La religiosidad y el comercio se dieron cita con Iemanjá

| La expresión de fe convoca a los creyentes y también da lugar a una gran venta de objetos y productos diversos

MIGUEL BARDESIO

Decenas de miles de personas se reunieron ayer en las costas del país en lo que el antropólogo Renzo Pi calificó como la mayor fiesta de la "religiosidad popular del país".

Era el día de Iemanjá, la madre de todos los santos, los "orixás" de la religión umbanda. La concurrencia mantuvo la misma tendencia creciente que se registra desde fines de los años 80, cuando el rito comenzó a difundirse. Como siempre, el epicentro de la jornada estuvo en la playa Ramírez.

El rito propiamente dicho fue para muchos que ayer lanzaron al mar las improvisadas embarcaciones con ofrendas para la dama del mar o hicieron pozos y encendieron dentro velas blancas y celestes. Y fiesta fue para todos, porque en plena playa instalaron un escenario y actuaron "Los Morochos" y "Bola Ocho", dos grupos del llamado pop latino. Tampoco faltó el vino, los tambores y danzas más o menos típicas en una noche clara y algo fresca, con poco viento.

Blanco y celeste son los colores de Iemanjá y blancas y celestes fueron las pequeñas, medianas y grandes embarcaciones cargadas de ofrendas que los fieles de siempre o los ocasionales enviaron aguas adentro. Ofrendaban frutas, perfumes, maíz, flores, collares, anillos, cadenas, algunas de ellas de plata u oro.

"Si la barca sigue camino mar adentro, significa que Iemanjá aceptó el regalo, pero si vuelve, es porque algo anda mal", explicó desde la propia playa Paula, quien se congratuló de que su embarcación fuera aceptada por la diosa.

Vuelva o no vuelva la barca, en el extremo oeste de la Playa Ramírez, desde una muelle corto, una decena de muchachos se lanzaba al mar y tomaban de las ofrendas lo de mayor valor. Uno de ellos, Sebastián, de 15 años, se llevó una bolsa cargada de cadenas y anillos que, según dijo, eran de plata y oro.

"La gente se enoja, pero ta’; yo no los molesto", agregó el muchacho que vino especialmente de Colón.

Otros que llegaron de casi todo Montevideo fueron los comerciantes de velas, estampitas, embarcaciones de espuma plast o cartón, flores, perfumes y alhajas para ofrendar a Iemanjá. Infaltables tampoco los vendedores de chorizos, maníes, pop, algodón de azúcar y churros. Este diariocontó a casi cien puestos de venta sólo en el Parque Rodó, a los que se suman los instalados en la arena.

CATOLICOS. Paula fue a la playa con Jorge, su marido. El matrimonio se declaró católico. El fenómeno se repitió en la mayoría de los consultados por El País en el lugar: dijeron ser católicos.

"No hay contradicción entre una cosa y la otra; yo voy a un templo umbanda y también voy a misa", dijo Jorge.

"La explicación puede venir en que ellos ven en el umbanda una religión inmediatista, del día a día, que los va a ayuda en cuestiones como el trabajo, el amor, la salud, mientras que la religión católica es más trascendental: la vida después de la muerte, por ejemplo; entonces son complementarias, no excluyentes", explicó el antropólogo Renzo Pi sobre este "doble credo".

El bautismo de una niña en Iemanjá

Angela Belén cumplió ayer tres años y su madre la trajo desde Lezica a la playa Ramírez con un vestido de fiesta celeste y zapatos blancos. La trajo para que la mai Estela Maris la bautizara con agua salada y miel, mezcla que echó sobre su cabeza entre el llanto de la niña.

Angela Belén nació el 2 de febrero de 2002, a las dos horas, dos minutos, según el testimonio de la madre, Natalia, y la partida de nacimiento que expuso a El País. Su padre murió en el tercer mes de embarazo de Natalia en un accidente de tránsito. A los pocos días, Natalia, que era guardia de la cárcel de mujeres, tuvo otro accidente y cayó por unas escaleras; por esa razón, durante todo el embarazo tuvo riesgo de aborto espontáneo.

Al quinto mes de embarazo, Natalia llamó a una mai recomendada por una amiga suya. Nunca había tenido ningún contacto con la religión umbanda. Llamó a la mai para aliviar su depresión y ésta le dijo que su hija iba a nacer y sería morocha y de ojos azules, como la imagen de Iemanjá.

Angela Belén tuvo dos preinfartos al nacer y una trombosis. Complicaciones del parto hicieron que ella se enredara en la placenta y hubo que hacer una cesárea.

"Esto para mí es muy fuerte, yo no siento nada por Iemanjá; es ella —Angela Belén— la devota de la virgen y por eso estoy acá, por ella", relató Natalia.

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