrista empleado pero también militante colorado. Con su compañero recorrían circuitos y reconocían que eran de los pocos que portaban el estandarte del Foro Batllista. En muchos circuitos, como declararon tantos otros militantes blancos y colorados, habían desaparecido listas, además de aparecer otras rayadas o dañadas.

Enclave. Era el de los blancos en La Teja, en medio de un barrio repleto de banderas frentistas y sobre todo del MPP. El gran club de la 71, sin embargo, resistía estoico con un parlante que a todo vapor reproducía canciones de folklore blanco. Gladys e Inés, dos de las militantes de un gran grupo de blancos del barrio, eran algunas de las personas que estaban en el club ayer de tarde. "No hay tanto lío. Nos matan a bocinazos pero nadie se acerca mal", dijo Gladys. Inés, en cambio, dijo indignada que según su experiencia en los circuitos lo que había predominado en las elecciones fue la "intolerancia. 100% de intolerancia". También denunció el "mal comportamiento" de algunos integrantes de las mesas de votación. "Andrea, una amiga mía, no pudo votar porque no había lista en el cuarto secreto y cuando salió no le querían dar la credencial, cuando eso es ilegal", dijo.

Fotos. Mercedes Rodríguez, de La Blanqueada, imprimió las fotos que le mandó su hijo por e-mail y las pegó en unas tablas de madera que ayer mostraba a todo el mundo. En las imágenes estaba su nieto de cinco años, que se fue a los dos porque sus padres emigraron en busca de trabajo. "Todo lo que pasa hoy tiene que ver con esto", dijo Mercedes, que ahora dice que vive de "las fotos y los recuerdos" de un nieto que, según le contó su hijo, dice que lo único que recuerda de Uruguay es que el sol brilla más fuerte que en España.

Generación. Un grupo de militantes del Frente Amplio de la Ciudad Vieja se definieron a sí mismos como frenteamplistas "de la primera generación" y aclararon que todos tenían "de 50 para arriba". Comandando el grupo estaba Humberto Techera, que se encargó del medio tanque en el cual hizo chorizos que vendería al "costo": 15 pesos. Rápido un compañero le acotó: "¿Quién te hace las cuentas, Bensión?". Las tiras de asado era para el asador solamente. Según su pronóstico de "viejo cascarudo" el Frente iba a ganar por 56%. A su lado estaba Tomás Aguirre, que vive hace 64 años en la Ciudad Vieja y milita en ese comité, llamado Nelson Mandela. "Esto es cosa de negros", dijo sonriendo una sonrisa enorme en su rostro negro.

Hinchas. Las camisetas y estandartes futboleros también compitieron por la atención de una ciudad apabullada por la celebración desde todas las tiendas. En La Teja muchos jóvenes vistieron la camiseta rojiamarillla del club Progreso. La mayoría también acompaño la pasión futbolera con la bandera del Frente, cuyo candidato a presidente fue presidente del club de sus amores. Ese fue el caso de Jury, que gritaba con escasa voz, "Progreso, que no ni no!!!!".

Independencia. Al mediodía eran pocas las personas que transitaban por la principal avenida, luego de una mañana de domingo que más que eso parecía víspera del feriado de Navidad por la cantidad de autos y personas en las calles. En la Plaza Independencia sólo paseaban algunas parejas aisladas, entre ellas un matrimonio de estadounidenses que habían llegado a Uruguay hace una semana atrás para hacer turismo rural. Enterados de las elecciones (¿acá vota todo el mundo?, reconfirmaron asombrados), decidieron salir a recorrer la ciudad para "vivirla", algo que no harán con las elecciones propias porque no llegarán antes del martes, cuando se vota para presidente en Estados Unidos. De haber votado, dijeron, lo hubieran hecho por Kerry. "Y tienen un país muy lindo", agregaron al final.

Jóvenes. Algunos circuitos tuvieron durante casi todo el día, pero especialmente luego del mediodía, un gran caudal de jóvenes que se acercaron a votar. Eso sucedió en la Comisión de Deportes, en pleno Centro de Montevideo, donde la cola de una de las tres mesas que allí funcionaba se extendía casi hasta la esquina tomando la calle. Allí votó por primera vez en su vida Verónica, una estudiante de Derecho de 18 años que eligió la lista de Astori. "Fue el que más me convenció en esta campaña tan sucia, que no me gustó nada", dijo. Cerca de ella, vestidos íntegramente de negro y recién levantados estaban Juan Carlos, de 18 años y Matías de 23, también votantes por primera vez. Ninguno quiso decir a quién habían votado. Casi 256.000 jóvenes participaron de un acto eleccionario nacional por primera vez.

Kioscos. Muchos fueron los kioscos que de apuro se levantaron en la Plaza Lafone, en plena La Teja. Casi todos tenían pizarrones en los que a pura tiza blanca se publicitaban las ofertas del día: CD‘s con canciones del Frente a 50 pesos, torta fritas a 5, garrapiñadas de todos los tamaños y todos los precios y, por supuesto, banderas, muchas banderas. Los vendedores tuvieron un buen día de ventas, pero otros, sobre todo en el Parque Rodó y en la Rambla, se quejaron de que las expectativas que tenían, alentadas por la gran cantidad de gente que inundó toda la ciudad, quedaron en eso, expectativas.

Listas. Al mediodía, en la rambla, todavía quedaban algunos puestos de reparto de listas y unos pocos militantes que con banderas intentaban colocar listas a los automovilistas que las aceptaban. Dos de ellos fueron Fabián Maneiro y Analía Farías, jóvenes militantes del Partido Colorado a los que ya se veía aburridos pero que dijeron haber tenido una mañana agitada porque muchas personas vinieron reclamando listas para circuitos en las que ya no había. "Se robaron muchas listas de los cuartos secretos o las rompieron. Tuvimos que llevar a varios lados", dijo Fabián. Aparte de eso, ambos reconocieron que todo estaba tranquilo.

Manso. Fue la actitud del votante del Partido Colorado que con su bandera partidaria recorrió buena parte de la Rambla cuando la zona comenzaba a "picarse" nuevamente, luego de algunas horas de reposo que la mayoría de los montevideanos eligieron para escaparse del sol rajante. El joven, de bermudas surfistas y lentes de moda, se paseaba sin reparos entre una cantidad de otros jóvenes, muchos de los cuales portaban banderas frentistas. Recogió el apoyo de otros colorados y ningún insulto, con la sonrisa cívica siempre pintada en el rostro.

Naranja. La camiseta naranja era la que hasta el momento resultaba vencedora en el partido amistoso que se realizó a los fondos del Hipódromo de Maroñas bajo un sol que partía. En una canchita de barrio, mientras que la mayoría de los vecinos dormían la siesta, luego de ese partido ya se estaba preparando un segundo del campeonato "Lomas de Maroñas". Naranjos 2, blancos 0. Sin referencias partidarias, aclararon los hinchas que miraban el partido.

Omisos. Aunque el juicio general sobre las elecciones fue bueno, en varios circuitos se formaron largas colas como consecuencia de, según dijeron los propios votantes, la lentitud de los funcionarios. De hecho la Corte Electoral se vio obligada a cambiar a todos los funcionarios de dos meses electorales que funcionaban en una iglesia evangelista, debido a "incapacidad" de los mismos. En el lugar se habían formado colas enormes. No se precisó cuáles fueron los errores.

Playas. Todavía falta mucho para que se inaugure la temporada de playas pero el sol y las altas temperaturas impulsaron a muchos montevideanos a bajar a las playas. Incluso al mediodía, cuando la rambla se había vaciado por unas horas con la excusa del almuerzo y la siesta, había al menos 50 personas en la playa Ramírez

Quilos. Unos 222 fueron los quilos de chorizo que compró el "Negro Walter", el ambulante de 18 y Ejido que está instalado en esa esquina desde hace años. Ayer levantó al lado de la parada de ómnibus un puesto de venta de chorizos, hamburguesas y panchos, construido con un tablón de madera y un medio tanque en el que a toda hora crujían los chorizos. Esto se vendían a 20 pesos ("con todo, mayonesa y todo"), y a 10 las hamburguesas y panchos. Al lado de la improvisada parrillada callejera se levantaba el puesto usual de Walter, en el que ahora vende banderas pero que "mañana venderá galletitas y en marzo cuadernolas al mejor precio de plaza". Un vendedor de la competencia no olvidó comentar por lo bajo que el hombre vendía banderas del Frente y votaba a los blancos en Canelones.

Rodrigo. Fue el "artista" encargado de pintar sonrisas en las caras de una larga cola de niños que esperaban impacientes para que el joven militante de Asamblea Uruguay les estampara la bandera del Frente en la cara. En el Prado, a la entrada del colegio Clara Jackson de Heber, Rodrigo utilizó pinturas vegetales —"pinturas de murga", aclaró— para acercar niños hasta su puesto de reparto de listas. Incluso los frentistas que no votaban a Astori, como los padres de Mariana y Marianela de 7 y 5 años, permitieron que sus hijos se pintaran.

Suecia. Desde allí llegó Américo, un uruguayo de 52 años que viven en el país nórdico desde hace 27. Vino con la intención –"y la esperanza", dice– de votar en su patria por primera vez. Se había ido solo a los 19 años, dos días antes de las elecciones de 1971. Pero no pudo hacerlo, porque ya no figuraba en los padrones electorales y a pesar de tener su credencial y de todos los trámites que realizó, A pesar de eso, "estoy contento de haber venido". Junto con él,, entre 50 y 100 uruguayos vinieron desde Suecia.

Trabajo. El de todos los días, fue el que hizo el grupo de limpiavidrios que siempre se ubica en 8 de Octubre y Propios. El cabecilla allí es Mauricio, quien dice que hace 12 años que limpia vidrios, "antes que todos los demás que ahora andan en todas las esquinas y muchos de los que juntan pesos pa‘ drogarse". A la hora de confesar cuánto saca en la esquina, dice con gran sonrisa que 100 pesos.

Ubicación privilegiada fue la que tuvieron los vecinos del candidato encuentrista, Tabaré Vázquez. Durante todo el día y hasta que Vázquez se trasladó a su comando céntrico, un grupo de partidarios se congregó frente a su residencia, sobre la calle Buschental, en pleno Prado. Cerca de las cuatro de la tarde, los vecinos de Vázquez estaban en el balcón de su casa, esperando, como el resto, la aparición del candidato. No se quejaron por la cantidad de personas que complicaron el tránsito y dijeron que Vázquez "es un vecino como cualquiera".

Veda. Brilló por su ausencia en la mayoría de los barrios. En La Teja, los más jóvenes se paseaban por la calle con botellas torpemente disfrazadas en bolsas de nylon y en la Rambla, la cervecita de los domingos no se hizo desear.

Wanda y Graciela son dos argentinas que junto a sus esposos vinieron a "festejar un triunfo histórico". A pesar de no tener parientes aquí las dos estuvieron presas durante la dictadura en la cárcel de Villa Devoto, El sábado cenaron con una antigua compañera de cárcel uruguaya. Con una bandera argentina y otra del MPP las mujeres criticaron el actual gobierno argentino."En Argentina perdimos los sueños y por eso tal vez vinimos a vivirlos un rato"

X. Fueron las apuestas entre amigos, en cada una de las reuniones callejeras, en las que se jugaron por tal o cual porcentaje con el que ganaría su partido. En el caso de los militantes del Encuentro Progresista, ninguno de los consultados bajó del 54% y los más optimistas llegaron a hablar de 58%. Entre los blancos consultados, todos superaron el 35%. Los colorados callaron.

Yerba. Fue unas de las vedettes en el lugar donde votó José Mujica, la Casa Cuna del Cerro. Allí se congregaron muchas personas para saludar al candidato, pero muchas otras se desvivieron por agarrar una de las muestras de yerba que una empresa de plaza comenzó a repartir. Las promotoras no daban abasto para colmar las ansias de la gente.

Zzzzzz. "Despierten uruguayos....". Así rezaba uno de los spots de la lista Quince en el tramo final de la campaña electoral. Otro aviso, en este caso de Arana, contestó que su sector "estaba muy despierto". Retomando ese intercambio, ayer podía verse una camioneta, con votantes del Encuentro Progresista, que lucía una gigantesca pintada en su vidrio trasero que decía: "Uruguayos despiertos".

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