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"Cuento del tío": así es cómo una banda de delincuentes realiza la estafa

Es liderada por tres argentinos y un uruguayo. Ya están en prisión, pero utilizan a “subcontratantes” para ir a retirar el dinero a casas de ancianos.

Hombre usando el celular. Foto: Shutterstock
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La banda de estafadores de “cuello blanco” es liderada por tres argentinos y un uruguayo. Ya están en prisión por decenas de “cuentos del tío” en todo el país. Sin embargo, utilizan a “subcontratantes” para ir a retirar el dinero a casas de ancianos. Por lo menos cinco fiscales de Montevideo y del interior los han investigado. “Todos los días surgen denuncias por esta modalidad delictiva”, dijo el fiscal de Flagrancia Diego Pérez.

Los pasos realizados por los estafadores son cuatro:

El dato.

La banda realiza tareas de “inteligencia” dentro de los bancos para ubicar a clientes ancianos que manejan elevadas sumas en sus cuentas corrientes. También se detectó que la organización cuenta con la complicidad de funcionarios bancarios “corruptos” que pasan información a la organización sobre el número de la cuenta a atacar, si tiene seguro o no, y el monto de dinero que alberga, según dijo a El País una fuente del caso.

Tras un trabajo de prevención realizado entre la Fiscalía, la Policía e instituciones financieras, se logró frustrar múltiples maniobras al activarse los protocolos de seguridad, según informó la Fiscalía General de la Nación a principios de abril de este año.

La llamada.

En un contacto telefónico, los integrantes de la organización se hacen pasar por un familiar cercano.

Una vez que el interlocutor se ganó la confianza de la víctima, le dice, por ejemplo, que se viene el advenimiento de un próximo corralito bancario, que los billetes cambiarán de color o valor, o que requieren de su asistencia en dinero de forma inmediata. Con ello generan en la víctima una profunda alteración. Para hacer más creíble el timo, el delincuente le dice al anciano su número de cuenta, el nombre de la empresa aseguradora y cuánto dinero tiene en dólares y en pesos.

La extracción.

El delincuente le dice al interlocutor que no se comunique con nadie más y que se dirija rápidamente a la sucursal más cercana de su banco con el fin de retirar todo el dinero que tenga en sus cuentas, o que acondicionen el dinero que tengan en su poder.

La visita.

Minutos después del primer contacto telefónico, miembros de la organización concurren al domicilio de la víctima invocando ser funcionarios bancarios de confianza. Los individuos reciben el dinero y se retiran del lugar.

Días más tarde, el anciano o la anciana se encuentran con un familiar cercano. Le relatan lo del “corralito” y la llegada del “contador” o “el gerente del banco de confianza” que se les apareció para llevarse el dinero. En ese momento se enteran de que fueron engañados y ven que la organización delictiva se llevó los ahorros de una vida. Posteriormente, realizan la denuncia penal.

Nueva modalidad.

El miércoles 23, el fiscal Pérez logró la formalización de la investigación para uno de los integrantes de los “escalafones más bajos” de la banda. Se trata de un individuo con antecedentes penales por rapiña que admitió que estaba cometiendo un acto ilegal.

Según una fuente de la investigación, esta persona cobró el dinero de una de las personas a cambio de un porcentaje.

Su abogado defensor, Iván Almeida, llegó a un acuerdo con el fiscal Pérez de reparar el daño. “Entregó los $ 70.000 de la estafa y se le redujo la pena. Eso está contemplado en el Código de Proceso Penal”, dijo Almeida.

Según el fiscal Pérez, la organización cambió de modalidad. En el pasado, dijo, utilizaban a personas de la misma banda para realizar las tareas de recolección del dinero de la casa de las víctimas. “De esa forma se llegó rápidamente a los cabecillas de la banda. Ahora utilizan a personas ‘satélites’ con las que no tienen conexión, de modo de dificultar la identificación de a los líderes” de la organización, sostuvo Pérez.

En ocasiones también utilizaron personas indigentes o de escasos recursos para ir a levantar el dinero en las casas de las víctimas. “Les daban buenas ropas y los obligaban a cortarse el pelo para que pudieran hacer su papel y engañar a las víctimas”, dijo una fuente de la investigación policial.

La banda realizó decenas de “cuentos del tío”. Y, según supo El País, los tres líderes de la organización siguen delinquiendo desde la prisión.

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