RENZO ROSSELLO
A cuatro kilómetros de Fray Bentos, recostada sobre el río Uruguay y flanqueada por el largo arco del puente General San Martín se levanta una estructura gigante. La discutida planta de Botnia es algo más que los 115 metros de altura (actuales, tendrá 120 al quedar finalizada) de la chimenea que ya es un ícono, un símbolo que alienta a unos y desespera a otros.
La obra de la empresa finlandesa está a punto de concluir su primera fase. Entre mediados de julio y principios de agosto, si nada atrasa el cronograma de obra, entrarán de lleno en la construcción de la planta electromecánica, el corazón de la fábrica de pasta de celulosa. La superficie de 150 hectáreas que ocupa Botnia entre el arroyo Yaguareté y la ruta 2 está plenamente ocupada por la enorme estructura de hierro y cemento.
En esta segunda fase la mano de obra ocupada pasará de los actuales 2.500 a unos 4.500 operarios. La mayoría de ellos serán obreros calificados, principalmente en las áreas de metalúrgica y electricidad.
La expectativa, en tanto, ya superó largamente los límites de la ciudad de Fray Bentos. Diariamente, decenas de personas llegan en busca de un empleo. La mayoría de ellos debe regresar con las manos vacías, otros no se resignan a ello (ver nota aparte).
Más allá de toda conjetura, la planta de Botnia ya es una evidencia material que cambió para siempre la fisonomía de este rincón del país.
LEGION. A las 5.30 de la mañana una multitud de hombres en mamelucos color naranja atraviesa la primera barrera de control de la planta.
Las medidas de seguridad en la planta son rigurosas. Nadie puede desplazarse a pie por el predio, los propios obreros son llevados a su sitio específico de trabajo en uno de los 30 ómnibus que los llevan y los traen al trabajo diariamente. Cada uno de ellos debe llevar de manera visible su identificación provista de una banda magnética que el dispositivo de control de ingresos registra en cada entrada y salida. Pero además hay guardias, policías uniformados en torres de vigilancia, efectivos de la Prefectura Naval que recorren a pie y patrullan en lancha de manera constante.
La multitud de obreros se pierde en las gigantescas proporciones de la planta. Pero no hay sitio por donde pase la vista en el que no haya dos, tres o más hombres, de casco y overol.
"Acá lo que hay es mucha juventud que trabaja por primera vez en una obra", explica Fabián Gadea, vicepresidente del Sindicato de la Construcción (Sunca), que además trabaja allí.
El 53% de los 2.500 operarios que trabaja actualmente en Botnia es fraybentino, el 24% es de Mercedes. El resto proviene de Salto y Paysandú. Y también de Montevideo.
Los obreros no son directamente empleados de Botnia. En realidad trabajan 22 subcontratistas con la empresa. Al culminar la primera fase, empero, Botnia prevé contratar los servicios de algunas empresas extranjeras, brasileñas principalmente.
"Todas las empresas eléctricas y mecánicas están aquí, ya sabemos que no van a dar abasto para la fase mecánica de la obra", explica el ingeniero Bruno Voam, supervisor de Botnia.
El alto nivel de complejidad de la obra requiere que actúen centenares de obreros de gran calificación. Por esta razón, por ejemplo, se están realizando los cursos de soldadura de alta presión para ocupar a unos 600 operarios especializados. Sin embargo, la mano de obra disponible en el país no alcanzará para cubrir las necesidades de esta fase.
AMBIENTE. En esta etapa uno de los tramos de la obra que concentra más energías es la planta de tratamiento de efluentes.
Se trata de una superficie de unos 500 metros de extensión, compuesta por gigantescas piletas de 65 metros de diámetro y 12 metros de altura.
"Es una planta de tratamiento de residuos. Es la que va a procesar el agua que tomamos del río y que se utiliza en varias etapas de la producción de celulosa", explica Voam. El propósito de esa planta es que las sustancias químicas utilizadas en la producción queden reducidas a proporciones insignificantes y hagan potable el agua que se devuelve al río, según explicó el supervisor de Botnia.
"Esta inversión no está directamente ligada a la producción, la planta podría funcionar perfectamente sin ella, tal vez sería menos eficiente, pero podría hacerlo. Pero el objetivo de esta inversión es netamente medioambiental, es decir, se dirige a que el agua utilizada no tenga componentes negativos para el ambiente".
El papel de este sector de la fábrica será determinante para la puesta en marcha del emprendimiento más grande de la historia uruguaya. En su fase final, la Dirección Nacional de Medio Ambiente deberá analizar el Plan de Gestión Ambiental, en el que la planta de efluentes es el componente central, para dar la última aprobación a Botnia, sin la cual la fábrica no podría entrar en funcionamiento de lleno.
La construcción de la planta electromecánica llevará, según los cálculos de los responsables de la obra, entre ocho y diez meses. Es la fase más complicada de la obra, donde los estándares de producción deben verificarse en una máquina perfectamente ensamblada y capaz de producir un millón de toneladas de pasta de celulosa al año. Eso comenzará a partir de agosto de 2007.