A once meses de haber asumido la primera magistratura al presidente José Mujica se lo observa, al menos en algunos temas y situaciones, demasiado solo.
Por impronta personal o por falta de un entorno adecuado para abordar algunas cuestiones, al presidente se lo ve muchas veces lanzando el pase al vacío para él mismo, desbordando y tirando centros al corazón del área, donde la responsabilidad del cabezazo salvador también es suya.
El equipo económico supone, en el equipo de gobierno, una importante línea de contención. Pero no son pocas las veces que, en el arco propio, la administración Mujica recibe goles producto de las chambonadas de algunos defensas que, lejos de alejar el peligro, parecen trabajar para el adversario, y se especializan en meter en su arco incluso aquellos balones que tenían destino de tribuna.
Y la verdad es que mientras al gobierno le cuesta anotar en el arco contrario, algunos de los integrantes del equipo se esfuerzan por anotar en la propia valla.
Los goles en contra se suceden. Un día es el viceministro del Interior, que en plena temporada de verano presenta a Punta del Este como una cueva de narcotraficantes y delincuentes. Otro día es el vicecanciller, que mientras el presidente prepara una visita oficial a Perú realiza infelices declaraciones acerca de la política interna de ese país y de Colombia.
Están para ayudar al presidente, pero le generan dolores de cabeza permanentes. Y hay más. El ministro y el director de Trabajo negocian una salida con los bancarios del Estado que contradice los lineamientos del presidente. Le exponen públicamente y le obligan a aceptar una salida que no era la que el primer mandatario quería para un conflicto clave. Mientras, en el entorno del presidente se trabaja en un proyecto de Ley de Medios que Mujica asegura que tirará a la basura cuando llegue a sus manos.
En materia de seguridad pública se anuncia mucho, pero se hace poco y la sensación de indefensión campea. En vivienda, se viene hablando desde antes de la asunción de Mujica de la implementación de ambiciosos planes para erradicar el déficit habitacional, pero los anuncios no se reflejan por el momento en planes concretos y tangibles.
Hay quienes sostienen que Mujica fue quien eligió el entorno que actualmente le rodea y que lo hizo porque quiere tener el control total de la gestión de gobierno, y que todo pase por sus manos. Otros piensan que las internas de la izquierda, y la necesidad de contemplar las demandas de todos los sectores del Frente Amplio, generaron un verdadero monstruo de mil cabezas que se mueve pesadamente y que avanza un paso hacia delante y tres hacia atrás.
En todo caso, cada vez son más los que se preguntan, en el oficialismo y en la oposición, cuánto tiempo pasará para que en algunos sectores clave de la administración haya un saludable recambio, que permita aumentar la capacidad de gestión del gobierno.
¿No será ya tiempo de mirar hacia el banco de suplentes para encontrar los relevos que cambien el trámite de este partido? elpepepregunton@gmail.com