FLORIDA | FEDERICO IGLESIAS
Las dificultades económicas obligaron a la familia Roggero a abandonar Montevideo; por problemas sucesorios su vivienda fue rematada. Fue así que seis mayores y dos niños llegaron a la ciudad de Florida, donde esperanzados pensaron en ocupar lo único que tienen, un terreno de 150 metros en un lindo barrio de Florida capital, sobre la avenida Artigas.
Pero nada les fue sencillo. A todas las dificultades se sumó el rechazo de los vecinos, que seguían con preocupación cómo se instalaba un "posible asentamiento" en la zona.
Primero llegó Gabriel, de 33 años, y su señora, acompañando el camión del Ejército que les facilitó la mudanza. "Llegamos el viernes al terreno, sólo había malezas, comenzamos a bajar todo y después que se fueron nos sentamos en medio de la nada, cansados, con todo por hacer", recordó. Armaron la carpa y cuando aún no había amanecido llegó un segundo camión. Así se sumó el resto de la familia, compuesta por sus padres Celia (57) y Luis (59), su hermana y su esposo, además de dos niños de 3 y 6 años.
Gabriel emigró a Canadá a principios de 2003, de donde regresó hace apenas unas semanas. Mientras estuvo trabajando en aquel país, envió dinero a sus padres para comprar el terreno de Florida, ciudad que había visitado en varias oportunidades para reunirse con su cuñado, oriundo de esa localidad, y que lo había impresionado por la tranquilidad de su rutina y la sensación de seguridad.
Ahora tenían todo por construir. A la carpa se sumó un galpón de chapa y madera muy precario donde dormir y cocinar. Tiene menos de 10 metros cuadrados. La familia Roggero vive ahora con muy poco dinero, sin baño, ni luz, ni agua.
Los vecinos llegaron a manejar la hipótesis de que esos desconocidos estuvieran cometiendo un "delito de usurpación de propiedad ajena".
La inquietud llegó la semana pasada al programa radial más escuchado de la ciudad, "Exitorama, Siglo XXI". Allí se habló de todo, hasta que tuvo que salir la escribana que realizó la escritura del terreno a aclarar que efectivamente los Roggero eran propietarios del predio.
"Nos trataron como delincuentes, vino dos veces la Policía, se armó un circo propio de un pueblo que tiene complejo de inferioridad", sentenció Celia. Ella y su esposo explicaron que son "gente de bien", que las circunstancias de la vida los llevó a terminar en esas condiciones. Ahora piden "alguna colaboración" para construir la nueva vivienda. Entre sus planes está poner una pizzería, la que se llamará "Los de la carpa", nombre con el que ya todos los conocen en la ciudad.