Estaban en sexto de liceo, pensaban terminarlo y empezar una carrera universitaria cuando escucharon hablar de Loyola Marymount University, uno de los centros de estudio más prestigiosos de la costa del Pacífico. Su vida dio un vuelco.
Primera quincena de enero. Maximiliano Isi, Raquel Sena y Diego Cash acaban de llegar a Montevideo, ciudad que encuentran totalmente desierta. Poco les importa, en realidad, porque el día está soleado y lo que les interesa es que sus amigos la conozcan.
Junto con ellos, William Elberts, Camile Jiménez, Callie Aaker y Chris Wonder pasean por las calles de la capital escuchando un idioma diferente al suyo, encontrando personas que los saludan con una confianza poco común en su cultura y aprendiendo a adaptarse a horarios que desacomodan sus costumbres.
Son cuatro estadounidenses y tres uruguayos pero la nacionalidad no es fácil de distinguir cuando están reunidos, hablando en inglés, riendo, gestualizando y mostrando una unidad propia de un grupo de amigos que se conoce desde siempre. Ante la presencia de un extraño quedan en silencio, adquieren porte de adultos y rostro serio.
Unos minutos de conversación bastan para notar que sus 20 y pocos años poco coinciden con la experiencia, la seguridad, la apertura y la ambición con que enfrentan el mundo. Como ellos, otros siete uruguayos han sido reclutados por Loyola Marymount University (LMU), universidad con sede en Los Ángeles, California, interesada en ampliar el cupo de estudiantes extranjeros.
"Yo nunca había tenido ningún plan de irme afuera; no era una posibilidad real y no lo fue hasta mitad de sexto año de liceo, cuando llegó un grupo de la universidad al Colegio Seminario y plantaron oportunidades de becas para estudiantes de otros países", recuerda Maximiliano Isi con voz ronca y profunda. Segundos después sonríe y confiesa que en realidad no fue a la charla pero unos amigos le contaron y le insistieron en que averiguara. Con la misma simpleza con que lo cuenta, averiguó, se postuló, dio un examen y entró.
Cuando fue a conocer el campus de la universidad, en febrero de 2010, se enteró que había sido el primer extranjero en recibir una beca del 100%.
Entonces, supo que cada año la LMU elige a 10 de los 1.500 estudiantes que ingresan y le financia la carrera completa. Pero hasta él nunca la habían otorgado a un estudiante extranjero. Un dato no despreciable es que el costo total de una carrera de grado en la LMU es de 200.000 dólares.
"Para mí fue una sorpresa tremenda, siento un agradecimiento enorme a la universidad. Espero...", hace una pausa y baja la vista, "espero no defraudarlos". Tras ese objetivo iba cuando consiguió una pasantía en el Instituto de Tecnología de California, (Caltech por su sigla en inglés), una de las principales instituciones mundiales dedicadas a la Ciencia, la Ingeniería y la Investigación.
Cuna de 30 premios Nobel, Caltech es el centro donde, en la ficción, trabajan los protagonistas de la serie The Big Bang Theory. El capítulo con el físico Stephen Hawking fue filmado en la institución. Isi pasó tres meses trabajando allí.
"Fue una experiencia impresionante porque ahí estás constantemente hablando de Física y todo el mundo es brillante y te sentís nada. Te destruye el ego totalmente y crecés un montón", asegura.
SE PUEDE. Durante la charla con Isi y sus compañeros hay frases que se repiten una y otra vez: "se puede", "las oportunidades no faltan", "nadie regala nada pero si buscás siempre hay alguien al que le interesa lo que hacés". Pueden sonar a frases hechas pero es la forma en que intentan transmitir que lo que viven no es un sueño sino una realidad a la que cualquier uruguayo puede acceder.
"Uno tiene que demostrar que el interés está. Si ellos ven que uno tiene ganas, con el esfuerzo y con el entusiasmo se puede", enfatiza Diego Cash.
Estudiante de Administración de Empresas con énfasis en Finanzas, y amante de la industria automotriz, Cash se encuentra considerando en qué empresa realizará una pasantía laboral para aprovechar el tiempo libre de sus próximas vacaciones. Si bien la decisión final estará en manos de las firmas, Honda y Toyota son posibilidades reales.
A más de dos años de estudiar en California, Cash cuestiona con cierta pena que en Uruguay sea tan difícil aprobar asignaturas y tener éxito en los estudios. "Acá es difícil pasar una materia, allá lo difícil es obtener una A. Ellos promueven el éxito, no te ponen obs-táculos para que apruebes".
POSTULAR. El proceso de aplicación a la LMU suele tener al menos dos instancias: un examen de aptitud académica conocido como SAT (por Scholastic Aptitude Test) y una prueba de inglés, el Toefl (por Test of English as a Foreign Language).
"El SAT es un examen estandarizado en el que evalúan en Matemática, Comprensión lectora y Escritura. Es la forma de evaluar objetivamente tu nivel porque a ellos no les significa nada que tengas un 12 si no saben el nivel de exigencia", explica Isi.
Otro de los requisitos suele ser realizar un ensayo, un texto argumentativo sobre un tema específico en el que se valora la forma de expresión, los conceptos y los valores. Una vez aprobado el ingreso se define la fuente de financiación.
"Uno dice la cantidad que está dispuesto a pagar y si la universidad considera que tu ingreso vale la pena, encuentran la forma de financiarlo", asegura Cash, a metros de su novia Camile Jiménez, quien aprendió español y sigue atenta la conversación.
El caso de Cash (hermano de Lucía Cash, quien en 2012 se graduó en la LMU como licenciada en Comunicación) es similar al de Raquel Sena. Ambos reciben el apoyo económico de la Fundación Kilroy, la cual es impulsada por un matrimonio que vive la mitad del año en Punta del Este y apoya a los estudiantes extranjeros.
En 2012, David Burcham, presidente de la LMU, visitó Uruguay y mantuvo reuniones con autoridades educativas para promover la postulación de más estudiantes uruguayos. Para Isi y sus compañeros la experiencia fue la puerta a un mundo que ya les pertenece.
"Quiero volver y traer impulso"
El intercambio de los uruguayos que estudian en Loyola Marymount University también incluye el compartir la vida de otros lugareños como le pasó a Raquel Sena, quien estudia Administración de empresas con énfasis en Recursos Humanos y Licenciatura en Biología. El año pasado su compañera de cuarto la invitó a celebrar el Día de Acción de Gracias. "Era una familia muy cristiana, rezaron y dieron gracias, éramos como 14, fue muy lindo", recuerda. Para Sena uno de sus sueños es volver a Uruguay para transmitir todo el impulso y el conocimiento que ha adquirido en Estados Unidos.