En segunda mano

| Bueno, bonito y barato son las tres condiciones que hacen de Juan Pérez, una imbatible en ropa de segunda mano

Las tiendas de ropa usada se imponen en Montevideo. El fenómeno no debería llamar la atención, pues en todas partes del mundo, tienen enorme aceptación. En Buenos Aires, Madrid y Nueva York, ocupan prestigiosas calles. Las clientas de estos comercios son verdaderas fanáticas de este modo de comprar. La clave es ¿por quégastar más, cuando puedo estar a la moda con poco dinero?.

Una de estas tiendas abrió sus puertas en Montevideo, rompiendo todos los esquemas sobre ropa usada. Sus propietarias, Dolores de Arteaga y Federica Arcos Pérez, resolvieron que la de ellas debería destacarse por la calidad de sus prendas. La proyectaron como una tienda de segunda mano, donde la clienta encontraría ropa de muy buen gusto, a bajo precio.

En primer lugar, acertaron con el nombre. Le pusieron Juan Pérez, para mantener en reserva la identidad de las proveedoras que le acercan su ropa.

"Todo el mundo nos pregunta. ¿De quien era este pantalón? O esta camisa..." Nosotras respondíamos que era de Juan Pérez, y así le quedó el nombre", dijo Federica.

La tienda abrió sus puertas en Carrasco, luego de que ambas jóvenes decidieran imprimir nuevos rumbos a su vida. Dolores trabajaba como maestra en un colegio inglés y Federica en una tienda de decoración.

Esta última confeccionaba, además, bandejas, mantas y todo tipo de artículos para el hogar. Cuando nacieron sus hijos, Dolores quiso dedicarse a los suyos especialmente y dejar su labor como maestra. Comenzó a pensar qué hacer, desechando la mayor parte de las cosas que le venían a la mente.

"Me decidí por una tienda de ropa usada, porque me parecía que, por peor que nos fuera, descontaríamos la inversión inicial", dijo Dolores. Seguidamente, pensó en invitar a alguien a asociarse a ella. Tenía que ser seria, responsable, y con ideas de trabajar por cuenta propia. Llamó a su amiga Federica, y ante el retraso de ella para dar su respuesta, Dolores le dio un ultimatum: "Si no participás como socia, la abro por mi cuenta", le dijo.

Finalmente, las dos voluntades se unieron para inaugurar un local en pleno Carrasco. En poco tiempo, Juan Pérez se convirtió en un verdadero boom. Vendían la ropa usada, reponían stock y volvían a agotarlo. Meses después abrieron un nuevo local en Pocitos.

"Yo no lo podía creer —contó Federica—. Acostumbrada como estaba a la lentitud con que salían los artículos de decoración que yo hacía, me parecía mentira ver la rapidez con que se vendía todo lo que poníamos en el local. En mi antigua empresa me compraban alguna cosa para regalar en un casamiento, pero era muy difícil mantener mis costos y ganar dinero, vendiendo sólo para contadas ocasiones".

Federica estaba doblemente encantada. Primero porque en poco tiempo devolvieron el préstamo y consiguieron ganancias. Y en segundo lugar, porque a ella siempre le habían gustado las tiendas de ropa usada. "Me parece que tienen otro sabor".

Las chicas, pusieron en su grifa la frase "Mint Condition", que las diferencia de otras opciones en materia de ropa usada porque significa que lo suyo está en impecables condiciones.

la eleccion. "Somos súper estrictas con la ropa que recibimos. Nos vinculamos con gente que compra buenas marcas y las utiliza una sola temporada. En ocasiones, las llamamos por teléfono para que vendan lo que no van a usar. Es bueno para ellas, y para nosotras".

La ropa que ofrece la boutique es de última temporada. "No aceptamos pantalones altos, pinzados o sacos con hombreras. Tiene que ser ropa a la moda", explicaron.

Dolores y Federica cuentan que Juan Pérez produce dos tipos de vicios. Para las proveedoras, vender lo que ya no usan, y para las clientas, comprar calidad a bajo precio.

"Algunas clientas vienen a diario para conocer las novedades. Nos dicen directamente que revisar nuestros percheros es una costumbre que no pueden abandonar. Algunas de ellas, no pensaban comprar, pero ven una oportunidad, como una campera Dolce y Gavanna, y se la llevan de inmediato. Nos dicen que eso no lo pueden dejar pasar", comenta Federica.

Dolores, agrega por su parte que "tenemos proveedoras, que también son clientas, que están encantadas con la idea de vender su ropa, porque se ganan una buena cantidad de dinero cada mes".

Lo cierto es que Juan Pérez ha querido imprimir un estilo propio al local. En ese sentido, sus propietarias pensaron que debían abonar la ropa que recibían a menor precio que sus competidoras, de modo de preservar la calidad de su mercadería. Ellas ganan el 35 por ciento del precio, de manera que la proveedora reciba una suma interesante.

"La gente no puede creer, la cantidad de dinero que se lleva a fin de mes. Una de ellas me decía el otro día ‘con lo que gano acá pago mi tarjeta’. Y es muy cierto. Hay gente que se ha llegado a hacer un sueldo de 20 mil pesos, vendiendo la ropa en Juan Pérez", comentó Dolores.

La joven aseguró que la compra de ropa usada puede resultar más divertida que cualquier otra, porque "nunca se sabe lo que podés encontrar. Es distinto en una tienda, porque de los percheros cuelga ropa uniforme, pantalones todos iguales que varían solo en talle y color. Yo creo que lo divertido de nuestra ropa es que una prenda es bien distinta a la otra, y que en los dos locales están siempre llenos de sorpresas".

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