RENZO ROSSELLO
Nadie puede escandalizarse porque una celebridad consuma cocaína. ¿O sí? En cualquier caso, esa droga ilegal hace tiempo que visita el Este y posiblemente tenga cada vez más asiduos.
"Gaby" Álvarez y su confesión vuelven a poner el foco sobre un secreto a voces. Algo similar había pasado en 2000 cuando Diego Armando Maradona cayó en un pico de sobredosis -dijo que consumía 15 gramos diarios de cocaína- y se desmarcó de la jugada final por poco.
Entonces y ahora los organismos encargados de combatir el tráfico de drogas se enfrentaron al mismo dilema. El cóctel de glamour, dinero y cocaína fue y es un mal trago para los investigadores uruguayos.
La razón es muy simple. Un jefe de la Policía Antidrogas señaló que en el Este el fenómeno del tráfico de cocaína tiene características propias. Los dealers llegan junto con sus clientes y se van con ellos al terminar la temporada. Un negocio golondrina que deja algunas migajas a los pálidos traficantes locales que deben limitar su papel a servicios auxiliares.
Los traficantes suelen tener más recursos que el agente que intenta seguirlos y ni siquiera tiene nafta en el vehículo policial. Una pelea despareja que, antes y ahora, nunca terminó con un dealer encerrado.
Y entre tanto, gente de la farándula, jugadores de fútbol, siguen consumiendo. Y es más fácil (y probable) que un minúsculo portador de ma- rihuana termine en la cárcel a que lo haga un vendedor que atiende por blackberry.