El mal tiempo y los fuertes vientos impidieron ayer que el austríaco Felix Baumgartne, de 43 años, realizara su hazaña tal como estaba previsto. Cuando la organización decidió postergar la prueba (se desconoce la nueva fecha), el austríaco ya estaba instalado en la cápsula presurizada y había comenzado la cuenta regresiva, pero el fuerte viento iba a impedir que saliera bien.
Baumgartne intenta quebrar varios récords: convertirse en el primer hombre en romper la barrera del sonido, a 1.227,6 kilómetros por hora; dar el salto más alto de la historia (a más de tres veces de la altura media de crucero de un avión de línea) y registrar la mayor velocidad en caída libre.
Para poder realizar este salto, el deportista se entrenó durante cinco años ya que se trata de un descenso en caída libre durante unos cinco minutos antes de la apertura de un paracaídas, a 1.500 metros de altura, que lo depositaría en el suelo.
El mayor riesgo que podría enfrentar es la posibilidad de girar fuera de control, lo que podría hacerle perder el conocimiento. Por eso es esencial que controle el salto desde la cápsula, para lo cual debía colocarse en una posición con la cabeza hacia abajo para aumentar la velocidad.
Baumgartne es conocido por ser el primero en cruzar el Canal de la Mancha en caída libre y saltar desde monumentos como por ejemplo, el Cristo Redentor de Brasil.
En caso que la prueba que ahora tiene prevista sea un éxito, habrá realizado el salto con paracaídas desde más altura, protagonizado la caída libre más larga (unos 15 minutos) y subido en globo al punto más alejado de la Tierra.
De este modo, Baumgartne y su equipo habrán superado las marcas establecidas hace 52 años por el antiguo coronel norteamericano Joe Kittinger, que completó un salto en caída libre desde una altura de 31.333 metros durante la misión Excelsior III de 1960.
La cápsula de Baumgartne, que pesa 1.315 kilos, sufrió desperfectos en julio cuando aterrizó bruscamente tras el último salto de prueba, desde una altitud de 29.610 metros y superando los 800 kilómetros por hora.
A pesar de que la prueba fue nuevamente postergada (estaba fijada para el lunes), Baumgartne continúa instalado en la localidad estadounidense de Roswell (Nuevo México) a la espera de cumplir su aventura. "Me siento como un tigre que espera salir de su jaula", declaró.
Dos horas antes de que comience el ascenso, el austríaco se pondrá su traje espacial, imprescindible para soportar la presión, el frío y la velocidad, y comenzará a respirar oxígeno para eliminar el nitrógeno de su organismo. Si la intensidad del viento no lo impide, el globo de helio se elevará durante unas tres horas hasta alcanzar una altura de más de 36.000 metros. AFP - EL PAIS.COM