El pequeño almacén tiene dos rejas antes de ingresar al local, pero la esposa de Julio César Olivera Lemos (53) reconoció a uno de los jóvenes como un cliente que ya había estado en el comercio y entonces le abrió.
Entraron dos hombres y unos cuatro quedaron en la vereda. Apenas ingresaron al local sacaron dos armas de fuego y gritaron que querían toda la plata.
La mujer llamó a su marido que estaba en el fondo. Julio preparaba un mate y llegó corriendo al frente con el mate y una bombilla en la mano.
Tal vez el brillo del metal confundió a los asesinos que pensaron que tenía un arma en la mano. Sin mediar palabra uno de ellos, el que tenía una escopeta de caño recortado, disparó al comerciante.
La bala atravesó el pecho de Julio. Mientras el comerciante caía herido de muerte los asesinos huían a pie sin llevarse nada. " `¿Escuchaste eso?`, me dijo mi mujer cuando estábamos acostados. Había sido como una especie de estampido seco. Le dije que deberían estar descargando una volqueta. Después escuchamos los gritos desesperados y las corridas. Cuando salimos no lo podíamos creer. En una camioneta se llevaban a Julio herido", contó a El País un vecino que vive en la esquina del almacén.
El barrio La Paloma, en el Cerro, se aprestaba a descansar en la fría noche del jueves pero el estampido y luego el horror sacudió a los vecinos que llegaron por decenas al comercio de Pasaje Uno 4527 y Camino de Las Tropas. Minutos después Julio fallecía cuando era atendido por los médicos del Centro Coordinador de Cerro.
Policías de la Seccional 24a. y de la División Homicidios llegaron al lugar y efectuaron un operativo para dar con los homicidas pero no se obtuvieron resultados. Ayer la investigación se orientó hacia la zona de Cerro Norte. Hubo varias personas indagadas pero ninguna en calidad de detenida.
Anoche, varios equipos de Homicidios continuaban intensamente la búsqueda de los asesinos. Se estima que los mismos son de la zona. No se descartan allanamientos para las próximas horas.
El adiós. Hacia seis años que Julio había puesto el comercio cuando había quedado sin trabajo en una empresa y pudo mantener a su familia trabajando de sol a sol. Tenía tres hijos; la más chica va al liceo. Ayer, a las 16 horas, sumidos en un dolor inefable, familiares y amigos lo despidieron en el cementerio del Cerro. A esa misma hora, un denso silencio dominaba la cuadra. En la puerta del comercio un papel pegado al pizarrón donde se anunciaban las ofertas avisaba ahora que el almacén estaba "cerrado por duelo".
No hubo vecino consultado por El País que no coincidiera en dos cosas: una que Julio era un hombre excepcional y la otra que el consumo de pasta base ha transformado al barrio en un infierno. "Ahora porque pasó esto y todos están en sus cuevas, pero a esta misma hora esto es una romería, lo ves pasar. Acá hay dos `bocas`, una está a media cuadra de almacén", dijo un vecino que vive a metros del comercio.
"`Juan, llevate lo que precises`, me decía cuando no tenía plata. Y no lo hacía solamente conmigo. Era un tipo `de la planta`. Yo vi muchas cosas en mi vida pero nunca me imaginé que iba ver algo así. Una familia destrozada de esta forma por unos enfermos", comenta el veterano Juan, un vecino que vive al lado del comercio y que acaba de llegar del velorio. "Lo llevaron en su camioneta, en la que él mismo había llevado a muchas personas que estaban enfermas en el barrio", comentó el vecino de la esquina.
Artigas
La policía de Artigas busca a dos hombres acusados del homicidio del profesor de francés de secundaria, Víctor Hugo Porciúncula, de 61 años, que apareció degollado en un campo del departamento. Se trata de un hombre de 38 años con antecedentes penales y otro de 36 de nacionalidad brasilera. Este hombre estuvo en la cárcel de Artigas y hace poco recuperó la libertad. En tanto, el propietario de un taller mecánico de la zona de Maroñas y una prostituta que trató de vender el auto del profesor asesinado están emplazados por la justicia de Artigas.