DANIEL HERRERA LUSSICH
Monopoliza toda conversación. Es el centro de diálogo y discusión en los barrios de Montevideo y en la mayoría de las ciudades del interior: la inseguridad ciudadana. En cualquier rueda, apenas se intercambian los saludos, la gente empieza un inacabable relato de rapiñas, copamientos, robos, golpizas o balaceras que ha sufrido alguno de los presentes o algún conocido o amigo de los mismos. También comienzan a reiterarse los relatos fatales sobre víctimas que instantáneamente reaccionan y que los victimarios, muchos drogados, les tiraron a matar.
La delincuencia se ha incrementado y enquistado en Uruguay. Se difundió hace escasas horas la escalofriante cifra de que uno de cada tres uruguayos ha sido víctima de delincuentes. Hasta ahora se habían ofrecido por la vía oficial datos que marcaban una caída de ciertos delitos. Pero solo 24 horas más tarde se debió aclarar que existió un error de computadora y se había proporcionado información inexacta. La realidad de los números duplicaba los ofrecidos en la primera ocasión. La población se encuentra asustada y desorientada. Cuando llega la hora de observar la acción policial de prevención y represión recibe una respuesta decepcionante. En forma muy protocolar o por un mero comunicado escucha o lee consejos, casi paternales, para impedir o dificultar los robos o los asaltos.
ESTADO CONSEJERO. El ciudadano se encuentra ante el mundo del revés. Ha sido rapiñado, asaltado, golpeado, intimidado y recibe un cariñoso toque en la espalda de consuelo y las palabras de aliento de cómo debe actuar, protegiéndose a sí mismo. El Estado no se responsabiliza como en todas aquellas ciudades donde se ha terminado o disminuido la delincuencia, que tienen un concepto que por aquí jamás escucharemos: "Señor, señora, usted paga puntualmente sus impuestos, merece sentir que el Estado le brinda la protección debida. Usted observa inseguridad, nos comprometemos a vigilar y llevar adelante planes para impedir que actúen los delincuentes. Usted como contribuyente tendrá la vigilancia que toda la población merece para vivir en paz". Pero esa frase no va más allá de una ilusión.
Cuando los vecinos de un barrio, caso Punta Carretas, Pocitos Nuevo, Cerro, Centro, La Comercial, etc., deciden asumir su propia vigilancia y formar comisiones de control y seguridad, surge entonces el compromiso: "Estaremos presentes con vehículos y personal más asiduamente", prometen los jerarcas del Ministerio del Interior. Eso ocurre por unos días. Se quejan los vecinos que simultáneamente al refuerzo en una zona, disminuye la vigilancia en los barrios aledaños. Lo acaban de denunciar los pobladores de las calles un poco más alejadas del Shopping del Buceo. Allí, en Pocitos Nuevo, un grupo de vecinos decidió emprender la acción ante la inercia oficial. Ha formado una comisión que tomará "las riendas de la vigilancia". Se contratará seguridad privada, se instalarán garitas en el perímetro comprendido entre Echevarriarza, 26 de Marzo, Luis A. de Herrera, Pereyra de la Luz, Iturriaga y Antonio Costa. Los vecinos, por el momento, acentuarán los controles nocturnos, se comunicarán telefónicamente, utilizarán un sistema de silbatos e instalarán rejas y alarmas. Tendrán un pozo común, que sitúan en 2.000 pesos mensuales por hogar. Todos se han unido y están dispuestos a emprender una tarea que no les correspondería pero que asumen, frente a la falta de eficiencia de las autoridades.
MUJERES: ¡LAS CARTERAS! Otro modelo de operar de los delincuentes, normalmente menores, se vive cuando el automóvil (especialmente cuando lo conducen mujeres), está obligado a detener la marcha por la luz roja de los semáforos de salida del Centro o Cordón hacia la Rambla. Dos señoras, la semana pasada, en solo 24 horas, fueron víctimas de sorpresivos ataques. Les destrozaron el cristal de la ventanilla del acompañante y les arrebataron la cartera con todos los papeles, dinero, celular, etc.
Esos cruces también son centro de discusiones, a veces violentas, entre conductores y los limpiaparabrisas por las propinas. La mismísima Policía reconoce la realidad y los detalles trascienden por el relato de decenas de víctimas. Una de ellas recordaba que se "prendió" de la cartera y en el tironeo con el ladrón, un muchachón de 16 o 17 años, le lastimó el brazo.
La gente estimaba que desde ese momento, ante tanta resonancia pública, las esquinas ofrecerían mayor seguridad, pero a las pocas horas los mismos muchachones estaban alegres en las cercanías. ¿Cuál fue la recomendación sugerida por las autoridades? Se difundió un comunicado aconsejando a las mujeres "esconder" las carteras en la valija del vehículo o debajo del asiento del conductor. Y entre las sugerencias se indicaba que estudiaban acortar el tiempo de posición de la luz roja para agilitar el pasaje por esas esquinas. La posibilidad de acentuar la vigilancia no se incluía en esa suerte de manual para el tránsito femenino. Sin duda otro ejemplo del mundo del revés. El Estado consejero y el ciudadano atento a prevenir y reprimir.
AHORA, ACUERDO. Queda pendiente lo que sucederá con el inefable alcalde Luis Luján (FA) que, ante el recrudecimiento de la delincuencia en Punta Carretas, argumentó: "Es una zona donde hay mucha plata. Con propiedades muy caras, con autos muy caros. ¿A dónde van a ir los chorros?... Es algo lógico y de sentido común".
El hombre, inspirado, sin duda, no objetó en ningún momento la ola de delitos en las zonas a su cargo, ni habló de combatirlos ni tampoco mencionó que los "chorros", como los define, están en todos los barrios, en todos los rincones y a toda hora. No miran si hay más o menos riqueza o pobreza; la inseguridad ciudadana castiga a todos por igual. Luján será interpelado para que aclare sus dichos.
Casi simultáneamente la huelga de la Salud y la crisis en ASSE obligaron al presidente José Mujica a salir a los medios para criticar el caos administrativo y destacar que todo surgía de la falta de recursos para proveer vacantes, debido a que habían sido utilizados para pagar a los anestesistas cuando estaban en conflicto.
A las pocas horas, el ministro de Salud, Jorge Venegas, salió al cruce del mandatario indicando que padecía de un error de información.
En tanto, Mujica había destituido al Gerente General y al Gerente Administrativo de ASSE, designado a sus sustitutos. Pero se trató solo de un cambio de asientos: los renunciantes, públicamente objetados en su gestión por Mujica, pasarán a ocupar otras gerencias. Sin duda que vivimos el mundo del revés.
Queda una esperanza. Mujica convocó a los dirigentes de la oposición para estudiar un acuerdo nacional sobre la Educación y analizar los eventuales efectos de la crisis económica mundial.
La idea fue lanzada hace unos días por el senador nacionalista Jorge Larrañaga. Luis Lacalle, en un programa periodístico, remarcó que aceptaría "cualquier acercamiento con el gobierno que beneficiara al país", más o menos en los mismos términos se expresó el líder colorado, senador Pedro Bordaberry, y también se sumarían los independientes.
Esperemos que la idea fructifique y no se agregue a los centenares de idas y venidas presidenciales, lanzando una sugerencia para olvidar otra. Aquello de como "digo una cosa, digo la otra" ya no despierta sonrisas.