Guitarras que cautivan al mundo

Luthiers. Casi nadie los conoce, pero sus instrumentos seducen a miles. Y son uruguayos

2007-09-26 00:00:00 500x500

ANDRÉS LÓPEZ REILLY

Es difícil de creer, pero hay reconocidos músicos internacionales que prefieren las guitarras de luthiers uruguayos, un puñado de perfectos desconocidos. Entre ellos hay concertistas clásicos con oído refinado: nadie les vende gato por liebre.

Cuando Milton Wynants ganó una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y volvió a colocar a Uruguay en el medallero, luego de 36 años, nadie comprendía cómo competía a ese nivel si entrenaba en las calles y rutas de Paysandú, no tenía auspiciantes y usaba una bicicleta que cualquiera podía comprar en un negocio.

Es un ejemplo de que desde Uruguay se puede obtener destaque internacional, aun en disciplinas donde los recursos son escasos o inexistentes.

Con la violería -el arte de hacer guitarras- pasa algo parecido. Hace muchos años que la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari de Montevideo funciona en Durazno 1577. Pocos conocen, sin embargo, que allí se desarrollan completos curso de construcción de instrumentos que duran dos años.

Como en el resto de la educación pública no hay matrícula ni cuotas mensuales. Y junto con los conocimientos, los estudiantes se llevan una guitarra, fabricada con sus propias manos.

"En Argentina hay un curso de fabricación de instrumentos que dura cinco años; para empezar, se hace una guitarra y un charango; pero principalmente está enfocado a la construcción de instrumentos de arco. En Venezuela ocurre lo mismo con el Centro Académico de Luthería (CAL), dedicado a instrumentos de arco, en el que los alumnos hacen alguna guitarra de casualidad, pero muy mala", pinta el panorama Juan Carlos Alves, profesor de violería de la escuela Pedro Figari.

Su hijo, Carlos Alves, también es docente en el curso. Y ambos, además de luthiers, son respetados concertistas. "El curso es único en Sudamérica", asegura Juan Carlos Alves, mientras alza su voz sobre un chirriante sonido de sierra que se utiliza para cortar madera.

DESDE LOS 15. En la escuela se dictan otros talleres de arte: cerámica, joyería, talla en madera, serigrafía, engarzado, dorado y laqueado a la hoja, dibujo y pintura, cuero y escultura y demás materias curriculares.

Estas disciplinas están a cargo de medio centenar de docentes especializados en las distintas artes y oficios, y la calidad de los cursos es de tal nivel que se llenan los 1.000 cupos que se abren cada año y queda gente afuera.

Para ingresar solamente se necesita haber terminado la Primaria y tener 15 años cumplidos. Así, la escuela Pedro Figari en un centro de lo más heterogéneo, en el cual coexisten personas de todas las edades y condiciones socioculturales.

RECURSOS. Los materiales para la fabricación de las guitarras pueden tener diversos orígenes: un viejo mueble que se obtiene en una subasta, una puerta de buena madera que alguien desechó, un viaje a Argentina, donde siempre es posible comprar tablones a un precio conveniente. Actualmente, el curso de guitarras tiene 60 alumnos, aunque se anotan unos 80 por año, por lo que muchos quedan en lista de espera.

Juan Carlos Alves sostiene que "el curso tiene bastante importancia", aunque por falta de recursos y publicidad, "y por las situaciones que ha atravesado el país", no ha tenido mayor trascendencia.

"Pienso que podría ser un curso de nivel internacional, al que podría venir gente de otros lados a estudiar", señala.

Aun como docente, Alves no ha cesado en su búsqueda de conocimientos: "Lo básico me lo dieron los maestros, pero lo demás lo obtuve investigando, junto con mis alumnos y mi hijo. Siempre estamos probando diferentes sistemas y maderas, y viendo qué es lo que hacen los luthiers en otros lados del mundo", afirmó.

Alves lamenta que el curso, que antes duraba tres años, no ha obtenido los respaldos necesarios para crecer.

"En determinado momento propusimos una investigación para asegurar los conocimientos sobre la construcción acústica de la guitarra. Nos apoyaron del Fondo Nacional de Música y del Fondo Capital de la Intendencia de Montevideo, pero no se juntaron los fondos que necesitábamos. También nos apoyaron los guitarristas Eduardo Fernández y Abel Carlevaro, que hicieron notas elogiando nuestro trabajo, pero no obtuvimos los recursos que exigía el proyecto", indicó el docente.

José Luis Alves también se lamenta porque algunos maestros "ocultan conocimientos" a sus alumnos y porque los pocos luthiers que hay en Uruguay, en muchos casos "no se llevan".

"Podríamos hacer una asociación de luthiers. Eso sería bueno para todos, porque abriría posibilidades para exportar y para comprar los materiales más baratos", indicó.

ALUMNOS FAMOSOS. "Muchos llegan a la escuela con la idea romántica de hacerse su propia guitarra, pero después comienzan a tener la dimensión de lo que es el instrumento como aparato acústico, la historia, el repertorio. A todos les encantaría poder trabajar de esto, y algunos lo han logrado", destaca Juan Carlos Alves.

Probablemente sea Diego Pons el egresado más famoso de los talleres de luthier de la escuela Pedro Figari. Terminó el curso en 1984 y se fue a España a tocar y a fabricar guitarras.

Hoy en día, Pons sólo fabrica guitarras eléctricas exclusivas y a pedido. Las cobra entre 4.000 y 5.000 euros.

Cada vez que le hacen un encargo, filma todo el proceso de fabricación, lo edita y se lo obsequia a su cliente en un formato de videoclip. Hizo especialmente una guitarra para regalársela a Prince, su ídolo, pero el pequeño ególatra de Minneapolis la rechazó, probablemente con el mismo gesto que se sacó de encima a Drexler en la entrega de los Oscar.

"Mis clientes son personas que ya tienen siete u ocho guitarras, y lo que necesitan -porque se los pide el cuerpo- es la evolución natural de decir `ahora me hago todo lo que me gusta en una guitarra`. Y se la fabrico yo. Aparte les grabo su nombre en la madera. No pueden ni venderla. Es algo personal y para toda la vida", señalaba Pons en una entrevista con El País en noviembre de 2006.

Joaquín Sabina, Antonio Flores y Alejandro Sanz son sólo algunos de los artistas que tienen guitarras de Diego Pons.

En la página web de este luthier uruguayo (www.diegopons.com) se lo puede ver junto a varios de los principales guitarristas del mundo.

Otro de los luthiers egresados de la Figari que triunfa en Europa es Leonardo Michelin Salomón, quien fuera alumno de Juan Carlos Alves, y también tiene su propia página web en varios idiomas, en la dirección www.lmsguitars.com.

Michelin Salomón vive en Noruega y tiene su taller en el centro de Oslo, donde fabrica guitarras de concierto que vende a 2.600 euros. Alves agregó que "hay otros ejemplos, como Eduardo Campanella y Andrés Mera, y otros alumnos de este mismo curso que están logrando una muy buena calidad".

Las cifras

5.000 Es el precio en euros que cobra el luthier uruguayo Diego Pons por una de las guitarras eléctricas que fabrica en España.

U$S 59 Es el precio por el que se puede comprar una guitarra enchapada china en un bazar o en un supermercado de Uruguay.

EL PROFESOR Y SUS ALUMNOS

Alves: "Si el instrumento no suena, es un mueble"

Hay alumnos que están logrando una muy buena calidad, no sólo en el aspecto artesanal, sino también en la calidad del sonido, porque lo que muchos a veces se olvidan es que los instrumentos son para hacer música, para que suenen. En caso contrario, estaríamos construyendo un mueble. Una asociación de luthiers sería buena para todos; abriría posibilidades para exportar y para comprar materiales."

José Luis Alves no sólo es luthier, sino también un respetado músico de formación clásica, al igual que su hijo, que también da clases en la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari.

Cassina: "Ojalá que pueda vivir de fabricar guitarras"

Hace años que quería hacer este curso y nunca me anotaba porque pensaba que había que pagar, o hacerlo en el ámbito privado. Ojalá pueda vivir como luthier, aunque en Uruguay es medio complicado. La mayoría de los que salieron de acá y están trabajando son los que se fueron para Europa. Una guitarra de éstas no se puede vende por menos de U$S 400, lo cual encarece el instrumento. Eso le da un prestigio al instrumento y al que lo hace. Lleva muchas horas fabricar una guitarra. Yo no soy un Carlevaro, pero algo también toco", dice Juan Carlos Cassina, uno de los alumnos más destacados, a juicio del profesor Alves.

Umpiérrez: "Experimentar para tener herramientas"

Lo más importante es cuánto aprendés. En el primer año podés concretar tu primera guitarra, pero cuando arrancás el segundo, querés seguís haciendo cosas. Yo estoy construyendo ahora mi cuarta guitarra. La idea es seguir aprendiendo y ver las diferentes propuestas de los luthiers famosos. Hay que experimentar un poco con eso, para después tener herramientas que te permitan ofrecer propuestas variadas y de buena calidad", comenta Eleazar Umpiérrez, uno de los estudiantes que más ha progresado en el taller, al punto que el docente lo considera ya un luthier consagrado.

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