En febrero de 2004 cinco amigas veinteañeras caminaban al atardecer por la playa. Estaban en Punta del Este pero habían ido a pasar el día a José Ignacio. Al caer el sol empezaron a caminar hacia el este entre bromas y disquisiciones más o menos existenciales. Cuando las amigas volvían caminando rumbo a José Igancio, una de ella dio un respingo y gritó: ¡Una botella con un mensaje! Corrieron a la orilla y, efectivamente, había un botella verde, con un corcho y gastada por el roce con la arena y las piedras, con un papel escrito en el fondo. Fiorella Santo, de 21 años, que fue quien la vio y corrió hacia el hallazgo, contó que: "La botella, aunque estaba tapada, tenía algo de agua adentro y un hoja de un libreta de apuntes con un texto. Fuimos a una rocas, rompimos contra ellas la botella y vimos que el texto era bastante real".
EL SAGA ROSE. El "mensaje de la botella", con algunos borrones producidos por el agua, decía, en inglés: "Esta botella fue lanzada al mar desde la embarcación Saga Rose aproximadamente 70 millas al Este de Montevideo, el día 22 de enero del 2004. Estaríamos muy agradecidos si quien llegase a encontrarla nos enviara una nota diciendo dónde y cuándo fue encontrada. Muchas gracias. Ken Grieves. Anne Grieves".
Fiorella, que es maestra de inglés, se guardó el mensaje en su casa, pero meses después una de las directoras del colegio donde trabaja, el Saint George’s, la alentó a hacer algo con ese documento. "Me pareció una pequeña maravilla. Dos ingleses tiran al mar una botella con un mensaje y en la costa, un mes después, justo lo encuentra una maestra de inglés", dijo María Isabel Varela, codirectora del Instituto.
La docente le contó su hallazgo a los alumnos de preescolares y 5o. año de primaria. Los más chicos escucharon con los ojos bien abiertos y quedaron encantados con la historia. Los más grandes dudaron de su veracidad y una y otra vez le decían a la docente que no era más que una técnica para motivarlos. Los niños produjeron una docena de dibujos y siete cartas para esos viajeros ingleses que tiraron la botella al agua. En las cartas se presentaban, les hablaban del Uruguay y en los dibujos se veía el barco que ellos se imaginaban como originario del mensaje. "Usamos el episodio para ejercitar el inglés, pero también para hablar de la comunicación entre la gente" dijo Fiorella Santo.
COLORES Y LETRAS. Las cartas y dibujos salieron desde el Saint George’s School de la calle Guayaquí a fines del año pasado, y el 18 de febrero llegó la respuesta de los viajeros ingleses. Y algo más. Porque Kenn y Anne Grieves, que viven en una granja en Forest of Dean, al sur de Inglaterra, fueron a la escuela más cercana y mostraron a sus alumnos las cartas y dibujos que recibieron como respuesta al mensaje que tiraron al mar. Así, los niños del Cheltenham College Junior School, una zona minera que durante años estuvo abandonada y ahora ha sido reforestada y ha recuperado su vitalidad, tuvieron los testimonios de un país que no figuraban en su mapa.
Los autores del mensaje inicial, Ken y Anne Grieves, mandaron ahora, recurriendo finalmente al correo y no a nuevas botellas, varias fotos de su localidad, un mapa de Inglaterra ubicándola (está al suroeste, cerca de Hereford), una postal del colegio que de golpe descubrió al Uruguay y una carta contando quiénes eran los "misteriosos" autores del mensaje embotellado. Los Grieves viven en la casa de lo que fue una enorme granja. "Nos sentimos muy emocionados al recibir las cartas y las fotografías de los alumnos, al igual que los maravillosos dibujos de la embarcación Saga Rose: y todo por haber lanzado una botella al mar embarcados en algún lugar de la costa argentina. Aunque no teníamos idea de dónde iría a parar la botella, imaginábamos que tal vez lo haría en la costa de Africa o quizás en el sur de Europa. Debe de haberse tratado de una botella local que decidió quedarse en Sudamérica..." escribió, ahora en tierra, Ken Grieves a la docente uruguaya y sus alumnos.
Ahora Fiorella Santo espera el inicio de las clases para mostrarle a sus alumnos pruebas irrefutables y tangibles de que, cuando hay buena voluntad, la gente puede comunicarse.