EL FINAL DE KIKI: HISTORIA DE LA OTRA VÍCTIMA

Huyó de la crisis venezolana y lo golpeó la inseguridad en Uruguay

Guardia baleado en el súper llegó en noviembre; era el sostén de su familia.

Vecinos de La Blanqueada dejaron flores en memoria de Florencia Cabrera. Foto: F. Ponzetto
Vecinos de La Blanqueada dejaron flores en memoria de Florencia Cabrera. Foto: F. Ponzetto

El guardia de seguridad venezolano José Enrique Sánchez, baleado a quemarropa el sábado pasado por "Kiki" Pastorino en el comercio Súper Vero, permanece en el CTI del Círculo Católico en estado reservado con un proyectil alojado en la médula espinal.

Según supo El País, el balazo también afectó sus pulmones. Si bien su diagnóstico varía de manera permanente, fuentes cercanas a la familia aseguran que su movilidad está "comprometida". Podría quedar inválido.

Sánchez, de 59 años, llegó hace tres meses a Uruguay. El vínculo con esta tierra nace a partir de su yerno uruguayo, que se fue a vivir a Venezuela cuando tenía cuatro años. Allí, en Isla Margarita, vivió toda la vida y conoció a Gisela —hija de Sánchez—, se casó y tuvo dos hijos. Hace tres años, en medio de una creciente crisis económica y de seguridad en este país, ambos decidieron emigrar a Uruguay.

El año pasado vino la esposa de Sánchez, y hace tres meses, a fines de noviembre, recaló el hombre. Por la dificultad económica de movilizar a toda una familia de un país a otro, la mudanza fue lenta.

"Ellos vienen buscando paz y trabajo, quieren hacer una vida normal, algo que en su país no consiguen por la crisis económica que están padeciendo. Y vienen acá esperando encontrar algo diferente de la inseguridad que sufrían allá. Lamentablemente no fue así", contó a El País Roberto Gossi, abogado de la familia.

"Buena gente".

José Sánchez vino por los mismos motivos que todos: seguridad, comida, mejor calidad de vida", comentó Diego Cabrita, directivo de Manos Veneguayas, una organización fundada el año pasado, cuyo objetivo es ayudar con medicinas, alimentos, ropa y contención emocional a los venezolanos que recalan en Uruguay.

Cabrita calificó a José como un hombre de "buen ánimo, simpático y muy buena gente". "Tiene valores laborales, quiere tener un trabajo estable para ahorrar", agregó.

Sánchez trabajaba como electricista y nunca se dedicó al rubro de la seguridad en Venezuela. Como cientos compatriotas suyos que llegan al país, primero buscan un empleo que genere ingresos "rápidos", luego logran asentarse para conseguir finalmente un trabajo en el rubro de su profesión.

Hace un par de semanas, Sánchez —que vivía en el Centro de Montevideo y hace poco se mudó a La Paz, Canelones— apareció en la sede de Manos Veneguayas, en la calle Maldonado, con el objetivo de intercambiar experiencias con otros venezolanos. "No vino por ropa, sino por contención emocional (...) Ayudamos a personas que están afectadas por dejar el país, dejar todo y convertirse acá en otra persona. El encuentro fue más que nada para conocernos entre coterráneos y compartir cómo está Venezuela", agregó Cabrita.

Como el hombre era el sostén económico de la familia, la ONG abrió una cuenta en Abitab para colaborar: 85168, a nombre de Gisela Sánchez.

Más guardias.

Tal como sucede con José Sánchez, son cada vez más los venezolanos que llegan a Uruguay buscando nuevas oportunidades tras huir de la crisis de su país. Una de las opciones es trabajar en empresas de seguridad privadas. Una de esas compañías dijo tener "un número interesantes de venezolanos en su planilla", aunque por tratarse de una compañía de alta seguridad, prefirieron no dar la cifra exacta.

"Se presentan a un llamado como cualquier trabajo, reúnen las condiciones y son personas que se les hace un test psicológico importante y han resultado ser excelente trabajadores, no solo por sus capacidades sino sobre todo por la actitud que tienen de trabajo", dijeron desde una de las compañías.

Otra empresa admitió que la presencia de venezolanos "es una tendencia creciente".

Éxodo.

Sánchez es uno de los 98.069 venezolanos que ingresaron a Uruguay entre 2012 y 2017, según los datos de la Dirección Nacional de Migración de Uruguay.

A lo largo de esos 5 años los ingresos con respecto a los egresos han ido aumentando cada vez más. En 2012, de los 17.720 que ingresaron, 177 se quedaron en Uruguay. En 2014 la cifra aumentó a 1.274, en 2016 a 2.758 y en 2017 la cifra de venezolanos que se quedaron se ubicó en 3.173.

Uruguay se encuentra en octavo lugar entre los países que más venezolanos recibieron desde que estalló la crisis, según las estimaciones de Forbes: en primer lugar está Colombia con 100.000, seguido por Panamá con 79.000, España con 73.747, Estados Unidos 29.250 (con petición formal de residencia), Argentina: 27.075 (con petición formal de residencia), Brasil con 12.000 (con petición formal de residencia), Perú con 11.500, Uruguay con 6.615 y México con 1.400 (con petición formal de residencia).

Solidaridad.

Vecinos de La Blanqueada que viven en el entorno del comercio Súper Vero dejaron flores en memoria de Florencia Cabrera, la cajera asesinada por "Kiki" Pastorino. El guardia venezolano llegó hace tres meses a Uruguay y buscaba asentarse con su familia. En Venezuela trabajó como electricista y el primer trabajo que pudo encontrar en el país fue el de guardia de seguridad. José Enrique Sánchez había acudido a la ONG Manos Veneguayas para conocer a compatriotas que habían emigrado igual que él por los mismos motivos. Esta organización (abajo) abrió en las últimas horas un colectivo Abitab (85168) para ayudar económicamente a la familia.

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