ALEJANDRO NOGUEIRA
En la campaña electoral el Frente Amplio prometió dar continuidad a la política económica de la administración Vázquez y profundizarla. Durante las internas entre Mujica y Astori las diferencias de enfoque eran explícitas pero, resultados al canto, sobrevino un cambio en la correlación de fuerzas dentro de la coalición, el tip de la "profundización" del modelo tomó fuerza. A 100 días del nuevo gobierno hay que ser muy distraído para no ver que, efectivamente, se está desplegando el modelo "alternativo" o "profundizado" -como guste llamarse-, consagrado en las urnas.
Tal como se vio en los cinco años de Vázquez, el centro del pathos político está en las pujas y confrontaciones dentro del oficialismo. Además existe una oposición marginal, hoy especialmente entretenida en los temas de su participación en cargos de gobierno, algo seducida por el discurso oficial, y algo sorda a ciertas partes de ese discurso.
Momentáneamente esta oposición no está plenamente ubicada en su papel de contrapeso necesario en un sistema democrático, aunque seguramente esto se irá acomodando con el tiempo.
El desarrollo de un modelo alternativo no supone necesariamente abandonar las reglas de juego democráticas, aunque en la coalición de gobierno existan fuerzas dispuestas a esto.
¿En dónde radica, entonces, un cambio de modelo? Básicamente, en las políticas económicas y en las libertades públicas. En el primer aspecto, lo relevante es el grado de intervencionismo estatal, el incremento y manejo del gasto, y las políticas redistributivas. En el segundo, en el aumento del control del Estado sobre la vida de los ciudadanos y en el papel del gobierno en las relaciones entre los actores sociales del país.
Un somero análisis de la gestión de la actual administración no puede concluir, por ahora, que haya un vuelco dramático en la economía ni un flagrante cercenamiento de las libertades ciudadanas. Lo que sí hay son cambios de grado: un incremento riesgoso del gasto público sin contrapartidas de evaluación y control de gestión; políticas tributarias invasivas; vulneraciones al secreto bancario y tributario, intención de manipular el dólar. En las libertades también hay arañazos: central pública de deudas, tolerancia a los intentos de cogestión de los sindicatos en las empresas y en la propia administración pública; manchitas en la libertad soberana.
No hay evidencia de intervención política en la Justicia, no se perciben violaciones flagrantes a la libertad de prensa; no hay persecuciones notorias de personas. Hay, también, medidas a elogiar y duras interrogantes en sectores estratégicos como la educación y la política exterior.
En el otro plato de la balanza, se perciben algunos deslizamientos a los que prestar atención, marchas y contramarchas desconcertantes en el Poder Ejecutivo, la amenaza de una correlación interna en el FA que sí puede generar cambios dramáticos.
Van 106 días, pero quedan 1.741. Estamos en un contexto externo favorable que disimula errores, los mitiga, pero puede cambiar, detonando el voluntarismo, la vocación mesiánica, el humano deseo del monopolio de la verdad (y del poder), la ruptura de los delicados equilibrios de una democracia. Habrá muchos atentos.