El segundo "no positivo" contra los Kirchner

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SEBASTIÁN AUYANET

Hoy las aguas están divididas: algunos medios argentinos señalan a Hernán Martín Pérez Redrado como una figura funcional al establishment y otros como el jerarca controlado que acaba de evitar un nuevo exceso del matrimonio Kirchner.

Todo esto se empezó a discutir durante la semana que acaba de pasar. Hay diarios que dicen que Redrado (48) es un nuevo Julio Cobos para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y hay otros que afirman que puede ser un nuevo caso Martín Lousteau, en referencia al ministro de Economía que dejó su puesto por desavenencias con figuras "pesadas" como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Todas estas suposiciones comenzaron recién en estos días, cuando Redrado fue invitado a salir de su despacho en la presidencia del Banco Central de Argentina y se negó. ¿El motivo de la remoción? Redrado bloqueó los más de US$ 6.500 millones que la presidenta solicitó para el Fondo del Bicentenario, una cuenta destinada a pagar vencimientos de deuda del año 2010 y, según señalan varios analistas, mostrar a Argentina como una figura sólida ante los inversores en un año que aparece marcado por la estrechez.

El jueves pasado, la presidenta lo echó por decreto. Era la única forma de hacerlo, aunque aún se discute al otro lado del charco si eso es posible, ya que el Banco Central responde al Parlamento y no al Poder Ejecutivo. De todas formas, el viernes activó sus resortes el Poder Judicial: la jueza María José Sarmiento devolvió a su lugar en el despacho a Martín Redrado, en una decisión que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, tachó de "grueso error".

Casi todos los medios que siguieron la noticia señalan que un tiempo atrás esto era impensable. Redrado lleva un mandato ininterrumpido de más de cinco años, llega a seis en septiembre. Según explica Página 12, obtendría el prestigio de ser el único en cumplir su mandato en el actual período democrático, algo que sólo consiguió Ernesto Bosch, el primer titular de la entidad.

Es el punto más alto de una carrera que tuvo su pistoletazo político en 1991, cuando después de licenciarse en economía por la Universidad de Buenos Aires, de una beca de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de cursar masters en la Universidad de Harvard, fue convocado por el entonces presidente Carlos Saúl Menem como integrante del equipo que lideraba Domingo Cavallo, su ministro de Economía. Algunos sectores cercanos a Menem veían a Redrado como la alternativa natural a suceder a Cavallo en caso de que se necesitara, explica el diario La Nación.

Por desavenencias con el propio Cavallo, el "golden boy" de Menem salió del gobierno y se fue al ámbito privado, como asesor. También creó Fundación Capital, su propio think tank. En 1996 -pocos años después de que la revista Time lo eligiera entre los 100 jóvenes del mundo que serían líderes en el futuro- fue titular del Instituto de Educación Tecnológica. En 2002, Eduardo Duhalde (por entonces ya presidente) lo colocó como secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales. Dos años después llegó a su actual cargo, el que mantuvo con un perfil mucho más bajo que en esos primeros años noventa.

Su vestimenta elegante y su afición por el golf recién saltan a la palestra ahora, cuando desde el gobierno se lo señala como parte de un complot generado por la oposición, la Suprema Corte de Justicia y -una vez más- los grandes grupos de comunicación como Clarín con el único fin de desestabilizar al gobierno. La estrategia también serviría para dinamitarle puentes al próximo regreso de Néstor Kirchner a la Presidencia en 2011, puesto que estos millones de la reserva mantienen un modelo de poder basado en el manejo de caja y la solvencia fiscal. Si el país da señales de normalización financiera, Argentina puede sostener el ritmo de su gasto público sin perder solidez, explican medios como La Voz del Interior. Sin embargo, un traslado de reservas quita respaldo a la moneda, única preocupación que tiene el Banco Central como entidad.

La negativa de Redrado generó todo tipo de opiniones y especulaciones. Sin embargo, uno de los factores que lo llevó a resistir el traslado de dinero fue un documento del buffet de abogados de Nueva York que asesora a la Argentina en los juicios por la deuda pública externa. Allí se señala que si se acata el Decreto de Necesidad y Urgencia con el que se presentó el FMI, el Banco Central quedará expuesto al embargo de sus reservas en cada movimiento que intente realizar al exterior. O sea, perder todo ese dinero en forma automática.

Sin embargo, dentro de la propia institución señalan que es necesario realizar esa transferencia para preservar la integridad del sistema financiero. Lo cierto es que el gobierno argentino sufre una nueva pugna de poderes que ha alcanzado niveles imprevisibles. La resolución de la jueza María José Sarmiento -en respuesta a un recurso de amparo presentado por las principales fuerzas políticas de la oposición- señaló que decidir sobre el uso de fondos del Banco Central corresponde al Parlamento, con lo cual paraliza el decreto de la presidenta para pagar deudas con reservas monetarias. Horas después, y cuando ya se hablaba de posibles sustitutos, también devolvió a Redrado a su despacho. Ahora el gobierno deberá esperar a mañana para apelar, algo que ya fue anunciado.

Muchas de las notas de la semana comparan esta polémica entre Redrado y CFK como un nuevo "caso Cobos". Sin embargo hay diferencias, ya que el perfil opositor del vicepresidente es definido y ejercido desde su lugar en el gobierno. En el caso de Redrado, aún se especula con las dos posibilidades: que esté intentando salir como un héroe en andas del abroquelamiento opositor para acoplarse al nuevo estado de ánimo político en la Argentina y aspirar a ministro de Economía o que, simplemente, esté tratando de hacer bien su trabajo.

Martín Redrado: el Banco Central argentino en el ojo de la tormenta

Esta semana, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sufrió una nueva crisis, surgida desde uno de los funcionarios que hasta ese momento generaba más orgullo en el oficialismo. Es que el presidente del Banco Central argentino podrá haber sido un "golden boy" de los que el ex presidente Carlos Menem eligió para trabajar a su lado en 1991, pero su política cambiaria al frente de la institución monetaria en estos cinco años no admitía muchas objeciones. Sin embargo, su negativa a transferir dinero de las reservas a un fondo del gobierno para pagar vencimientos de deuda, lo puso en el ojo de una tormenta que lo sacó y lo volvió a poner en su despacho del Banco Central por dictamen de una jueza que frenó el decreto de la presidenta, que forzaba su dimisión a pesar de haberse resistido a presentar la renuncia.

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