ANTONIO MERCADER
Montevideo fue un hito en la vida de Howard Hunt, el jefe de los asaltantes de Watergate que acaba de morir en Miami. Aquí, en 1958, cuando trabajaba para la CIA, conoció a Richard Nixon durante la visita del entonces vicepresidente estadounidense a Uruguay. Años después, electo presidente, Nixon le encargó "misiones encubiertas", entre ellas el asalto a las oficinas del Partido Demócrata en el edificio Watergate, en Washington. Ese golpe le costó a Nixon la presidencia de Estados Unidos y a Hunt varios años de cárcel en los cuales escribió novelas, una de ellas ambientada en Montevideo.
En 1957, la impresión que tuvo Hunt al llegar fue que Montevideo se parecía a Trieste, el puerto italiano sobre el Adriático. La describió como una ciudad pacífica, pero con sorpresas como sus playas atestadas de gente en horario laboral. "¿Quién trabaja en este país?" inquiría Hunt desde su apartamento ante la rambla Pocitos en la que paseaba por las tardes. En uno de esos paseos dijo que se encontró con Benito Nardone, el líder ruralista que llegaría a presidir el Consejo Nacional de Gobierno. En sus memorias, Hunt contó que en la embajada estadounidense creían que los colorados ganarían las elecciones de 1958 y que sólo él anticipó el triunfo blanco. Cuando éste ocurrió, el nexo Hunt-Nardone fue providencial para la diplomacia de su país.
Su otro encuentro en Montevideo fue con Nixon quien aterrizó en Carrasco como parte de una áspera gira sudamericana. Hunt y su esposa hicieron cola para saludarlo junto al personal de la misión en la casa del Parque de los Aliados y se fotografiaron con él. Más tarde alguien exhibiría esa foto ante un tribunal para probar la extensa relación entre el político y el espía. En 1970, diez años después de abandonar Montevideo, Hunt renunció a la CIA y se alistó en el equipo de Nixon en la Casa Blanca contratado para cumplir "tareas de seguridad".
Fue así que en junio de 1972, Hunt y otros cuatro hombres se colaron en las oficinas del Partido Demócrata en busca de documentos. Un sereno los vio y avisó a la policía. Aunque la prensa caratuló el caso como un intento de robo, poco después saltó la índole política del asalto. Dos periodistas del Washington Post, Woodward y Bernstein, iniciaron la épica pesquisa que terminó demostrando la complicidad de Nixon en el caso Watergate, lo que precipitó su renuncia a la Presidencia.
La biografía de Hunt salió entonces a luz. En Montevideo se lo recordaba como el organizador de la primera cita de los gobernantes blancos, a comienzos de 1959, con el embajador norteamericano. Luis Alberto de Herrera fue excluido de la reunión por un informe de Hunt que lo describía como "enemigo de Estados Unidos". Era el cobro de una vieja cuenta: en la década anterior, Herrera se había opuesto a la instalación de una base yanqui en Laguna del Sauce; pero era un exceso calificarlo de enemigo. El otro error de Hunt fue presentar a Herrera como "un viejo general retirado", prueba de que la CIA y su famoso agente distaban de ser infalibles.