CIUDAD DEL PLATA | ANA PAIS
Entre los 30.000 habitantes de Ciudad del Plata, San José, la comunidad japonesa es ínfima. Sin embargo, la mayoría conocen a estos inmigrantes simpáticos y trabajadores, que suelen colaborar de distintas formas con dos de las escuelas locales.
"El origami me gusta porque me ayuda a proyectar la mente espacial, las figuras tridimensionales. Como que redacto en mi imaginación", explicó Romina, alumna de 6° año de la escuela N° 117, sobre las clases que desde hace unos 4 años dicta de forma honoraria el japonés Yukinobur Horimoto. En menos de 5 minutos la niña de 11 años armó un cubo con seis hojas de papel glasé. Y aunque parecía pegada en los vértices, la figura estaba armada sólo con pliegues muy exactos.
Las clases empezaron siendo dos veces por mes en 4°, 5° y 6° año. Pero a pedido de las maestras y alumnos, Horimoto empezó a enseñar el arte tradicional japonés del plegado de papel en todos los grados.
"Triángulo", "puntita con puntita", son algunas de las indicaciones que da el nipón a los pequeños de 4 años, en un español con evidente acento japonés, que hace recordar al imitado por Enrique Almada en el sketch humorístico del programa Decalegrón.
Desde la cara de un perro o gato (según cómo se lo doble), la grulla, diferentes modelos de barcos y figuras geométricas tridimensionales, Horimoto les enseña los diseños que aprendió de chico, como todos los niños japoneses. Incluso, al día de hoy, algunas universidades tienen una prueba de ingreso de origami, contó.
"Hay muchos diseños de origami y se puede adaptar uno más fácil para niños chiquitos o más complicado para niños grandes. Lo primero es aprender a doblar derecho", contó Horimoto, quien llegó a Uruguay en 1995 como miembro de la Federación para la paz universal.
La diputada nacionalista suplente por San José, Rita Quevedo, presentó a fines de junio un proyecto de ley para llamar "Japón" a la escuela N° 117. De aprobarse sería la tercera escuela en Uruguay en llevar ese nombre, lo cual no resulta extraño dada la activa participación del gobierno de Japón en Uruguay (ver nota aparte) y de su comunidad. Según datos de la propia embajada, la cantidad de nipones residentes en el país es de algo más de 350 personas, unas 180 familias.
Quevedo, que es fonoaudióloga y maestra, explicó que el origami sirve para la "motricidad fina": "Para estos chicos, que son de un ambiente carenciado, hemos visto que trabajar el plegado les ayuda muchísimo la parte escrita. Además de que les encanta, porque de una hoja sacan un pájaro".
Por su parte, la directora de la escuela, Esmeralda Zaro, destacó: "Es importante para la formación matemática porque te lleva a reflexionar y a construir. También ayuda a la concentración porque los chicos de acá son muy dispersos". En la escuela ya están planificando un taller de cometas para la primavera, donde Horimoto les enseñará a construirlas con técnicas también tradicionales. Aunque deberá sustituir el bambú por cañas.
IKEBANA. Sus padres vinieron a América del Sur en los años 50, tras la Segunda Guerra Mundial. Él nació en Bolivia, pero desde chico vive en Uruguay y se siente como tal. Ruben Takeo Torii se dedica al cultivo de flores al igual que sus padres y que la comunidad de japoneses que vivía en Ciudad del Plata antes de que ellos llegaran.
"Como es todo manual y en la actualidad es poco rentable, cada vez somos menos", contó Torii. Hasta hace poco, quedaban tres familias japonesas en la zona dedicadas a las flores, pero una volvió a su país natal y la otra planta ahora vegetales.
De todos modos, como explica Quevedo en su exposición parlamentaria, "cada vez que se les solicita, los japoneses donan una importante cantidad y variedad de flores que son vendidas en beneficios para recaudar fondos que luego se utilizan a favor de la escuela (N° 66)".
Las flores se asocian a la cultura japonesa sobre todo por el arreglo tradicional "ikebana", dijo Torii. "Tuve la suerte que mi esposa (uruguaya) se adaptó mucho a mis costumbres, al trabajo de las flores. Es muy sacrificado, hay que estar mucho tiempo agachado", contó. Para tener flores todo el año, por ejemplo, deben rotar la ubicación de los invernaderos, que tienen varios metros de largo.
Si bien Torii nunca estuvo en Japón, sus padres han vuelto de visita a la isla: "Ellos cuentan de anécdota que acá la gente camina en cámara lenta".
Dentro de lo que es la cooperación técnica de Japón, Torii hizo cursos con expertos nipones: "Lo que ellos planteaban era muy difícil de aplicar, porque lo proyectaban a su mundo. Si hacíamos todo lo que decían (armar estructuras de metal en vez de madera, no reutilizar los materiales, correr el nylon a diario mecánicamente, etcétera) teníamos pérdida. Nosotros lo hacemos a la criolla".
Cooperación
De 2003 a 2008 la embajada de Japón donó US$ 2,720 millones a 42 proyectos de desarrollo social. Sólo en marzo de este año otorgaron US$ 306.787.
De 1984 a 2008 donaron a 16 proyectos estatales US$ 6,5 millones para infraestructura cultural o de educación terciaria. Este año darán al Ministro de Turismo US$ 300.000 para comprar judoguis, tatamis, entre otros. El año pasado por primera vez se financió un proyecto de ONG para la compra de instrumentos musicales por US$ 86.000.
Hasta 2008, 1.187 uruguayos participaron en cursos técnicos en Japón. A su vez, hasta ese año, 414 japoneses expertos capacitaron en tecnología a técnicos o funcionarios públicos.
Desde 1976, 43 uruguayos hicieron investigaciones en universidades del Japón por becas.
En 1989, al gobierno, que presidía entonces Julio María Sanguinetti se le dio un préstamo por US$ 74,6 millones para caminería y vías ferroviarias, entre otros.
"Absorben la música como esponjas"
Por 12ª vez, Hugo Fatturoso estará tocando en Japón. Viaja el viernes y vuelve recién el 2 de septiembre, después de recorrer 20 ciudades con el percusionista nipón Yahiro Tomohiro. El dúo Dos orientales interpreta milongas, chamarritas, candombes y versiones de Eduardo Mateo, Fernando Cabrera, Jorge Bonaldi, Jaime Roos y Ruben Rada, entre otros. "La audiencia japonesa vibra muy simpáticamente con la música. Absorben como esponjas, con muy buena disposición y hasta con gratitud", contó Fattoruso. Desde Uruguay él solo tiene que llevar su acordeón, porque en los locales donde tocarán para entre 60 y 100 personas, suele haber un piano de cola. También participarán en festivales con más de 1.000 espectadores. La despedida previa a la gira es este miércoles en el Bar Tabaré.