Rosario Queirolo
Falta menos de un mes para la elección nacional y, en estos últimos días, la campaña ha recrudecido. Las mediciones de intención de voto muestran retroceso o, al menos estancamiento, en la intención de voto hacia los punteros: el Frente Amplio y el Partido Nacional.
Por el contrario, las preferencias por el Partido Colorado (PC) y el Partido Independiente (PI) se consolidan e incluso aumentan. Y cada vez hay más indecisos.
Retroceso. El próximo gobierno será del Frente Amplio o del Partido Nacional. Sin embargo, las últimas encuestas difundidas esta semana indican que los dos partidos con más chances de ganar la Presidencia, han disminuido su intención de voto. El impacto de la confrontación parece haber incidido más en el Partido Nacional que en el Frente Amplio. Según la EdE, el FA mantiene el 45% de las preferencias, el PN desciende a 32%, el PC aumenta a 11%, y el PI continúa con el 2%. El voto en blanco, anulado y aquellos que prefieren otros partidos (principalmente Asamblea Popular) suman el 3%. Un 7% de los uruguayos todavía está indeciso.
Los resultados de la EdE son el promedio de las tres encuestadoras que hasta el momento han difundido datos de intención de voto en septiembre: Interconsult, Radar y Factum. Los datos aportados por las tres encuestadoras convergen en las magnitudes otorgadas a cada partido, pero muestran distintas tendencias, posiblemente por haber sido realizadas en tiempos diferentes.
Los datos de Interconsult fueron relevados entre el 12 y el 14 de septiembre, antes que la opinión pública conociera las declaraciones de José Mujica publicadas en "Pepe coloquios", y las expresiones de "sucucho" y "cueva" que realizó Luis A. Lacalle al referirse a la casa del candidato frenteamplista. Por lo tanto, no capturan el impacto que puedan haber tenido estas declaraciones en las preferencias de los uruguayos. Tal vez sea por esto que la encuesta de Interconsult todavía registra una tendencia al aumento del voto hacia el Frente Amplio, y un descenso de las preferencias por el Partido Nacional (tres puntos). Esta era la tendencia observada desde las semanas anteriores, y la situación antes del aumento de la confrontación.
Las encuestas de Radar y Factum sí son posteriores a las controversiales declaraciones de Mujica y Lacalle, y pueden registrar el impacto de las mismas en los ciudadanos.
Como Radar no realizó una medición en agosto, no podemos conocer la tendencia que conlleva la última medición. La encuesta de Factum de septiembre indica que no sólo los blancos pierden votos en relación con el mes de agosto (2 puntos), confirmando la tendencia del mes pasado, sino que también el Frente Amplio se ve perjudicado por los acontecimientos de campaña y también pierde 2 puntos (pasa de 46% a 44%). Habrá que esperar los resultados de las restantes encuestadoras para saber si se confirma este impacto.
Los beneficiados. Si los frentistas y los blancos son los perjudicados, los favorecidos son el Partido Colorado y el Partido Independiente. Para ambos partidos, la estrategia de mantenerse fuera de las confrontaciones parece una buena forma de capitalizar el descontento con la campaña negativa. Los colorados, por primera vez desde hace un año, superan el 10% y recogen un 11% de intención de voto según las tres encuestas difundidas. El Partido Independiente se mantiene estable en el 2% en la EdE, pero una de las encuestas, la de Radar, le asigna un 3%. Si lograra este último resultado, Pablo Mieres sería senador de la República.
Indecisos. Contrariamente a lo que cabría esperar, a medida que se acerca el 25 de octubre, los indecisos aumentan. Esto podría estar expresando el cansancio de algunos ciudadanos por el tono que ha tomado la campaña. Según Interconsult los indecisos aumentan de 6% a 7%, y según Factum de 6% a 8%. Para Radar, el 6% de los uruguayos todavía no sabe a quién votará. El promedio de la EdE es 7% de indecisos. Hasta el momento, la EdE reportaba los indecisos junto con otras categorías como aquellos que van a votar en blanco, anulado o a otros partidos. La principal razón de presentar la información junta era que la mayoría de las consultoras así la publicaban. A medida que estas categorías aparecen desagregadas, es importante analizar cada una de ellas por separado, ya que no es lo mismo que los indecisos aumenten, a que crezca el voto en blanco o anulado. La suma de quienes piensan votar en blanco, anulado o a Asamblea Popular alcanza el 3%. Estos últimos ya tienen una opción tomada, no son indecisos.
Russell Dalton, un politólogo estadounidense, divide el impacto que tienen las campañas negativas en los ciudadanos según si estos son "apolíticos" (personas a las que no les interesa la política ni tienen identificación partidaria), "apartidarios" (ciudadanos que están interesados en política pero no se sienten cercanos a ningún partido en particular, son independientes), y "partidarios" (son de un partido político, algunos con una orientación más afectiva hacia el partido, otros con una orientación más racional).
Las campañas con mucha confrontación movilizan y entusiasman a los que ya son partidarios, mientras que tienden a desmovilizar a quienes son apolíticos o apartidarios, como son la mayoría de los indecisos. Seguramente, el crecimiento que registran las últimas encuestas en su número indique que también en Uruguay, una campaña de estas características, en vez de convencer a los indecisos los desmoviliza. Como en Uruguay, a diferencia de Estados Unidos, el voto es obligatorio, los ciudadanos desmotivados pueden inclinarse por los partidos más pequeños, por los que están fuera de la confrontación, o por votar en blanco o anulado. Teniendo en cuenta estos resultados, sería de esperar que el tono de las campañas de los punteros -más ahora que éstas se intensifican con la publicidad en radio y televisión- se modere si es que pretenden captar el voto de estos indecisos que parecen estar disconformes con lo que se les mostró hasta ahora.
Preguntas que apuntan a conocer al indeciso
Para la mayoría del público, y para una parte importante de los medios y de la clase política, el dato clave de las encuestas lo constituye el porcentaje de la intención de voto que recoge cada partido. Este es, sin duda, el aspecto más atractivo, porque anticipa lo que pasará el día de la elección. Sin embargo, al margen de esa pregunta "mágica", las encuestas interrogan acerca de otros muchos aspectos vinculados al comportamiento de los votantes (por ejemplo, imagen de los candidatos, opiniones sobre las estrategias, y también sobre el voto en elecciones pasadas). Esta información, que usualmente no trasciende al público, se utiliza para conocer en mayor detalle las características de los electores, y también para tener una aproximación a la estimación del comportamiento de aquellos que aún no saben -o prefieren no manifestar- qué votarán.
Una de estas preguntas auxiliares apunta a conocer quién creen los ciudadanos que ganará la elección, con independencia de cuál sea su preferencia. Según la encuesta de Cifra de fines de agosto, la mitad de los uruguayos (50%) creía que José Mujica sería el próximo presidente, el 36% que sería Luis Alberto Lacalle; y el restante 14% proporcionó otras respuestas.
Parece claro que para los ciudadanos el ganador surgirá de uno de los dos competidores que van a la cabeza, con Mujica aventajando en las apuestas. Estos porcentajes varían bastante al discriminar por el partido de preferencia de los electores. Como cabe esperar, la percepción de los partidarios sobre quién será el ganador está teñida por sus deseos: Mujica resultaría ganador para el 85% de los votantes frentistas, y Lacalle lo sería para el 78% de los votantes blancos.
El dato clave, aquí, es respecto a los indecisos. De éstos, el 40% vaticinó que Mujica sería el próximo presidente, el 27% dijo que lo sería Lacalle, mientras que un 33% proporcionó otras respuestas.
Según algunas teorías, estos datos podrían revelar las preferencias encubiertas de los indecisos. Pero, ¿significa esto que los indecisos se distribuirán de esta manera? No realmente. Una sola pregunta no basta para desentrañar las complejidades del comportamiento político, y en un contexto de campaña tan ajetreado como el que vivimos, la voluntad de los indecisos está sujeta a múltiples influencias.