Paysandú Sandra Kanovich
Paysandú celebró ayer los 80 años de uno de sus símbolos: el postre Chajá. Alguna vez fue declarado de interés nacional y aún hoy es requerido por embajadas uruguayas y extranjeras, que quieren ofrecer a sus comensales comidas típicas.
Quienes se acercaron al mediodía a la Confitería Las Familias, pudieron degustar el gran pastel de celebración y en la tardecita un show musical en la tradicional esquina de 18 de Julio y Herrera, que cerró la jornada con la que los responsables de la empresa agasajaron a los sanduceros.
Orgullo de las cuatro generaciones de la familia Castellano-Nardini que sostuvieron la empresa y carta de identidad y pertenencia de todo sanducero, el Chajá integra el imaginario colectivo como referencia de la ciudad que lo vio nacer, crecer y alcanzar las mesas europeas o norteamericanas, o integrando exposiciones internacionales de artículos tradicionales de Uruguay.
Ochenta años de historia, de épocas de auge y de las otras, que cristalizan hoy en el empuje que Alfonso, Nicolás y María Nardini -bisnietos del creador del postre- aún regidos por su madre Mabel Balbis, brindan a una empresa orgullosa de mantener el rigor de la calidad, actualizada con moderna tecnología, para lograr "el producto de siempre".
Su proyección se orienta hoy a ampliar el mercado interno y reconquistar el argentino. Para ello han reabierto un punto de venta en Colón, que oficia a la distribución en Entre Ríos. Mientras, mantienen el de Montevideo, desde donde el Chajá llega al casi todo el sur y este del país.
Un centenar de funcionarios integra el staff de la empresa, a quienes sus responsables consideran su principal capital. Uno de ellos, "Baby" Pesce, fue ayer especialmente agasajado. Lleva 50 años en la empresa y según cuentan, se niega a abandonarla.
MITOS Y CERTEZAS. Varias leyendas han pretendido explicar el nacimiento del postre Chajá. Pero la familia sabe que sólo fue producto "de un visionario", Orlando Castellano. Mabel Balbis de Nardini contó a El País que "el abuelo se encerraba a estudiar fórmulas". "En épocas de escasos recursos, en la que las heladeras no eran artículos corrientes, ni existía la pasteurización, él quería un postre que se mantuviera fuera de la heladera y pudiera ser transportado", explicó. Sus ingredientes ya no son un secreto para nadie. Sólo queda el del merengue, celosamente guardado y transmitido de generación en generación, que le brinda ese color y sabor que lo caracteriza, aseguró Nardini.
Cientos de sanduceros se acercaron ayer al local de El Chajá. Innumerables ramos de flores revelaban el cariño de amigos, clientes y proveedores.
"La admiración de la empresa a su creador" es para Balbis uno de los pilares que ha sostenido a la industria en su trayectoria. Pero no olvida a su suegra, conocida como "Yolita", ni a su esposo, quien falleció hace cuatro años. "Ahora veo la proyección en los que construimos con él, nuestros tres hijos, ya ha nacido la quinta generación, el tiempo dirá", agregó.
Un postre con copia
"Siempre imitado pero nunca igualado". Ese fue el eslogan que usó Orlando Castellano para distinguir el postre Chajá de cualquier imitación. Al día de hoy su elaboración sigue siendo un secreto, aunque los ingredientes se conocen: merengue, bizcochuelo, crema y durazno. El viejo eslogan sigue tan vigente como hace 80 años -aseguran sus familiares-, aunque más tarde haya surgido "el de la medallita".