Estrés y obesidad, un círculo vicioso

| Se relacionan a través de sedentarismo y ansiedad oral. w Constituyen una pandemia en la sociedad actual.

Eduardo Casanova

Médico de UCM

Seguramente no es casual que el estrés y la obesidad se hayan extendido en forma paralela como verdaderas pandemias en nuestra época. Ello se debe a que se encuentran interrelacionadas entre sí.

El hombre primitivo sufría la reacción estresante de alarma con más frecuencia ante agravios o riesgos puntuales, en tanto el hombre contemporáneo, lejos de los peligros de la selva, se encuentra en cambio sometido a toda una serie de múltiples y pequeños agravios, no puntuales, pero sí constantes, continuos, que lo lleva a una situación basal de ansiedad.

En nuestra civilización ya no han de ponerse en acción los músculos para huir de la amenaza; no necesita correr ni trepar para escapar de la agresión. Pero el estrés proveniente del entorno no es menor: debe convivir con crecientes índices de contaminación del aire, el agua y el suelo, y con una cada vez más frecuente inestabilidad familiar y competencia laboral. Además, la drogadicción aumentó la inseguridad con delincuentes más violentos.

El propio trabajo sedentario es estresante, impidiendo la actividad muscular fisiológica, y no siendo un factor menor de estrés, potencia el resto, para contribuir a la obesidad, constituyendo un verdadero círculo vicioso.

Aunque algunos trastornos psicológicos causan falta de apetito, con adelgazamiento, como ocurre con la anorexia nerviosa, el estrés subliminal mantenido, a través de la ansiedad, lleva a un aumento de apetito. Se trata de un fenómeno conocido como "ansiedad oral", que está presente en muchos obesos.

La ansiedad, a diferencia de la angustia, traduce temor ante una amenaza no concreta, no puntual, incierta. En cambio la angustia surge ante un riesgo concreto y definido.

La ansiedad a menudo se asocia con la necesidad de "llevarse algo a la boca". Se observa en el fumador que aumenta el consumo de cigarrillos, y al dejar de fumar aumenta de peso, porque ingiere más alimentos.

Este círculo vicioso se completa cuando, por el aumento de las ingestas, sobreviene el sobrepeso: "arrastrar" las 24 horas del día una carga suplementaria, un lastre, supone también un estrés continuado. A ello se agrega el deterioro de la propia imagen, que incrementa la ansiedad basal e induce a comer de modo "irrefrenable".

Los circuitos de retroalimentación, o feed-back, pueden ser positivos o negativos, según que el efecto generado aumente o disminuya la causa que lo produjo.

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José Mazzini 2957

Atacar la causa, no los efectos.

Para interrumpir el círculo vicioso las medidas físicas, como farmacológicas, no encaran la causa sino los efectos. Bloquear la boca con alambre, achicar el estómago, o derivar alimentos son poco "fisiológicas". Igual que las farmacológicas, que llevan a comer y no hacer ejercicio.

Tratar la obesidad.

Tratar la obesidad no debería ignorar el doble objetivo principal, de evitar una dieta hipercalórica y el sedentarismo. El médico tratante deberá supervisar, ajustando a cada caso particular, dieta y ejercicio físico, adaptándolos a las necesidades de cada paciente.

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