Más allá de cuánto tiempo dure la actual crisis, los especialistas comienzan a vislumbrar lo que llaman "efectos perdurables" de la caída económica. El costo social de la fuerte emigración, la pérdida de confianza frente al futuro y el surgimiento de síntomas de "intolerancia" en el debate social son algunos de esos indicadores.
Guzmán Elola y Nicolás Somma, de Equipos Mori, perciben signos de que la actual crisis está fragmentando el tejido social porque sus efectos no se han concentrado en un estrato determinado de la sociedad sino que alcanzaron a todos los niveles socioeconómicos.
Las características de la crisis, que incluyó desde aumento de desempleo en las clases media y baja, hasta pérdida de ahorros para los depositantes bancarios o tenedores de eurobonos, hace que en un mismo nivel social existan situaciones personales y familiares muy diferentes.
"La vulnerabilidad pasa por cuestiones como la educación, la edad, las condiciones del grupo familiar. Hoy ser joven y tener varios hijos es una situación crítica, de empobrecimiento real y vulnerabilidad alta", sostiene Somma.
Luis Eduardo González de Cifra percibe que la emigración es uno de los elementos que reflejará en el largo plazo sus efectos nocivos sobre la economía del país y el bienestar de la sociedad.
"Las consecuencias de la emigración son básicamente un envejecimiento de la estructura de la población, la pérdida de recursos humanos que no van a producir para sostener a los pasivos y que, además, son particularmente calificados", dice Gonzalez.
"No estamos perdiendo una proporción de la población, estamos perdiendo lo mejor, lo más activo, lo más dinámico y eso tiene consecuencias muy serias y hace más difícil la posibilidad de reencontrar un crecimiento económico sostenible".
Por otra parte, González ve efectos perdurables en la confianza de los uruguayos frente al futuro del país. "Después de cuatro años de una recesión maciza y una retracción muy importante de los ingresos reales de las familias el resultado será volvernos aún más pesimistas y más inseguros", sostiene.
Asegura que en estas crisis se requieren esfuerzos colectivos grandes para superar los problemas y advierte sobre lo que considera "signos de intolerancia" en la sociedad.
"Tengo la sensación de que hay señales o indicios crecientes de intolerancia que hace 10 o 15 años parecía que se habían ido, pero que siguen con nosotros y creo que se están acentuando".
Considera que "una de las primeras cosas que deberíamos hacer colectivamente es enfrentar esas intolerancias, resistirnos y, sin dejar de defender nuestro punto de vista o lo que creemos justo, hacerlo de manera más constructiva".
La advertencia del economista Jorge Caumont se basa en que el año próximo es año de elecciones. "Hay que tener mucho cuidado con no tener propuestas populistas, sino ajustarnos a la realidad económica que vive el país. El año que viene puede entorpecer una leve reactivación el hecho de que las expectativas por promesas incumplibles en la realidad no se cumplan".