ALEJANDRO NOGUEIRA
Cuando hay dinero -y mano abierta- es más difícil lidiar con el cúmulo de demandas que desata cada cinco años el Presupuesto. El gobierno está jaqueado por socios y amigos, hoy duros adversarios. COFE quiere ir a tomar el Palacio de Invierno; los docentes, de extirpada capacidad de autocrítica, paran y faltan; el rector Arocena se enoja porque el gobierno no valora el aporte de la ciencia al desarrollo, y los coroneles amenazan con retirarse en masa, lo que, sin duda, la ciudadanía notará menos que las escuelas vacías o las oficinas públicas cerradas.
Esta rebatiña está en la lógica quinquenal del metabolismo uruguayo.
Ninguno de estos sectores tiene más apoyo que el de sus propios interesados, porque no tiene buenas razones que funden sus reclamos, más que el natural afán de prosperar.
Los públicos han recuperado ingresos, disfrutan de beneficios por encima del resto de los demás mortales uruguayos, y la ciudadanía no está demasiado conforme con su trabajo. Su gremio se empeña en destruir -aun más, si cabe-, la que alguna vez fue la imagen respetable del servidor público. Los docentes han captado enormes recursos sin que éstos se reflejen en la calidad de la enseñanza ni en la baja de la deserción estudiantil o en su ausentismo. La Universidad se rehúsa a extraer recursos cobrando matrícula y gastará en abrir centros en el interior cuando, en un país de 174.000 kilómetros cuadrados, es más barato tener un buen sistema de becarios. Y los militares están en el ojo de la tormenta, no solo por la Armada, sino porque el propio gobierno ha dicho que los investigará a todos ante la sospecha razonable (que todos tenemos, sepan comprender) de que los fraudes con dineros públicos, no son exclusivos de la fuerza de mar. Quizá, sin este dispendio, aplicar esos fondos a los salarios castrenses sea más razonable que detraer recursos de áreas prioritarias que no son, decididamente, las actividades militares.
Hay aún por delante tres meses de tironeos y transposiciones de rubros.
Merece una mención especial en el diseño presupuestal de Economía el artículo 85, que supedita los incrementos del gasto desde 2012 en adelante a que, efectivamente, se cumplan los pronósticos de crecimiento, hoy en un promedio de 4,6% anual. En otras palabras, si el panorama se complica -por una de esas crisis que cada tanto sacuden al sistema capitalista o a algún vecino endeble que nos impacta-, Economía queda con la llave de la canilla. Es muy razonable, sin duda, aunque está lejos de ser una "regla fiscal" seria, del tipo de las que el ministro de Economía llama "de derecha", lo que haría suponer, por deducción, que gastar más de lo que se tiene es "de izquierda". Sin embargo, el reaseguro del artículo 85 -que no se llevará ningún premio a la técnica legislativa, y menos a la técnica económica- no deja de ser una suerte de "regla fiscal" emperejilada y culpógena. Bienvenida, igualmente.