Los máximos dirigentes sindicales están inquietos. No creen, evidentemente, que Mujica y Astori puedan por sí solos con el Partido Nacional. Y para no correr el riesgo de perder en las urnas lo que ganaron a fuerza de paros, ocupaciones, huelgas y presiones de todo tipo, han salido a apoyar sin disimulo a su partido, el Frente Amplio, a mantener el poder por otros cinco años. Que es como ayudarse a ellos mismos a conservar todos los privilegios ganados en este último lustro a costa de los demás.
Están dispuestos a todo. No sólo a emprender una vergonzante recorrida por todo el país para mostrar al candidato del Partido Nacional como un monstruo capaz de quitarle la comida de la boca a los más necesitados, sino también a tragarse sapo tras sapo, y a abrazarse de cuanta culebra suelta aparezca, si con tanta obsecuencia pueden contribuir a consagrar en el gobierno a una fuerza política que, por ser la suya, les va a cumplir todos los gustos.
Si gana el Partido Nacional, proclaman, no habrá un día de tregua. Y hay que creerles. Vaya si han demostrado de qué pueden ser capaces cuando no gobierna su partido.
¿Se acuerda que a Lacalle le hicieron la vida imposible cuando aprobó, contra huelgas y presiones de todo tipo, la Ley de Puertos? ¿Y dónde están ahora aquellos gremios que, con Juan Castillo a la cabeza, juraban defender la soberanía nacional y no permitían que se abriera el puerto a privados? ¿Dónde están que no gritan ahora, cuando desde el gobierno progresista se conceden más y más áreas del puerto a privados, y hasta se anuncia la subasta para una segunda terminal de contenedores en medio del absoluto silencio sindical?
No se oponen porque está bien. Pero está bien independientemente de quién lo hace. ¿Cómo se entiende que si lo hace Lacalle hay que paralizar el país y sus exportaciones, y que si lo hace el Frente Amplio ni siquiera hay que tratar el tema en una asamblea?
¿Dónde han estado los gremios que cerraron el paso, en los noventa, a la Ley de Empresas Públicas que impulsó el doctor Lacalle? ¿Dónde estuvieron estos cinco años los sindicatos que se oponían a asociar a Antel con privados? ¿Por qué Lacalle no podía hacer aquello y este gobierno del Frente Amplio sí puede anunciar, sin explicitar demasiado detalle, que va a asociar a Ancel con una empresa extranjera como Personal de Argentina? ¿Cuándo se equivocaron, señores de Sutel? ¿Cuando se opusieron a asociar a Antel en los tiempos mientras había interesados en el mundo por este negocio, o ahora que callan ante un negocio impulsado por ex vicepresidente de Antel del que se sabe tan poco?
¿Cuál es el criterio con que se va a manejar el PIT-CNT en el futuro? ¿Oponerse a todo y vivir poniendo el palo en la rueda si el que gana es Lacalle? ¿Callar y avalar los mismos proyectos, si quien los propone es el Frente Amplio? ¿Hasta cuándo?
¿Qué deben esperar los uruguayos de la central de trabajadores y de sus principales dirigentes si quien gana el gobierno es un candidato al que esa misma central y sus dirigentes están denostando, con agravios, en todo el país? ¿Otra vez paros generales, parciales y perlados? ¿Más y más asambleas virulentas, dirigidas por señores que viven en estado levantisco? ¿Huelgas y ocupaciones de lugares de trabajo, para forzar situaciones de tensión? ¿Un estado de agitación permanente, como el que las administraciones del propio Lacalle, Sanguinetti y Batlle soportaron en su momento, por el único delito de pensar diferente?
Señores dirigentes sindicales, el Uruguay todo, y en especial los trabajadores de todo el país, sin distinción de banderías políticas, los estarán mirando.
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