Manejan fórmulas para enajenar el San Rafael y devolverle el esplendor

El hotel que perdió sus estrellas

El emblemático hotel que lleva el nombre del barrio San Rafael de Punta del Este apenas se mantiene activo en el área de alojamiento, pero solo con quince habitaciones disponibles para gente de alguna forma allegada al hotel.

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En 2011 ofrecieron US$ 30 millones pero la venta no se concretó. Foto: Archivo.

Alrededor de otras 120 habitaciones continúan clausuradas y los servicios están todos desactivados, desde el restorán hasta el spa o las piscinas cerradas y climatizadas que se inauguraron en 1991, cuando se hicieron las últimas obras, en ampliaciones que abarcaron más de 2.000 metros cuadrados.

Los deterioros ahora son muy visibles en techos y buhardillas. La falta de tejas pizarra y la degradación de maderas avanza mientras aparecen agujeros por donde penetra el agua de lluvias provocando humedades internas. Estas condiciones fueron puestas en evidencia en un informe divulgado inicialmente en el blog Casas en el Este. 

El cierre del casino en 1997 resultó un primer empujón para el declive progresivo, que se agudizó al ser bajada la categoría del establecimiento de cinco a tres estrellas. Hoy, sin poder lucir ni una de éstas, sería la locación perfecta para un film al estilo de El resplandor.

Foto: Archivo.
Foto: Archivo.

El San Rafael tiene 15.000 metros cuadrados construidos sobre dos hectáreas y media, en la rambla de la playa Brava. Se ubica a 130 kilómetros de Montevideo y a uno del aeropuerto El Jagüel. Junto al hotel hay 11 terrenos que conforman el predio perteneciente a la sociedad Fosara (Fomento de San Rafael). En 2011, un grupo inversor extranjero, conformado por capitales argentinos y de Estados Unidos, había hecho un preacuerdo con los propietarios del San Rafael para adquirir las instalaciones y tierras por más de US$ 30 millones.

Se pensaba reconstruir la estructura del complejo y habilitar otra vez un hotel cinco estrellas con casino, que sería gestionado por una cadena hotelera internacional. Sin embargo, la operación no terminó concertándose.

En 2005, la empresaria Yolanda Manoukián de Merlo, directora de la sociedad propietaria recordó en la Comisión de Turismo de la cámara de diputados su disgusto por la falta de contemplaciones hacia el San Rafael de parte, por ejemplo, de la Dirección de Casinos, y también estableció que hubo hoteles que recibieron distinto trato, como ser en las tarifas de luz. Entre el casino, el hotel, la boutique, la peluquería y todo el complejo hotelero del San Rafael llegaron a trabajar 500 empleados.

Estado legal.

El hotel no se encuentra inscripto como alojamiento en el Ministerio de Turismo, confirmó a El País el subsecretario de la cartera Benjamín Liberoff.

"Los que no están inscriptos funcionan por fuera del sistema; podrán alquilar como yo un cuarto en una casa; desde ese punto de vista no debe haber ningún inconveniente", sostuvo Liberoff.

En la Asociacion de hoteles y restaurantes del Uruguay se informó a El País que el San Rafael no figura tampoco entre sus socios.

Un contacto con encargados del hotel permitió conocer que hay negociaciones "con gente que llegó a interesarse". Pero aunque se manejaron varias fórmulas para la enajenación no existe nada concreto. "Estamos a la espera de que suceda algo, puede darse de pronto o quién sabe", declaró a El País otra fuente del hotel.

Lujos de antaño.

El complejo fue inaugurado el 11 de diciembre de 1948. La construcción demandó tres años y su diseño se vincula al estilo Tudor, visible en las casas de campo inglesas, bastante sofisticado, con reminiscencias góticas y signos que aspiran a revelar riqueza, techos empinados, chimeneas de ladrillo, y maderas lujosas en paredes sobre todo de las amplias recepciones.

En los años de gloria, el San Rafael vio desfilar por sus salones a cientos de celebridades extranjeras como el rey de España Juan Carlos y la reina Sofía, el astro del fútbol Pelé, el bailarín ruso Godunov, los presidentes norteamericanos Johnson y Nixon, Ernesto "Che" Guevara y el empresario Nelson Rockefeller. Fue al mismo tiempo sede de reuniones internacionales en el salón gótico de 750 metros cuadrados, con capacidad para 2.000 personas.

En su boite "Le Carrousel", que tenía dos salones, uno para 250 personas y el otro para quinientas, actuaron Xavier Cugat, Vinicius de Moraes, Lola Flores, los Lecuona Cuban Boys y muchas más estrellas.

Nostalgias.

El hotel construido por una sociedad de 380 accionistas que convocó a ricos y famosos (desde el mundo del cine al empresario, el musical o el político) presenta patologías severas en algunos salones como el del casino, cerrado desde 1997. De las más de 120 habitaciones solo están habilitadas quince y los clientes son casi amigos o allegados. En los techos se ve la falta de tejas pizarra, afectación de entramados de madera y huecos por doquier.

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