Antonio Mercader
Nadie alertó, nadie dio la cara, nadie coordinó, nadie previno a la gente sobre lo que estaba pasando en la noche de pesadilla del 23 de agosto. Nadie. El vacío de autoridad fue total. Llenarlo no era deber exclusivo de la Dirección de Meteorología. La sensación de que nadie se hizo cargo de la crisis quedó en el aire. Lo grave está ahí, no sólo en Meteorología. Lo grave fue la nula reacción oficial ante un huracán que trajo muerte y destrucción como nunca antes. Hubo ausencias y desorganización durante el temporal, y pasividad en las horas posteriores. Con razón, muchos preguntan si Uruguay estaba preparado para afrontar emergencias.
La respuesta es sí, en teoría. Hay un servicio oficial creado al efecto: el Sistema Nacional de Emergencias (SNE) con cuatro órganos: Comité Nacional de Emergencias, Consejo Nacional de Emergencias, Dirección Técnica y Operativa Permanente y Comités Departamentales. En las diez horas que duró el temporal no se les vio el pelo. Alguno de sus miembros, no un meteorólogo, debió responsabilizarse, centralizar tareas e informes, salir a los medios de comunicación a informar, a decirle a la gente que se cuidara, que no saliera, que se alejara de cables eléctricos, que resguardara sus bienes (vehículos, por ejemplo), etc. La TV y la radio habrían cooperado emitiendo mensajes, como hicieron en otras crisis a pedido del gobierno. Acciones de ese tipo, habituales en otros países, hubieran menguado el trágico saldo de esa noche.
Como bien dicen, el chivo expiatorio es el animal más abundante en estas latitudes. Ahora se lo busca en Meteorología como si tuviera la culpa de todo. No, la tiene en parte, una parte no desdeñable pues erraron feo sobre la magnitud del peligro. Ahí la discusión suena a conventillo: si la Dirección de Meteorología ignoró trazas de un vendaval más fuerte; si sus técnicos erraron por falta de instrumentos o si la culpa es, cuándo no, del bajo presupuesto; si Vázquez Melo acusó a Juan Torraca; si les prohibieron avisar para no causar pánico; si en el aeropuerto sabían y si de Brasil alertaron, si... Habrá que leer el informe final, chivo expiatorio incluido.
En tanto, sepamos que el SNE está en Presidencia de la República, Edificio Libertad, y que fue creado por decretos de 1995 para atender, al máximo nivel, urgencias como "tormentas que provoquen daños masivos". Al igual que en Meteorología, debería investigarse qué paralizó al SNE cuando árboles y antenas caían, se cortaban la luz y el teléfono, ululaban las alarmas y los pedidos de auxilio en medio del caos. Además sería bueno conocer por qué siguió paralizado en las horas siguientes a la tormenta cuando los daños masivos saltaban a la vista. Importa indagar y corregir los fallos de nuestro Sistema de Emergencias para estar listos por si otro temporal hace temblar las raíces de los árboles.