Ana Maria Abel
El domingo fue el Día Internacional de la Mujer, pero para la mayoría de las homenajeadas, se empañó la celebración por el anuncio de lo que sólo unas pocas consideran "adelanto científico": LA Fertility Institutes dice estar en condiciones de ofrecernos en el 2010 hijos "a la carta".
Constatamos también y correlativo con estos "adelantos" que las madres, primerizas o no, viven ilusionadas su embarazo sin querer conocer si es varón o nena hasta el parto, algo que el buen uso de las modernas tecnologías puede avanzarles. Otras prefieren saber de antemano si esperan un varón o una niña: opciones por igual de válidas y que respetan el natural desarrollo de la nueva vida.
Ante la noticia de los bebés "a la carta" nos planteamos como padres si escoger los rasgos de un hijo no es acaso equipararlo a un objeto. Es lógico que no nos dé lo mismo el color de un pantalón o la hechura de un vestido de fiesta; en esos casos, es sensato que elijamos detenidamente la textura de la tela, o el color y la línea así como los adornos y complementos, porque además, vamos a tener que pagar bastante.
Desembolsar una gran suma de dinero por el capricho y frivolidad de pretender definir nosotros el color del pelo, de los ojos o la tonalidad de la piel de un hijo mediante técnicas reproductivas "de avanzada" ¿no suena a confiar más en un catálogo de niños prefabricados que en la sabiduría de la naturaleza? ¿Estamos tan desconformes con nuestro físico o el de nuestro cónyuge que no queremos que se parezca a ninguno de los dos?
Elegir hijos a la carta es una exaltación del egoísmo y la frivolización de la paternidad y maternidad. ¿Dónde nos está conduciendo el progreso de las ciencias? Dogma forjado en el S. XIX demostró ser capaz a lo largo del S. XX de lograr algunos adelantos, pero también mató a millones de seres humanos en dos guerras mundiales.
¿Quién nos asegura que las manipulaciones de los rasgos estéticos harán que nuestro hijo sea más saludable, más virtuoso o triunfe en la vida? ¿Cuántos embriones morirán en el intento?
Médicos involucrados en estas noticias utilizan el eufemismo de la llamarla "medicina cosmética" y aclaran: "no se garantiza una predicción perfecta en características como el color de pelo o de ojos". A padres con un mínimo de sensatez estas noticias nos asustan: las vemos como paso peligroso, antesala de la eugenesia a la carta. La revolución de las biotecnologías crea además problemas a los que hay que enfrentarse, ya que el boom de lo novedoso encubre el peligro de intervenciones espurias del genoma humano. (flia@iuf.edu.uy)
Demagogia con los hijos.
Con los hijos se puede hacer demagogia, opina el educador chileno Diego Ibáñez: cada vez que no les recordamos sus deberes, justificamos sus errores, les damos la razón desautorizando al profesor o al cónyuge. Quedamos bien con el hijo, pero se le hace un serio daño.
Equilibrio emocional y deporte.
El ejercicio físico al facilitar la relajación ayuda también a disminuir el umbral de irritabilidad. Por eso aunque por temperamento algún hijo no sean proclive al deporte no los eximamos de su práctica sin justificadas razones. Por el contrario, estimulemos el esfuerzo por realizarlo.
La perseverancia como valor.
La perseverancia es alcanzar lo que se propone y buscar soluciones a las dificultades que puedan surgir. Es un valor fundamental para obtener un resultado concreto. Con perseverancia se obtiene la fortaleza y esto nos permite no dejarnos llevar por lo fácil y lo cómodo. (Guía infantil)
El famoso "hijo de en medio".
No es cierto que el hijo de en medio tenga traumas relacionados con el sentimiento de ser "invisible" porque no cuenta desde que llega el siguiente hermano. Los padres son pieza clave si tienen claro lo irrepetible del temperamento de cada hijo y sus potencialidades.