En la explanada agotaron las populares

Pantalla. El Monumental de Núñez tuvo otra tribuna en pleno centro de Montevideo

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La tribuna más popular de la final de la Copa América no estuvo en el Monumental de Núñez, sino en la explanada de la Intendencia de Montevideo, donde más de 10.000 personas transformaron la calle en una cabecera de estadio.

Al igual que en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, miles de personas se acercaron temprano a la céntrica esquina de 18 de Julio y Ejido para ver la final de América en la pantalla gigante que IMPO instaló frente a la Intendencia y que ya transformó en un clásico lugar de encuentro durante los partidos más trascendentes.

Muchas familias aprovecharon los festejos del Día del Padre para almorzar en los restaurantes del centro y de paso quedarse merodeando, pintándose las caras y buscando el mejor lugar en la explanada para ver el partido entre Uruguay y Paraguay.

Reaparecieron las vuvuzelas celestes que estaban guardadas desde el Mundial de Sudáfrica y el "Volveremos, volveremos, volveremos otra vez. Volveremo` a ser campeones, como la primera vez", fue el cántico más repetido por los hinchas.

En casi todos los balcones que rodean la explanada flameaban banderas uruguayas, y en casi todas las mejillas había marcas de pintura blanca y celeste, y banderas atadas en los cuellos de los hinchas

Temprano, algunos soñadores ya tenían carteles con la inscripción "salud campeón", y otros soñadores se sentaron con sus sillas playeras, mate en mano, para disfrutar de la previa que reproducía la TV. Los primeros tuvieron la suerte de agitar sus carteles, pero los segundos tuvieron que cerrar las sillas de playa y ver el partido de pie, porque la montonera se apretó cada vez más, a medida que se acercaba la hora de comienzo del partido.

Un grupo de rubias brasileñas, con gorros, bufandas y hasta banderas celestes, alentaba y se sacaba fotos con los hinchas uruguayos, del mismo modo que en Núñez lo hacían los que veían la final "in-situ" con las rubias paraguayas que a lo largo del torneo se robaron los flashes de los fotógrafos.

Como en una tribuna, cocacoleros, vendedores de panchos, chorizos, tortas fritas y hasta de café poblaron la zona para hacerse sus pesos "y mirá que acá vendo más que en el estadio", dijo uno de los cafeteros consultados por El País.

Pero no era una tribuna, y la diferencia no la marcó solamente la presencia de manzanas acarameladas, algodón de azúcar, semáforos o edificios, sino la mixtura de banderas de todos los tipos y colores; de Peñarol y Nacional, uno al lado del otro. Las batucadas fueron entonadas por redoblantes tricolores y bombos aurinegros a la vez, y el papel picado multicolor decoró el cielo, que para no desentonar, dejó ver su mejor celeste en pleno invierno.

Minutos antes de que comenzara el partido la imagen de la televisión enfocó a una persona en la tribuna que sostenía un cartel con la inscripción: "Argentina, miralo por TV". Esa imagen desató la locura, el alboroto y aparecieron las primeras alusiones a la ex novia de Diego Forlán, Zaira Nara, que luego fueron una constante durante el partido.

La fiesta, los silbidos y los cánticos enmudecieron de golpe en la explanada. Se escucharon los primeros acordes del Himno Nacional, los miles y miles de asistentes entonaron sus estrofas a toda voz, poniendo solemnidad a la fiesta.

Los 90`. Cuando el juez pitó el inicio del partido dos pequeños cañones, que habían pasado inadvertidos, lanzaron papel picado al cielo desde la ventana entreabierta arriba de la pantalla gigante y comenzó la emoción callejera.

Las bengalas de los muchachos que se subieron a todo lo que encontraron explotaron con el primer gol de Suárez. El cielo se volvió a llenar de papelitos y la multitud entera se unió en el grito de "Soy celeste".

La tribuna callejera que se formó en pleno 18 de Julio festejó con júbilo hasta las amonestaciones a los jugadores paraguayos, mientras las más jóvenes se desarmaban en elogios cada vez que las cámaras le hacían un primer plano a Forlán, Lugano, Coates o el "Ruso" Pérez, que fue uno de los más homenajeados por la gente.

El nombre de Zaira Nara volvió a gobernar en el aire cuando al cierre del segundo tiempo Diego Forlán logró su tan ansiado gol en esta edición de la Copa América.

"Zaira, no llores. Su nuevo amor es la copa", rezaba el cartel que unos intrépidos muchachos sostenían trepados a uno de los monumentos de la explanada municipal. Horas más tarde, la modelo argentina felicitó a los uruguayos a través de su twitter: "Felicitaciones a todos los uruguayos por este triunfo", escribió la ex del delantero uruguayo.

El aliento, los gritos y los cánticos se sostuvieron durante todo el partido, pero recién en el tercer gol, segundo de Forlán, de los edificios céntricos volvieron a escuchar el "Dale campeón, dale campeón", que no sentían desde que en 1995 Uruguay había ganado su última Copa América en el Centenario.

Todo se sucedió en paz en 18 de Julio y no hubo más que algunas quejas por las grandes banderas que obstruían la visibilidad, o alguna persona que se molestaba porque los que escuchaban el partido por radio (en el lugar no había audio de la transmisión), anunciaba los goles unos 10 segundos antes.

Los semáforos sirvieron de apoyo para que la gente se trepara. Los techos de las paradas de los ómnibus se sacudían con más de 10 personas arriba y las cajas vacías de vino volaban por el aire, mientras en un solo grito y un inmenso abrazo la multitud se sacudía al ritmo de los nuevos campeones.

Paiva cumplió su promesa y caminó de rodillas hasta la Plaza Independencia

Al grito de "Uruguay campeón", entre cornetas y bocinas, la multitud se empezó a trasladar por la principal avenida montevideana hacia la Plaza Independencia, pero en el medio la calle el movimiento se hacía más lento de lo normal.

"No sabemos quién es, terminó el partido, se puso a llorar de rodillas y empezó a caminar así por medio de la calle", dijo una mujer que sostenía una botella de grapamiel.

"Me llamo Paiva y esto es para Suárez y Forlán", dijo a El País el hombre, que casi en cuatro patas iba avanzando lentamente sobre la raya amarilla que divide los dos carriles de 18 de Julio.

A inicios de la semana el hombre había prometido que si Uruguay salía campeón de América y Forlán hacía dos goles en la final, caminaría de rodillas desde la explanada de la Intendencia hasta la Plaza Independencia.

Se detuvo dos o tres veces, tomó unos tragos de grapamiel y siguió, rodeado por decenas de personas que le tomaban fotos, lo filmaban y lo alentaban.

Con la cara llena de lágrimas, una mujer pedía a todos que le dieran espacio y hacía que los autos que circulaban se desviaran, porque "prometió ir sobre la línea", dijo.

Sobre las 19.25, más de una hora y media después de que el partido en Buenos Aires había finalizado, Paiva apoyó sus rodillas en el empedrado de la Plaza Independencia.

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