El soldado derribado por una explosión. El sobreviviente de un accidente automovilístico. El jugador de fútbol americano conmocionado por un golpe en el cráneo. Con frecuencia, solo el tiempo puede revelar si una lesión traumática en el cerebro dejará un daño permanente sin que haya un método preciso de diagnóstico. Ahora los científicos están poniendo a prueba una herramienta que revela las marcas que dejan esas
heridas en las conexiones nerviosas del cerebro, al igual que las radiografías revelan las fracturas óseas.
Recién empiezan las investigaciones con pacientes civiles y militares para determinar si este método de prueba de resonancia magnética realmente puede localizar las lesiones y orientar en el futuro un modo de rehabilitación. Es un ejemplo de la búsqueda de mejores escáners cerebrales para determinar si un golpe en la cabeza causa daños que no se pueden detectar con los métodos actuales.
"Ahora, por primera vez, tenemos la capacidad para tornar visibles esas heridas antes invisibles``, dice Walter Schneider, de la Universidad de Pitts-burgh, que encabeza el desarrollo de la prueba experimental. "Si uno no puede ver o cuantificar el daño, es difícil tratarlo".
En un informe que publicó ayer la revista especializada Journal of Neurosurgery, el equipo de Schneider describió el llamado "rastreo de alta definición de las fibras nerviosas". Las células del cerebro se intercomunican por medio de un sistema de axones, o fibras nerviosas, que actúan como una red telefónica. Componen lo que se conoce como la materia blanca del cerebro.
El nuevo escáner procesa imágenes de tomografía computarizada por medio de un programa informático que sirve para escudriñar los haces de fibras nerviosas, parecidos a cables diminutos por los que pasan millones de conexiones. El método pinta los haces de fibras en color verde, amarillo y púrpura para diferenciar sus funciones. Los investigadores buscan señales de deterioro en las fibras que reduzcan el ritmo de las conexiones o que las interrumpan.
Unas 1.700.000 personas padecen en EE.UU. una lesión cerebral traumática cada año. No poder ver las lesiones subyacentes resulta frustrante para pacientes y médicos. AP