La mente también necesita vacaciones

Gustavo Ekroth

Hace apenas unos treinta años la mente humana recibía casi la mitad de la estimulación sensorial que soporta hoy en día. Los cambios en el estilo de vida y avances tecnológicos, como por ejemplo el teléfono celular o el correo electrónico, que se supone nos harían la vida más fácil y placentera (más allá de que puedan ser herramientas útiles y necesarias) agregaron cientos de estímulos cotidianos, habituales a nuestro diario vivir.

Además de la creciente saturación de estímulos auditivos y visuales, tengamos en cuenta que un simple estímulo externo puede llegar a generar decenas de "estímulos internos" en nuestra mente.

Por ejemplo suena un celular: "¿quién me llama, a quién o a qué corresponde este tono?, ¿será el informe del tiempo, o le habrá pasado algo a los chicos en el colegio?, ¿se activó la alarma de mi casa o es el aviso de un nuevo mensaje de texto?, ¡sigo sin reconocer el timbre, pero como lo voy a reconocer si yo no tengo mi celular y quien sabe donde lo dejé, tengo que salir corriendo a buscarlo ya mismo!

A pesar de que el mundo ha cambiado mucho en los últimos años y que observando la "locura" cotidiana, el cerebro no lo ha hacho en la misma medida, la mente humana actual es capaz de manejar exitosamente un caudal impresionante de estimulación sensorial pero durante un tiempo limitado. Por ejemplo somos perfectamente capaces de sobrellevar la polución visual y auditiva en un centro comercial. El problema en este caso es que solo podemos hacerlo bien durante un período que no va mucho más allá de las tres horas, dependiendo de la intensidad de los estímulos, la edad de la persona, el estado de ánimo inicial, etc.

Cuando vamos mucho más allá de esos tiempos y/o le agregamos durante el día otras saturaciones de estímulos varios, la mente comienza a bajar su efectividad, podemos perder por ejemplo la capacidad de concentración, olvidarnos de cosas importantes, sentirnos sumamente agotados y desmotivados sin una causa concreta.

La solución no pasa por repudiar la vida moderna, volver al pasado o irse a meditar a los Himalayas, la idea es aprender el arte casi olvidado de poder "apagar" la mente cada vez que no la necesitamos.

Por ejemplo cuando contemplamos un hermoso paisaje o cuando estamos en la cama prontos para dormir y por supuesto durante la mayor parte de nuestras vacaciones.

A pesar de que nuestra psiquis debe tomarse unas minivacaciones todos los días, las vacaciones anuales son una muy buena oportunidad para poder aprender o reaprender a "desenchufarse" y no hacer absolutamente nada salvo descansar y disfrutar de la naturaleza sin sentirse culpable ni preocupado por un futuro que todavía no es.

Si desea mayor información sobre este y otros temas de psicología puede ingresar a la página en Internet: www.gustavoekroth.com, o cualquier consulta a través del nuevo teléfono: 712 60 93.

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