A 150 años de su fundación, el Colegio Santo Domingo eligió celebrar su historia con una transformación educativa profunda y con la mirada puesta en el futuro. Y es que esa larga trayectoria, atípica en Uruguay, es motivo de festejo y de compromiso, por eso decidió emprender un camino bajo un concepto que resume su presente: el movimiento.
El nuevo enfoque, denominado “travesía”, propone pasar de un paradigma centrado en la enseñanza a otro enfocado en el aprendizaje. En la práctica, esto implica que cada niño construya su propio recorrido, respetando sus tiempos, intereses y formas de aprender.
La transformación no surge como una tendencia, sino como respuesta a un contexto, explicó su directora general. “No partimos de una moda, sino de una necesidad. El mundo cambia y la educación también tiene que cambiar”, señaló además Laura López Gómez, dinamizadora de la innovación a nivel institucional y directora de primaria.
“Elegimos este lema de ‘150 años educando para un mundo en movimiento’ porque refleja lo que ha sido nuestra historia y también nuestro presente”, explicó la directora general, Claudia Pérez Troncoso. “Hoy, como colegio, avanzamos en una propuesta formativa que responda a las realidades de las nuevas generaciones, sin dejar de hacernos preguntas que nos permitan seguir creciendo y transformándonos.”
En ese proceso de revisión y transformación, el colegio impulsa un cambio pedagógico que tiene su expresión más visible en primero y segundo año de primaria, donde se implementa un modelo innovador que redefine la experiencia educativa.
Uno de los elementos centrales de este modelo son los escenarios de aprendizaje, que reemplazan la lógica tradicional del aula. En lugar de una única dinámica homogénea, la jornada se organiza en distintos espacios que abordan dimensiones diversas como son lo cognitivo, lo artístico, el movimiento y la reflexión.
“Hay espacios para potenciar habilidades cognitivas, otros para el arte, el movimiento y también momentos de metacognición”. Cada escenario se diseña considerando la diversidad de inteligencias y modos de aprender, integrando instancias orientadas al desarrollo cognitivo, expresivo y corporal, junto con espacios sistemáticos de metacognición, detalló López Gómez.
Aprendizaje personalizado y desarrollo integral
Uno de los diferenciales del modelo es la personalización del aprendizaje. Los estudiantes trabajan en grupos según niveles de desempeño, que se ajustan dinámicamente a medida que avanzan.
Este enfoque permite detectar potencialidades y acompañar trayectorias diversas. “Hemos tenido casos de alumnos que avanzan más rápido y otros que necesitan más apoyo, y el sistema permite atender esas diferencias sin rigidez”, señaló López Gómez.
Más allá de lo académico, el impacto también se observa en habilidades transversales. “Lo más visible es cómo argumentan, cómo debaten, cómo reconocen sus formas de aprender. Hay un fuerte desarrollo de la autonomía y la reflexión”, explicó López Gómez.
Hiperaulas, codocencia y aprendizaje activo
La propuesta se desarrolla en lo que el colegio denomina “hiperaulas”. Se trata de espacios amplios, flexibles y versátiles que permiten reorganizar la dinámica según las necesidades pedagógicas.
Allí, además, cambia el rol docente. En lugar de un único maestro frente al grupo, el modelo se apoya en la codocencia, con equipos de tres o más educadores que trabajan de forma coordinada.
“Ya no hay aulas en soledad. El trabajo en equipo enriquece a todos. a los docentes, a los estudiantes y a las familias”, afirmó López Gómez.
Bajo este esquema, el docente asume un rol activo como guía y observador, que propone desafíos en lugar de imponer contenidos. La planificación también cambia, ya que no se trabaja con libros predefinidos, sino que las propuestas se diseñan a partir de proyectos y de los intereses de los estudiantes.
Espacios que acompañan la pedagogía
El cambio pedagógico viene acompañado por una transformación de los espacios físicos. Santo Domingo avanzó en reformas edilicias que buscan alinear arquitectura y educación, en colaboración con el estudio del arquitecto Diego Tosar.
Las aulas incorporan zonas diferenciadas, desde áreas de trabajo activo hasta espacios de calma con mobiliario blando, donde los estudiantes pueden autorregularse. A esto se suman nuevos proyectos que se inaugurarán en mayo, como un comedor multifuncional diseñado no solo para la alimentación, sino también como un espacio de encuentro y trabajo en distintos momentos del día, así como una biblioteca polivalente pensada para el desarrollo de proyectos, el trabajo en equipo y el aprendizaje autónomo.
Estos nuevos espacios incluyen, además, zonas específicas de descanso y concentración, que permiten a los estudiantes elegir cómo habitar la escuela según sus necesidades, reforzando la idea de autonomía que atraviesa la propuesta pedagógica.
“La arquitectura no hace por sí sola a la innovación, pero colabora muchísimo. Los espacios tienen que estar al servicio de las nuevas formas de aprender”, destacó Pérez Troncoso.
Una comunidad que aprende en conjunto
Otro de los pilares del modelo es el vínculo con las familias, que forman parte activa del proceso educativo. “No son espectadores, sino coeducadores. Construimos con ellos una misión compartida”, afirmó la directora.
El colegio promueve instancias de diálogo permanente, desde reuniones formales hasta espacios de participación en proyectos y decisiones. Incluso, las familias han sido parte del codiseño de algunos espacios.
Este enfoque busca generar coherencia en el proceso formativo y fortalecer la comunidad educativa. “Siempre puede haber diferencias, pero el punto de encuentro es el bienestar del niño”, subrayó Pérez Troncoso.
Itinerancia 2030: una transformación en proceso
El cambio en primero y segundo año es parte de un proyecto más amplio. La Itinerancia 2030, una hoja de ruta que organiza la innovación educativa a largo plazo. La iniciativa, que comenzó en 2019, se implementa de forma progresiva en todos los niveles, desde la primera infancia hasta la educación secundaria.
Primero y segundo ya llevan un largo camino con este cambio. El año pasado, además, comenzó en primera infancia y este año, por ejemplo, el modelo ya se extendió a tercero y cuarto de primaria, con adaptaciones acordes a cada etapa. “Buscamos una transformación que sea sostenible en el tiempo. No nos interesa solo el resultado, sino el proceso”, señaló su directora.
Además del componente pedagógico, la propuesta se funda en una espiritualidad inspirada en la mirada de Jesús, que da sentido a toda la vida escolar. Desde esta perspectiva, se ilumina la convivencia, se orienta el uso responsable de la tecnología y se fortalece la formación en valores, promoviendo una cultura del encuentro, el cuidado y el servicio. Esta mirada se traduce en un compromiso social concreto que atraviesa cada experiencia educativa.
“Queremos formar personas capaces de transformar su entorno, comprometidas con una sociedad más justa y fraterna”, concluyó Pérez Troncoso.
En esa búsqueda, Santo Domingo reafirma su identidad: una institución con 150 años de historia que, lejos de anclarse en el pasado, elige seguir moviéndose.