Hace 75 años, el mundo se conmovió ante la explosión del Hindenburg, el dirigible más grande, de 245 metros de largo, que parecía indestructible al conseguir cruzar varias veces el Atlántico y que fue símbolo de poder para la Alemania nazi. Aquel día de 1937, en 34 segundos el gran globo ardió en el aire y cayó en la Estación Aeronaval de Lakehurst de Estados Unidos. Los dirigibles fueron los primeros artefactos capaces de volar bajo control en un trayecto largo. Esta explosión marcó el fin de una era en la aeronáutica.
A 75 años de la explosión del dirigible Hindenburg
Se cumplen 75 años de la explosión del "Hindenburg", el mayor dirigible del mundo, que puso fin a una era en la aeronáutica. Era un globo gigante de 245 metros -casi tan largo como el Titanic- que consiguió cruzar varias veces el Atlántico, y fue símbolo de poder para la Alemania nazi. Hasta hoy perduran las imágenes de ese gigante en llamas, así como la descripción en vivo de un lloroso periodista de radio.
"Está ardiendo, está ardiendo y se derrumba", gritó Herbert Morrison desde tierra al micrófono. El reportero de radio era un profesional, pero la emoción lo embargó esa tarde. "Es tan horrible, la peor catástrofe del mundo", sostuvo Morrison llorando angustiado y pronunció una frase que se hizo famosa en los Estados Unidos: "Oh, the humanity" ("Oh, la humanidad").
En la explosión fallecieron 36 personas, aproximadamente un tercio del total de los ocupantes, 72 pasajeros con buen poder adquisitivo y 61 tripulantes. El "Hindenburg" había sido concebido para 50 pasajeros, pero como se empleó hidrógeno como gas de sustentación se había podido ampliar el número de cabinas.
Sus constructores querían utilizar helio, un gas más pesado pero no inflamable. Un par de años antes, el dirigible inglés R101 había causado la muerte de 48 personas. Pero solo los norteamericanos tenían helio y se negaron a venderlo después de que los nazis utilizaran los zeppelins con fines propagandísticos. Con sus inmensas esvásticas, el "Hindenburg" era una bomba voladora.
Sin embargo, a 75 años del desastre aún no se conoce a ciencia cierta la causa del desastre. Las conjeturas conspirativas hablaban de una bomba colocada por los nazis o por sus enemigos. En su último vuelo, el "Hindenburg" había tenido que esperar para iniciar la maniobra de aterrizaje debido a una tormenta que cargaba el aire eléctricamente. Una descarga electrostática y el hidrógeno, altamente inflamable, pudieron generar el cóctel explosivo y las llamas que se extendieron en segundos desde la popa del orgullo de la ingeniería aeronáutica alemana.
Las esvásticas que el "Hindenburg" lucía a popa fueron, curiosamente, lo primero que se incendió la tarde del 6 de mayo en Nueva Jersey. Los fabricantes alemanes del dirigible tenían tanta confianza en su destreza con el hidrógeno a prueba de fuego que el zeppelin incluso llevaba instalada una cabina para fumadores.
En otros países también había dirigibles, pero los alemanes se especializaron en esos gigantescos globos del aire.
La sociedad entonces vivía con una mezcla de algarabía e inquietud los primeros avances en materia de aeronáutica. La gente se congregaba cada vez que uno de estos colosos se elevaba lento y majestuoso hacia el cielo. Pero en realidad su lentitud no era tal. Con una velocidad de 100 kilómetros por hora eran tres veces más rápidos que un crucero a vapor.
El "Hindenburg", que había sobrevolado el estadio olímpico de Berlín durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1936, llegó a cruzar el Atlántico sin incidentes 17 veces, 10 hasta EE.UU., y las siete restantes aterrizando en Brasil.
A lo largo de 1936, su primer año en el aire, acumuló más de 300.000 kilómetros de vuelo y transportó casi 2.800 pasajeros y 160 toneladas de carga y correo. Eran la especialidad de la industria aeronáutica alemana desde que el duque Ferdinand von Zeppelin no los inventó, pero sí desarrolló el primero que fue finalmente comercializado, el LZ127, con el nombre del duque, que dio una exitosa vuelta al mundo en 1929.
Un zeppelin investiga el cambio climático
El dirigible Zeppelin NT inició este fin de semana una misión por gran parte del continente europeo para investigar el cambio climático y analizar el aire en la atmósfera en el marco del programa "Pegasos" de la Unión Europea. Un total de 26 países, 14 de ellos europeos, se han sumado al proyecto que estudiará la relación entre la química atmosférica y el cambio climático. Las peculiaridades de vuelo del dirigible permiten a los expertos realizar análisis precisos en zonas decisivas de la atmósfera, como las capas a 2.000 metros de altitud en las que se decide el destino de la mayoría de los agentes contaminantes. El Zeppelin NT puede volar a esas altitudes sumamente despacio, detenerse en el aire y realizar lentas subidas y bajadas verticales, en misiones que pueden durar hasta 24 horas ininterrumpidas.