PILAR BESADA
El servicio exterior despierta cada vez menos interés. En 2001 se presentaron 172 aspirantes a la carrera diplomática. El año pasado fueron sólo 47. La Cancillería, además de llamar a concurso, sale a buscar candidatos por las universidades.
Los 47 concursantes que se presentaron en 2008, que contrastan con las 53.300 inscripciones al Senado para servir café y manejar ascensores, alarmaron a la Cancillería, que esta semana decidió salir a promocionar el concurso para nuevos diplomáticos. El director general de Cancillería, Nelson Fernández, y el director del Instituto Artigas del Servicio Exterior, Álvaro Moerzinger, dieron conferencias en las universidad privadas de Montevideo y ORT y recibieron a alumnos de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad de la República, para informar del concurso de ingreso al Servicio Exterior, en un intento por acercar a los estudiantes al mundo diplomático. "Cuando yo entré al Ministerio, en 1975, éramos 300 en el concurso. El último año se anotaron 47", comentó Moerzinger, ex embajador en Canadá. Además, la Cancillería imprimió cartelería que colocó en las universidades, un afiche que reza "El Servicio Exterior te ofrece la posibilidad de hacer el Uruguay que queremos".
Para Moerzinger, uno de los motivos de esta disminución se debe en parte a que aumentaron las exigencias, ya que a partir de 2006 se pide que los concursantes tengan un título universitario de una carrera afín a la diplomacia de al menos tres años de duración. Ese año concursaron 38 personas, mientras que en la anterior convocatoria se habían presentado 163.
Moerzinger afirmó que, además, cuando él ingresó al Servicio Exterior, "había muy pocas opciones en la sociedad, hoy en día hay otras alternativas". Aunque en las carreras de Relaciones Internacionales de la UdelaR, y de Estudios Internacionales en la ORT han aumentado la cantidad de estudiantes en los últimos años, los egresados se dedican a la actividad privada, como empresas ligadas al comercio exterior.
Al cargo de Secretario de Tercera al que se presentan los concursantes, le corresponde una remuneración de $ 14.300, para una tarea de dedicación exclusiva. Para superar la prueba eliminatoria, se deben tener conocimientos en inglés oral y escrito, superar pruebas escritas y orales de derecho internacional público, política internacional, comercio exterior e integración, historia y cultura nacional, una evaluación psicológica sobre el perfil diplomático y una entrevista personal con el tribunal que evalúa la forma de presentación, la capacidad de exposición y la riqueza de vocabulario.
Por otro lado, Moerzinger barajó como otra posible causa de la disminución en la con- vocatoria, el hecho de que "el Ministerio (de Relaciones Exteriores) no tiene una buena imagen. La sociedad no habla bien de los diplomáticos, en ningún país. Se tiene la percepción de que es gente acomodada, que hace poco y gana bien. Se confunde mucho el enviado político con el diplomático de carrera", afirmó.
Sin embargo, para Gustavo Arce, coordinador de la carrera de Relaciones Internacionales de la UdelaR, los estudiantes "tienen una buena percepción del Servicio Exterior. Mi impresión es que es muy apreciado el poder ingresar al Ministerio, tiene prestigio". Arce opina que uno de los motivos por los cuales menos jóvenes se presentan a la convocatoria es porque "muchos consiguen trabajo en el sector privado, y una vez que empiezan a trabajar se les reducen las horas para preparar el concurso, que es muy exigente, largo y denso".
Otra estrategia de Cancillería para atraer concursantes este año fue promover la carrera en el exterior, publicitando el concurso a través de embajadas y consulados en las colonias de uruguayos. Para Moerzinger, los uruguayos nacidos en el exterior son candidatos ideales para la tarea diplomática, aunque un obstáculo para que se presenten es el requisito de que el título universitario esté revalidado por la UdelaR, algo que insume muchos meses.
Exigencia psicológica
Este año el concurso reforzó la exigencia en la prueba psicológica. "Hemos comprobado que, si bien se puede ser un excelente funcionario en lo académico, hay algunas cualidades que debe tener un diplomático que sólo se detectan en el examen psicológico", comentó Álvaro Moerzinger. "Algunas personalidades no se adaptan a vivir en el exterior, y hoy tenemos alrededor del 10% de los funcionarios con ese problema", explicó.
El largo camino del diplomático
Quienes superan el concurso de ingreso al servicio diplomático acceden al cargo de Secretario de Tercera. A partir de entonces continuamente deben realizar cursos de capacitación, impartidos por el Instituto Artigas del Servicio Exterior, que depende de la Cancillería. Estos cursos son obligatorios para tener derecho a ascender, lo cual se hace por competencia. Luego de Secretario de Tercera se asciende a Secretario de Segunda, Secretario de Primera, luego a Consejero, Ministro Consejero, Ministro y por último Embajador. Según el embajador Álvaro Moerzinger, el concurso es el sistema de ascenso más eficaz para la administración pública, pero para el administrado "genera muchos traumas, mucho estrés familiar", porque las pruebas son muy exigentes y porque son pocos los lugares disponibles para el ascenso. Los funcionarios del Servicio Exterior viven dos años en Uruguay y cinco fuera del país. En cuanto a las remuneraciones, en Montevideo los sueldos son bajos: un embajador gana $ 25.000. Los mayores sueldos se dan cuando el funcionario es enviado al exterior, ya que su ingreso se ajusta según el tipo de cambio del país al que es enviado a cumplir una misión. Actualmente, la mayor parte de los funcionarios del Servicio Exterior son diplomáticos de carrera, sólo el 20% de los embajadores fueron designados políticamente. La carrera diplomática exige dedicación exclusiva.