La impunidad estatal y los jerarcas eficientes

DIEGO FISCHER | LA COLUMNA

En estos días el Estado ha dado muestras de qué ineficiente es y de cuán eficiente puede ser. No es un juego de palabras sino una simple comprobación de hechos que fueron noticia.

El jueves pasado "El País" publicó en su portada una foto del interior de la Estación Central de Ferrocarril. La imagen y la crónica que la acompañó fueron descorazonadoras. El estado del majestuoso edificio por dentro es mucho peor de lo que su abandonado, mugriento y maloliente exterior muestra. La estación que construyó Luis Andreoni padece de la desidia oficial y agoniza. El Banco Hipotecario (BHU), su actual propietario, no sólo carece de un proyecto para recuperarlo, sino que con absoluta impunidad no hace nada para evitar su destrucción.

Una polémica resolución del Ministerio de Educación y Cultura, desafectando parte del predio como Monumento Histórico Nacional y destinándolo a la ampliación del puerto, despertó la atención del Partido Independiente en el Parlamento. Nada en concreto, pero interés al fin. Ojalá no sea esto pirotecnia propia de un año electoral.

Casi simultáneamente, se conoció la noticia de la adquisición por parte del Estado del archivo documental de Juan Pivel Devoto. El decreto, que firmó el presidente Tabaré Vázquez, autorizó el pago de unos 360 mil dólares a los herederos del gran investigador uruguayo, a cambio de documentos originales de un valor incalculable que abarcan desde fines del siglo XVIII a mediados del siglo XX. La promotora de la compra fue la directora del Archivo General de la Nación (AGN), Alicia Casas, discípula de Pivel.

Sabedora del valor que papeles como estos tienen para la memoria de un país, Casas evitó que el acervo de su maestro fuera vendido a alguna universidad del exterior; como ha sucedido con tantos otros archivos. Cabe preguntarse, qué diferencia existe entre el Banco Hipotecario y el Archivo General de la Nación. Muchas, pero la más notoria es que el AGN lo dirige una persona capaz, eficiente y consciente de su responsabilidad; mientras que el BHU, a quien todos los uruguayos hemos rescatado con nuestro dinero decenas de veces, ni siquiera muestra interés por el patrimonio que tiene.

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