V. RUGGIERO Y J.L. AGUIAR
El verano pareció empezar recién ayer en Punta porque las playas se veían colmadas por primera vez. El sol brilló toda la jornada y los 28 grados se hicieron sentir. Tomar sol, bañarse y disfrutar de un trago en la arena fue casi obligatorio.
Las playas del principal balneario uruguayo fueron el mejor termómetro para marcar que la temporada empezó. Para muchos de los turistas que llegaron al Este después de Navidad, el de ayer fue su primer día de playa. Vendedores ambulantes, que copan la costa, también empezaron a trabajar. Los paradores, alquileres de sillas, sombrillas y elementos para deportes acuáticos funcionaron a full.
Los brasileños, europeos y norteamericanos son mayoría en la playa Mansa. En la Brava, priman los argentinos y los jóvenes. Las más frecuentadas por famosos siguen siendo las playas Bikini, Manantiales y Montoya y, un poco más alejadas, las de José Ignacio.
Como la temporada 2010 recién está empezando nadie predice aún cuál será la playa top del verano. "Va a ser alguna de las que está alejada del centro de Punta. La que elijan los famosos y las empresas para sponsorear", comentaron empleados del parador de la playa La Olla.
Pescado y mariscos son los platos preferidos para comer en todas las playas del balneario. Dentro de la comida rápida, el choclo y los panchos son los seleccionados, sobre todo por los jóvenes. El mojito y la caipiriña son los tragos elegidos y el agua y los refrescos son los recursos para "matar" la sed.
Diego Rodríguez, dueño del parador "Porto 5" en la Mansa, comentó que los comensales que llegan al lugar cada vez más eligen platos frescos y de bajas calorías.
"No importa si son hombres o mujeres, jóvenes o veteranos. Por eso estamos apostando con fuerza a una cocina mediterránea y al servicio de mozos en la playa que le permite a la persona comer a orillas del mar", explicó.
Rodríguez comentó que el atardecer es lo emblemático en la Mansa y que es el espectáculo que muchos eligen ver al final de la jornada.
Otra de las atracciones que tiene la playa, a la altura de la parada 4, es el alquiler de motos de agua, esquíes y el paseo en banana. El alquiler de los dos primeros es por 15 minutos o media hora, y no se hacen promociones de varios días. Andar 15 minutos en una moto de agua o en esquí no sale menos de $1.000 en ninguno de los puestos que ofrece el servicio a lo largo de la costa.
La Mansa tiene, junto a las rocas que marcan la parada 1, la playita más solitaria de todo el balneario: apenas unos pocos metros cuadrados de arena donde escasos veraneantes acuden sólo a tomar sol o disfrutar del aire marino bajo la sombra de algunas palmeras. Es raro ver a la gente bañarse en esas aguas.
Hacia la brava. El Emir, la playa del surf, tenía ayer pocos lugares con arena disponible para instalarse a tomar sol. Los guardavidas tocaron varias veces el silbato durante la tarde porque la bandera estaba roja y había más de 20 surfistas aprovechando las olas.
La playa es más bien familiar porque, por lo general, es a la que baja la gente de los edificios vecinos. Se colma de jóvenes cuando el mar está adecuado para practicar el deporte de la tabla que caracteriza desde hace años a esta playa.
La escuela de surf que allí funciona está a pleno dando cursos. Diego, uno de los dueños del local, comentó que se da clase a niños desde 4 años y a adultos mayores de más de 60 años. "Por lo general, los que más se acercan son niños porque los padres les buscan actividades para hacer en vacaciones y porque además los pueden dejar tranquilos, sabiendo dónde están y que están cuidados", comentó
Los cursos son individuales, de una hora, y tienen un costo aproximado de 500 pesos.
"Por lo general la gente toma cinco clases. La cantidad de instructores que trabajan en un día varía mucho dependiendo del clima y de cómo está el mar. Un día como hoy tenemos 6 ó 7 instructores varias horas del día en el agua", explicó.
VENTA. Ropa, accesorios, alimentos, bebidas, helados, diarios y hasta el 5 de Oro se puede conseguir mientras se toma el Sol en la arena. Desde hace algunos años los vendedores ambulantes coparon las playas de Punta del Este. En su mayoría empezaron ayer a trabajar y son lugareños. Roberto vende sombreros de paja de arroz en la playa desde hace diez veranos. Durante el resto del año es pintor. Dice que en un buen día llega a vender veinte sombreros, pero quince es el promedio. Los precios van desde los $300 hasta los $500.
"Para nosotros es fundamental el buen clima. Si el día está lindo bajo a las 10 y subo a las seis de la tarde. De mañana hago la Mansa y la Brava, y de tarde Solanas", aseguró.
Esther, en cambio, vende vestidos y camisas importadas de la India y de industria uruguaya. Cuenta que los argentinos son los que más compran y los brasileños suelen regatear el precio. "Aunque el cambio ahora les favorece, son más codito", comenta entre risas.
Hacia la barra. Las playas Bikini, Montoya y Manantiales siguen teniendo la mayor convocatoria de los veraneantes más sofisticados de Argentina y Brasil.
Los cuerpos más bronceados y los accesorios más sofisticados se dan cita al mediodía bajo sombrillas que no desentonan en diseño y calidad. Hasta las mascotas caninas que bajan a la playa con sus dueños tienen el pedigree acreditado.
No se ven, a simple vista, vendedores ambulantes ni hay instalaciones de recreo: todo se reduce a disfrutar del mar azul, las olas perfectas y la arena extremadamente limpia.
Hacia el extremo del departamento, José Ignacio sigue manteniendo ese encanto que le confieren sus calles de tierra, sus casas de diseño y su población habitual de famosos.
Sus playas, sin embargo, se van transformando un poco cada año con la llegada de mayores cantidades de turistas y hasta han hecho aparición los primeros vendedores ambulantes. No transitan entre los bañistas, como en otras playas, sino que han instalado sus puestos de telas exóticas y sombreros de paja en la última línea, alejados del mar.
"Esto se está pareciendo cada vez más a la Punta", dice uno de los veraneantes tradicionales de José Ignacio, aunque otros están convencidos de que el pintoresco lugar con su emblemático faro seguirá manteniendo su estilo durante muchos años todavía.
Los deportes acuáticos son los principales atractivos de las playas.