La pausa de verano antes de la carrera

Al igual que en las principales ligas de fútbol, la carrera electoral uruguaya —que desde la reforma del ’96 más que carrera es maratón, y especialmente este año en el cual el referéndum anticipó la campaña— entra en receso. Los meses de verano servirán para que líderes y sectores políticos evalúen lo actuado, revisen estrategias, intenten minimizar sus debilidades y potenciar sus fortalezas.

Este receso llega cuando en la tabla general, la de octubre, existen posiciones relativas muy diferentes: un claro liderazgo del Encuentro Progresista, un nítido segundo lugar del Partido Nacional y una debilitada situación del Partido Colorado, que se encuentra en el nivel de adhesiones más bajo desde que Equipos realiza mediciones de opinión.

El receso veraniego llega también cuando existen situaciones muy diferentes al interior de los partidos, de cara a las próximas elecciones internas.

Dentro del Partido Nacional el escenario es de una competencia plena. El principal desafío colectivo es evitar que la disputa asuma características similares a las de 1999 ya que esto debilitaría las posibilidades electorales del partido hacia octubre. Está claro que la interna, casi por definición, es una competencia que se centra en los atributos personales del candidato. La diferenciación programática fuerte tiene sus desventajas, porque la lógica impone una negociación con la otra parte el "día después". El punto parece ser, entonces, encontrar un equilibrio justo entre mostrar al electorado las ventajas del candidato propio sin agredir al rival con descalificaciones de índole personal. De lo contrario, se corre el riesgo de ganar ahora para perder después.

El Partido Colorado es el que se encuentra en situación más compleja. Al bajo nivel global de adhesiones y a las evaluaciones predominantemente negativas sobre el desempeño del gobierno, se agrega que el electorado todavía no conoce con certeza quiénes serán los contendientes. Hasta que la oferta no se defina es difícil evaluar cuál puede ser el impacto en el cuerpo electoral, y si efectivamente la campaña para las internas puede servir como un motor de reactivación de la dinámica partidaria. En todo caso —algo que también es válido para el Partido Nacional— quizá la misión más difícil será encontrar la forma de motivar a su estructura y su electorado tanto para junio como octubre.

Finalmente, por el lado del Encuentro Progresista es donde se encuentran las mayores certezas sobre la interna: todo indica que Tabaré Vázquez se consolidará como candidato. En ese entorno, los principales desafíos parecen dirigidos a evitar rispideces internas, generar sensación de unidad y dar mensajes tranquilizadores al electorado de centro. El problema del EP/FA parece distinto al de los partidos tradicionales: con una estructura y, hasta cierto punto, también un electorado motivado por la probabilidad de la victoria, deberá intentar evitar que la competencia por el destaque interno genere conflictos que puedan minar las relaciones intrapartidarias en el mediano plazo.

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