En los últimos dos años, durante la primera quincena de enero, Punta del Diablo se convirtió en un gran imán para los jóvenes.
Además de la opción por ese destino, el público de entre 18 y 25 años que ahí llega, coincide en un comportamiento que para algunos es "descontrolado".
Si bien existen distintas voces en el balneario, entre las cuales unas dicen que el joven es parte de la clientela que reciben y para la cual se preparan, o que están acostumbrados a la forma de vida de esos muchachos, también están quienes han visto su vida por demás alterada a raíz de la presencia joven en el balneario.
En ese marco, un grupo de vecinos está creando la Liga de Fomento y Turismo de Punta del Diablo para llevar adelante sus planteos.
Sus reclamos se centran en la presencia de dos mega discotecas en el lugar, Pogo y Bitácora, que pueden llegar a albergar a 5.000 personas cada una. No sólo la música resulta "insoportable y hace imposible dormir", sino que las salidas de los boliches se vuelven momentos de caos en la zona. La comuna había anunciado que correría los bailes de lugar, aunque pidió a fines de 2011 una prórroga de un año, además de dar la habilitación para que Pogo se instale ahí, algo que fue mal visto por los vecinos.
"Tenemos quejas de vecinos que ven cómo los jóvenes orinan en sus puertas, se meten en sus predios, circulan alcoholizados o a velocidades excesivas", cuenta un vocero de los vecinos.
Luego, agrega, "sentimos que hay falta de interés por parte de la Intendencia en querer controlar esto".
"La gurisada vive a contrapelo del balneario", dice un agente inmobiliario de Punta del Diablo. Entiende, además, que más allá de permitir cualquier tipo de desorden cuando "toman el balneario por asalto", no se cuida la seguridad de los propios jóvenes, que se exponen a todo tipo de riesgos.