EL ABRAZO PROTECTOR

| Gustavo Ekroth analiza la realidad de los jóvenes que hoy no encuentran motivaciones y se deprimen, mientras que Rosario Navarro y Alexander Lyford-Pike confían en la contención de la familia y sus valores.

Alvaro Casal

Qué pasa con los jóvenes? O tal vez, ¿qué le pasa a los jóvenes? Son preguntas que se formulan los adultos, ante conductas que les llevan de la confrontación al espanto, pasando por diversos estados intermedios, como asombro, ira, desesperación o sensación de derrota.

Pero también está el punto de vista juvenil: ¿qué acontece con los adultos que no los dejan en paz, que quieren imponerles modelos de conducta o fórmulas que simplemente "fueron"?

El tema queda así delineado a grandes rasgos. Aunque tiene otras muchas facetas, otros muchos ejemplos, otros muchos discursos. La cuestión es que la juventud está convulsionada, atraviesa un tiempo de crisis, un tiempo de conflictos. Como casi todos. Aunque con lineamientos propios.

Internet. Gustavo Ekroth, psicólogo clínico, agudo observador de conductas, que le ha llevado a escribir libros tan removedores como "La locura uruguaya" o "El evangelio según San Dinero", comenta: "lo que veo en los jóvenes de 17 a 25 años que llegan a mi consulta, es que están en crisis. Les cuesta seguir una pauta de conducta. Cuestionan mucho los modelos paternos. Esto ocurre en parte porque ven que esos padres tienen frustraciones en el trabajo, problemas de pareja..."

Y continúa: "Quieren evitar el sufrimiento y se van al otro extremo. Son en cierta forma reaccionarios. Si ven problemas familiares, se resisten a formar familia".

Ekroth advierte entre los jóvenes que trata, que "hay abuso de Internet, en el sentido de estar muchas horas en eso y también en el creer que porque algo está allí, es válido. No tienen en cuenta que cualquier persona puede entrar en Internet y dejar su mensaje, sin que tenga necesariamente algún valor positivo. Antes, si algo estaba en televisión, era verdad. Ahora, es Internet".

Anorexia. Asimismo advierte "una preocupación obsesiva por el cuerpo, sea por la salud física o la alimentación. Algo que puede ser sano, llevado al extremo es nocivo, puesto que conduce a excesos en la cultura física, a la anorexia, a la bulimia".

Reflexiona que "los jóvenes siempre fueron rebeldes, pero iban hacia modelos a seguir, no siempre buenos, pero modelos. Ahora no tienen modelos. Los jóvenes se quejan, en lugar de ver el lado positivo. La agresividad muestra un descontento. Antes veían a alguien con un buen pasar, por ejemplo un plomero, y les inspiraba, tal vez, seguir ese oficio. Ahora sólo ven a alguien que se queja, sea plomero o médico. Es que antes había carreras seguras. Podían ser profesionales, pero también bancarios o empleados públicos. Ahora no lo ven. Y entonces, el ideal de muchos jóvenes está en los países desarrollados".

A Ekroth le parece que los ídolos de las juventudes de otrora eran más cercanos, más fáciles de emular; ya fueran cantantes, políticos, etc. "Ahora, como ídolo, pueden tener a un cantante de rock americano. Y es más difícil llegar a eso. La montaña es mucho más alta y el joven dice, ni voy a intentar subir. Ahí sobreviene la desmotivación, la falta de incentivos, la desorientación".

Epidemia depresiva. "Si bien en los centros educativos se ofrece orientación vocacional, los jóvenes no saben qué camino tomar, sea en el trabajo o en el estudio", afirma y luego confiesa preocupado: "Noto que avanza la depresión en los jóvenes. Veo más. Antes venían por una fobia, por ejemplo a los exámenes, por problemas con los padres, pero ahora vienen simplemente por depresión, que era algo que se daba en gente de más edad. La Organización Mundial de la Salud estima que para el año 2020 la depresión va a ser la enfermedad más invalidante en el mundo. Ahora está en cuarto lugar. La depresión infantil, que antes no se veía, ahora se ve, por las presiones que tienen los niños".

Continuando con la depresión, agrega: "otra cosa que los afecta mucho, son las ausencias. La muerte de los abuelos, la ida de amigos al exterior. Son como pequeñas muertes que en momentos normales podrían sobrellevar, pero en tiempos de crisis, no. Se nota mucha desmotivación. Por ejemplo, en chicas que hacen intentos fallidos de formar una relación. Y hay un cuestionamiento muy grande a los modelos de felicidad de sus padres. Entonces vienen reacciones como "ellos no se drogan, entonces yo me drogo". O bien, "ellos se visten prolijamente, yo no".

Insiste: "No tienen modelos. Lo veo en la gente que viene a la consulta. Crecen demasiado rápido en cuanto a problemas. Se acercan por motivos que antes eran más de adultos. Han quemado etapas. Y reitero: los problemas con los padres".

Miedo a vivir. Para cerrar, Gustavo Ekroth, con seriedad habla del "miedo a vivir" que afecta a parte de la juventud. Dice así: "El miedo a vivir lleva a drogas, no solamente drogas químicas, hay otras. Se pueden volver adictos a mirar televisión, o a estar mucho en Internet. Adictos a cigarrillos, chicles y hasta drogas menos nocivas, como el café o el té. Son escapismos. Son formas de no estar conscientes del dolor".

LA FAMILIA UNIDA. Los conflictos familiares son tema permanente en el Instituto de Psiquiatría y Psicología de Montevideo. Allí, reciben a Tendencias el Director del Instituto, médico psiquiatra Dr. Alexander Lyford-Pike (quien ha profundizado sus estudios en España, Escocia y EEUU) y la licenciada en Psicología y psicoterapeuta familiar y clínica María del Rosario Navarro.

Justamente es Navarro quien explica de entrada que en momentos de crisis, cuando se está en medio de ella, resulta difícil verla como una posibilidad de crecimiento. Es decir, ver la parte positiva. En cuanto a la familia como entidad, comenta que "por sí, tiene su evolución. En cada etapa enfrenta vulnerabilidades distintas. Etapas que son, entre otras, casamiento, nacimiento del primer hijo, adolescencia, etc.; cada una con sus vulnerabilidades endógenas".

Pike, autor de "Ternura y firmeza con los hijos" (un libro del que se han vendido decenas de miles de ejemplares en América), agrega: "Es importante en cuál de esas etapas, las crisis externas afectan a la familia. Lo que ocurre depende de la etapa y de las características de la familia; sus valores para ese enfrentamiento".

Optimista. Navarro insiste en que, sea como sea, de las crisis "siempre se sale fortalecido".

Señala que en el instituto, "lo que más se ve, son consultas del emergente. El emergente es el síntoma, que puede ser síntoma familiar. El emergente es el miembro más vulnerable de la familia. Por ejemplo, si hay un joven que sufre ataques de asma, ello puede darse cuando los padres se pelean y entonces se desencadena el ataque. El emergente es el asmático. Pero hay un trasfondo".

Pike afirma que "en un entorno de crisis, los adultos están muy atentos a lo externo y pueden descuidar lo interno. Pero la crisis está y es el momento de fortalecer a la familia, a veces con cosas sencillas, como cenar en familia, hacer paseos en conjunto. La gente descuida esto con mucha facilidad". E ilustra con un ejemplo: "Si está piloteando un avión en una tormenta, debe guiarse por instrumentos. Los valores son como estos instrumentos y sirven para guiarnos en medio de la tormenta".

Navarro dice que a veces se pierden de vista los soportes afectivos: "La familia externa puede ser un soporte cuando el núcleo familiar primario está en crisis. Las ayudas externas pueden ser importantes".

Según Pike, también cumplen un papel trascendente la iglesia, el club, los colegios y parroquias. En cuanto a Navarro, para ella "los abuelos son referentes muy importantes. Su presencia da unidad y brinda un modelo afectivo".

Los afectos. Pike reflexiona que "Los padres deben cubrir necesidades funcionales y afectivas. Las funcionales son comida, ropa y techo que pueden ser más difíciles de cubrir y por eso se atienden especialmente. Pero las necesidades afectivas y emocionales deben ser cubiertas también".

"Quiero recalcar que la crisis no ha golpeado a todas las familias en forma igual", acota Navarro. "Hay una realidad que ha golpeado en forma diversa".

"Una cosa es el nivel socio-económico, donde la pérdida de trabajo representa ciertas carencias y otro es el nivel donde se pierde la comida", observa Pike. "Se ven así efectos en cascada. El que está en seguro privado de salud, pasa a atenderse en mutualista y el que estaba en mutualista, pasa a atenderse en salud pública. Eso incide a nivel familiar. Hay gente que deja el seguro privado y queda con la emergencia móvil solamente".

"Pero como generación de adultos maduros, debemos resaltar que siempre hay esperanza, que siempre hay posibilidades", reitera Navarro.

Pike agrega que "en una sociedad, cuando hay un consumismo importante y la crisis derrumba a ese consumismo, se sufre más si no hay otros valores".

Atención. En la coyuntura actual, Navarro piensa que es importante que "los adultos aprendan a detectar los problemas psicológicos que pueden necesitar apoyo externo. En especial los casos de ansiedad y depresión. También detectar los eventos que pueden llevar a la depresión, por ejemplo, sobre la base de lo que indican los antecedentes familiares".

Para finalizar, tanto Pike como Navarro concluyen que es la familia la que debe reforzar lo socio-cultural y espiritual de esa familia.

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