Bagdad - La insurgencia ha intensificado sus ataques contra las fuerzas de seguridad en Irak, donde 46 iraquíes y seis soldados estadounidenses murieron ayer, mientras las autoridades no descartan conceder una amnistía a los rebeldes que depongan las armas.
Hoy, una jornada particularmente sangrienta, diversos atentados dejaron 46 iraquíes muertos, 23 de ellos -en su mayoría soldados- en un ataque suicida en una base militar al norte de Bagdad y ocho policías a causa de un coche bomba en la capital.
Entre las víctimas iraquíes figuran también una decena de civiles, entre ellos dos niños, muertos por la explosión de una bomba artesanal al nordeste de Bagdad, según la policía.
La multiplicación de ataques también costó la vida a 17 soldados estadounidenses en la semana del 7 al 14 de junio.
Ayer, cinco infantes de marina estadounidenses murieron al estallar una bomba artesanal cerca de Ramadi (100 km al oeste de Bagdad), y un sexto pereció a causa de heridas recibidas en la misma región.
La muerte de estos seis militares lleva a 1.705 las bajas militares estadounidenses en Irak desde el comienzo de la invasión, en marzo de 2003, según un recuento de la AFP basado en informes del Pentágono.
En el norte, cuatro soldados iraquíes fueron heridos en un atentado suicida cometido el jueves a la entrada de una planta de la Compañía Petrolera del Norte en Kirkuk, según la policía.
Pese a la persistencia de los mortíferos ataques, el secretario de Estado para seguridad interior, Abdel Karim al Anzi, estimó posible una amnistía para los guerrilleros que depongan las armas.
"Puede que perdonemos a todo grupo armado que quiera dejar las armas e implicarse en la vida política", declaró el miércoles a la AFP.
Sospechosos encarcelados podrían también negociar su libertad mientras no hayan matado a miembros de las fuerzas de seguridad estadounidenses o iraquíes o a civiles, añadió Anzi.
El presidente Jalal Talabani fue el primero en plantear la posibilidad de una amnistía para los insurgentes al prestar juramento el 7 de abril. Sin embargo, enseguida relativizó sus palabras, indicando que quienes tuvieran "sangre iraquí en sus manos" no se beneficiarían de la misma.
El primer ministro Ibrahim Jafari dijo estar a favor de las negociaciones con los insurgentes, tras una implícita aprobación de la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice.
Por otra parte, el diario estadounidense Washington Post informó el miércoles sobre detenciones sumarias de cientos de miembros de las minoritarias comunidades árabe y de lengua turca por parte de los kurdos en el norte del país, con apoyo de fuerzas estadounidenses.
El Departamento de Estado desmintió toda implicación de fuerzas estadounidenses en esos hechos.
Mientras tanto, en Australia, el primer ministro John Howard calificó de "milagro" la liberación del empresario Douglas Wood, realizada por las fuerzas iraquíes durante un operativo de búsqueda de armas en Bagdad.
"Es un milagro que haya sido liberado, y reconocemos a los iraquíes todo el mérito", declaró Howard el jueves, al día siguiente de la liberación del empresario, secuestrado el 30 de abril.
AFP