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La hazaña de lo (im)posible

El mito de Maracaná, si lo es, o el costado legendario de aquella conquista que en la historia del fútbol mundial nadie ha siquiera igualado, lo plantaron, regaron e hicieron crecer por años y años, los brasileños; no los uruguayos; sobre todo en el transcurso del siglo pasado.

La hazaña del Maracaná. Foto: Archivo El País
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La hazaña del Maracaná. Foto: Archivo El País
La hazaña del Maracaná. Foto: Archivo El País
La hazaña del Maracaná. Foto: Archivo El País

Es que, quizá, quienes fueron testigos del "Maracanazo", aunque no haya sido más que a la distancia, transmitieron a las generaciones que les sucedieron parte de las sensaciones y los sentimientos que despertó en Uruguay el mundial jugado en Brasil hace 65 años.

En ese sentido es posible afirmar que la propia forma de ser, sencilla, modesta, de la mayoría de los protagonistas de aquel triunfo extraordinario haya colaborado, en parte, para que el mismo se celebrara enseguida en forma muy efusiva, con una verdadera "pueblada". Pero con el paso del tiempo el fútbol uruguayo debería cosechar unos cuantos resultados desfavorables para que acá se valorara con exactitud la dimensión real que tuvo aquel batacazo.

Es cierto, "jugamos 10 veces más y en 9 ganan ellos", dijo años después Juan Alberto Schiaffino; pero seguir a pie juntillas ese pensamiento, puede hacer que se corra el riesgo de minimizar el real poderío de aquella selección celeste, que no ganó la final del 16 de julio de 1950 por el mero fruto de las circunstancias.

Yendo atrás en el tiempo: en lo previo, para los celestes era brava la mano, y no solo porque el local era campeón con el empate; desde 1940 hasta mayo de 1950, Brasil y Uruguay se habían enfrentado 14 veces, Uruguay ganó solo tres, de las cuales dos fueron en Montevideo, mientras que Brasil se impuso en 11 —varias por goleada— y se registraron tres empates.

Sin embargo, había un "pequeño gran" detalle para no dejar de lado: en mayo de 1950, casi los mismos equipos que dos meses más tarde jugarían la final de Río de Janeiro, jugaron dos partidos en Brasil por la Copa Barón de Río Branco; y si bien el local ganó 3 a 2 la revancha en el estadio carioca de São Januario, los celestes vencieron por 4 a 3 en el cotejo disputado en el Pacaembú de San Pablo.

De manera que el abordaje de Maracaná era muy difícil para Uruguay; aparte de que, en el marco del Mundial, los celestes llegaron a la final jugando regular, y los brasileños, en cambio, goleando y gustando.

En los días actuales se diría que "la memoria colectiva" jugó a favor de los uruguayos, que sabían cómo controlar a un gran adversario, y que hasta había una manera de ganarle; pero lo que vale es que, con clase y coraje, la encontraron: solo —y también nada más y nada menos— repitieron lo que habían hecho dos meses antes.

Quizá es por eso que el mito de Maracaná, o su costado legendario, lo plantaron, regaron e hicieron crecer los brasileños; no los uruguayos.

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