Gigante científico llega a Uruguay

| La aprobación del centro es considerada "excepcional" en lo que hace a su celeridad

CARINA NOVARESE

Hace poco más de un año el presidente francés Jacques Chirac recibió una carta del primer mandatario uruguayo Jorge Batlle. En la misiva, que había sido aconsejada y preparada por el cuerpo diplomático uruguayo en Francia –liderado por el embajador Jorge Tálice–, Batlle le proponía al gobierno francés la reestructuración de la deuda pública que Uruguay mantiene con ese país a través de una idea que había nacido al menos ocho años atrás: la construcción de una filial del Instituo Pasteur en Montevideo.

La misiva fue el broche de oro de una larga negociación que había comenzado luego de la crisis financiera del 2002; en esos días el gobierno uruguayo comenzó a negociar diplomáticamente la reestructuración de su deuda pública con países tales como España, Italia y Francia. En el caso de este último país se estima que la deuda supera largamente los 40 millones de dólares. "Es muy difícil determinarla", explicó el embajador uruguayo en París, Jorge Talice.

EL SI DE CHIRAC. La propuesta del Pasteur destrabó un complicado proceso por el cual Francia casi había negado la posibilidad de reestructuración. Tal como explicó Tálice, en 2003 ese país tenía un déficit fiscal que superaba el 4%, una cifra que lo ponía por encima de las exigencias de la Unión Europea; ésto hacía al menos improbable que contestara positivamente al pedido uruguayo. La palabra mágica fue, para Chirac, Pasteur. "Fue el momento en que las gestiones concordaron", explicó el embajador francés en Uruguay, Laurent Joseph Rapin, quien reconoce en el entusiasmo de Chirac buena parte del sí francés.

La propuesta era sencilla pero resultó efectiva: utilizar parte de lo adeudado por Uruguay en la construcción en Montevideo de un centro Pasteur. "Ante el fracaso pensamos en ofrecerle a Francia una contrapatida por la reestructuración que le diera un beneficio", dijo Tálice. Ahora se sabe que se usarán entre seis y siete millones de dólares –de los 28 que costará el centro– como pago de esa deuda.

Pero el largo camino del Pasteur había comenzado en 1996, bajo el auspicio de dos científicos uruguayos, uno desde Uruguay y otro desde Francia. Hoy todos –científicos, diplomáticos y políticos– reconocen que el alma mater de la idea fue el médico uruguayo Guillermo Dighiero, un investigador que es director de la Unidad de Inmunopatología del Pasteur Francia, formado en Uruguay y de amplia trayectoria a nivel mundial.

Ricardo Erlich, actual decano de la Facultad de Ciencias, fue el otro gran puntal de la idea; reconoce que plantear el proyecto a mediados de los 90 era algo así como una obligación. "Otra cosa es que pensáramos que se iba a hacer realidad", agrega entre sonrisas.

En poco más de 10 días, el 11 de diciembre próximo, se colocará la piedra fundamental del complejo de investigación que se construirá en un terreno de ocho hectáreas que integra el campus de más de 20 que tiene la Facultad de Ciencias en Malvín Norte. El edificio tendrá 30.000 metros cuadrados y costará unos tres millones de dólares. El resto de la inversión correspenderá a equipos y tecnología.

Las esperanzas de Erlich tenían bases sólidas: "la ciencia es vital, por supuesto, para apoyar el desarrollo productivo y tecnológico, pero sobre todo porque forma parte fundamental de la trama cultural de un país". Su opinión se basa además en una realidad contante y sonante: se estima que en Uruguay hay unos 1.400 investigadores con dedicación total, 500 de los cuales están en la Universidad de la República, donde se produce el 80% de la investigación del país.

Para poder tener una orquesta sinfónica, dice Erlich, se necesita un número mínimo de violinistas. De igual modo, en materia de ciencia se necesita un mínimo para la constitución de "masas críticas"; los expertos no siempre coinciden pero se estima que el número actual de investigadores debería multiplicarse al menos por cuatro.

También en términos de inversión la ciencia parece casi inexistente. A mediados de los 90 –para Erlich el momento de auge de la investigación uruguaya– se invertía un 0,3% del PBI en esta área. En la actualidad la inversión bajó al 0,15% con un producto bruto que se duplicó. "La conclusión es simple: tenemos cuatro veces menos en pocos años".

VELOZ. Tanto Erlich como el embajador francés Rapin, consideran que lo más destacable del proceso –además de la instalación definitiva de un complejo de punta–, es la rapidez con que se dieron todos los pasos. "Es algo muy raro en negociaciones de este nivel", señaló Rapin.

La colaboración había comenzado en 2001, cuando empezó a funcionar el programa Amsud Pasteur, una iniciativa que nuclea a más de 20 centros de investigaciones del Cono Sur y pone su énfasis en la biotecnología.

Sin embargo, la vieja idea de tener en Uruguay una filial del famoso Instituto Pasteur –un centro privado que tiene apoyo financiero del gobierno francés–no tomó visos de realidad hasta bien entrado el 2004. En cuestión de seis meses, y para asombro de franceses y uruguayos, se aprobó por unanimimidad una ley –que permite la instalación y da facilidades impositivas–, llegó hasta Uruguay un equipo del Ministerio de Economía francés que estudio la factibilidad del proyecto y por fin se firmó, el lunes pasado, el acuerdo definitivo de creación. "Llevo años en la diplomacia y nunca había visto algo así", dijo Rapin, quien considera que Uruguay reaccionó como lo hizo gracias a una unanimidad política "sin precedentes, sobre todo cuando ya se percibía un cambio como el que se dio en las eleciones".

POR QUé. Uruguay será el anexo número 29 del Pasteur francés, que ahora está repartido en casi todos los continentes. En América Latina, será el primero.

Nada de ésto es casualidad. Tal como explicó el embajador francés, el impulso que el propio Chirac le dio al proyecto se relaciona íntimamente con las políticas de Estado francesas: "nuestro presidente intenta organizar el establecimiento de centros regionales que participen en la búsqueda de un nuevo equilibro de las relaciones mundiales, que se encuentran muy desequilibradas luego de lo que ocurrió con la guerra de Irak".

Además los técnicos franceses que estuvieron en misión de factibilidad hace poco más de un mes, evaluaron las características de seguridad, mejores que en los países de la región. Para Rapin, fue fundamental también la capacidad de Uruguay de mantener la "confianza del exterior", algo que volvió a quedar en evidencia en la última crisis cuando el país no aceptó el default. Por último, las relaciones cercanas –al menos durante buena parte del siglo XX– de la medicina nacional con la francesa, influyó con fuerza.

UN AñO. El nuevo instituto comenzará a funcionar a más tardar a fines de 2005, a pesar de que la construcción se iniciará en mayo del año que viene. Su organización y estructura serán definidos por una fundación y una directiva pero ya se sabe que tendrá características particulares: en él trabajarán equipos rotativos de científicos durante cinco años, fundamentalmente en tres plataformas de investigación que incluyen el cáncer, la degeneración de las células y los procesos de envejecimiento humanos.

Estos núcleos temáticos se insertan en dos grandes avenidas científicas, según explicó Erlich: la postgenómica, disciplina que avanza en "leer" todo lo que se aprendió luego del desciframiento del genoma humano, y la biología de sistemas, un abordaje de la ciencia que implica concebir los organismos como todos.

Además, seguirá el modelo de gestión del Pasteur francés, que desde hace 20 años agregó a la investigación el intento por generar dinero que luego pueda reinvertirse en la ciencia. Por esa razón, la filial Uruguay se ubicará en un predio mucho más grande de lo que necesita el edificio, ya que se piensa en una eventual instalación de laboratorios privados.

El objetivo, explicó Erlich, no es solo generar más investigación en Uruguay sino también atraer a científicos uruguayos –muchos de ellos jóvenes– que debieron emigrar ante la falta de oportunidades laborales en el país. Se estima que en el centro trabajarán unas 80 personas, 50 de las cuales serán investigadores.

Uno de ellos, su director, seguramente vendrá del exterior. El uruguayo Dighiero es el más probable candidato para comandar el centro, tal como señaló el embajador francés en Uruguay.

Para Erlich el Pasteur es un gran logro pero en todo caso será el comienzo de un camino que puede marcar el destino de la ciencia en Uruguay: "combinar las potencialidades y capacidades rompiendo con la lógica de las instituciones amuralladas en un pequeño país".

Un pasado firmado por Pasteur

El Instituto Pasteur fue fundado en 1887 por el propio Louis Pasteur apoyado por un fondo internacional que le permitió difundir la vacunación contra la rabia. El objetivo que desde el inicio definió esta organización sin fines de lucro fue desarrollar el estudio de enfermedades infecciosas y divulgar conocimiento sobre ellas.

En la actualidad el instituto investiga paralelamente en varios campos, aunque el estudio de las enfermedades infecciosas, así como las parasitarias o las que atacan al sistema inmunitario, sigue siendo fundamental. El Pasteur está ubicado en un campus en el que trabajan 2.500 personas.

Las investigaciones desarrolladas en el Pasteur ya le valieron ocho premios Nobel. El Instituto también se hizo famoso por las investigaciones que llevaron al descubrimiento del virus del Sida, en 1985. La proeza fue discutida durante años, porque al mismo tiempo un equipo de Estados Unidos llegó a las mismas conclusiones.

1885. Desarrollo de la vacuna contra la rabia.

1894. Tratamiento contra la difteria.

1910. Demostración de que la poliomielitis se produce por un virus filtrable.

1921. Vacuna de la BCG.

1932. Vacuna contra la fiebre amarilla

1937 a 1947. Descubrimiento de los antihistamínicos.

1954. Desarrollo de la vacuna contra la poliomielitis

1983 y 1985. Descubrimiento de los virus del Sida, HIV1 y HIV2.

1985. Desarrollo de la primera vacuna humana obtenida por ingeniería genética de células animales: la vacuna contra la hepatitis B.

1992. Descubrimiento del control genético de la evolución de lesiones que se transforman en precancerosas.

1997. Descubrimiento de un gen responsable de la dependencia a la nicotina.

1998. Primera localización en un ser humano de un gen que determina la predisposición al virus del papiloma.

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