Pablo Pera Pirotto
Los días extremadamente calurosos provocan mayor pérdida de líquido de lo normal, pudiendo llevar a la deshidratación, sobre todo en aquellas personas que están en los extremos de la vida, es decir, niños pequeños y ancianos. También debe tenerse en cuenta que las dirreas y los vómitos, muy comunes en el verano, aumentan aún más el riesgo. Lo más importante es tomar grandes cantidades de líquido, sin esperar a tener sed para hacerlo. En este sentido, lo ideal es ingerir agua o las bebidas especiales que utilizan los deportistas para la reposición hidroelectrolítica. La buena ventilación de los ambientes y el uso de ropa adecuada también son factores a tener en cuenta.
El intenso calor que se está viviendo por estos días en nuestro país, además de resultar muy incómodo sobre todo para quienes ya se han reincorporado a las tareas habituales después de su licencia o peor aún, para quienes ni siquiera se la han tomado, puede tener también repercusiones importantes al provocar o acentuar problemas en la salud.
Como sucede con gran cantidad de patologías, las personas en los extremos de la vida son quienes pueden verse más afectados por las altas temperaturas. Es por eso que las precauciones deben extremarse cuando se trata de niños pequeños y ancianos.
En primer lugar, es importante recordar que el organismo tiene distintas formas para regular y mantener la temperatura corporal dentro de ciertos rangos. Precisamente, cuando el calor ambiental se hace sentir, una de las formas de "enfriarse" es mediante la sudoración. Por lo tanto, esto lleva a que la pérdida de agua sea mayor de lo normal. La respuesta a esta pérdida exagerada es el desencadenamiento de la sensación de sed, que nos avisa que debemos reponer líquidos. Pero, esto no siempre funciona tan ajustadamente en los extremos de la vida. Es común que en esas edades las personas no tomen agua por propia voluntad y en las cantidades que sus cuerpos necesitan para reponerse, lo que lleva a que entren en un estado de deshidratación. Este estado se manifiesta por una franca sequedad de la boca y del resto de las mucosas, falta de lágrimas al llorar, ojos hundidos, una piel poco elástica y seca, ausencia de orina por muchas horas, pudiendo aparecer también síntomas como náuseas, falta de fuerza, sensación de fatiga mental y física, e incluso mareos, confusión y lipotimia.
También hay que tener en cuenta que las pérdidas de agua producidas por el calor pueden resultar más graves en quienes consumen antihipertensivos (el calor de por sí provoca vasodiltación), diuréticos, o que estén sufriendo vómitos o diarrea.
La forma de prevenir la deshidratación es, en primer lugar, ingerir más cantidad de líquido que lo normal, sin esperar a que aparezca la sed. En este sentido, es conveniente evitar las bebidas colas con cafeína, las muy azucaradas o el alcohol, siendo lo mejor el agua o aquellas marcas formuladas especialmente para la reposición electrolítica en deportistas. A propósito de la actividad física, lo ideal es programarla para las primeras horas de la mañana o al finalizar la tarde, evitando las horas de sol más fuerte, y beber agua tanto antes como durante el ejercicio físico a intervalos regulares de unos veinte minutos. En relación a la ropa, lo más adecuado son las prendas livianas y holgadas, ya que permiten que se mantenga una capa de aire por encima de la piel.
De más está remarcar los beneficios del aire acondicionado, pero en caso de encontrarse en lugares cerrados con un intenso calor, se debe procurar al menos tener una buena ventilación natural o ayudarla mediante ventiladores, y tratar de no permanecer en el interior de vehículos cerrados o que estén estacionados al rayo del sol. Es que la sombra en estos días es un gran aliado para aliviar los efectos del calor.
Para no deshidratarse
Tomar más cantidad de líquido que lo normal. Lo ideal es el agua o las bebidas que consumen los deportistas para reponer electrolitos.
Coordinar la realización de actividades físicas en los horarios de la mañana temprano, en la tardecita o en la noche.
Interrumpir el ejercicio a intervalos regulares de unos veinte minutos para rehidratarse.
Evitar permanecer mucho tiempo en lugares cerrados con poca ventilación.
El aire acondicionado y la sombra son buenos aliados para el descanso.
Usar prendas de ropa livianas y holgadas, que permitan una capa de aire entre ellas y la piel.
No permanecer dentro de vehículos cerrados o que queden estacionados al sol.
Recordar que la deshidratación es más frecuente en los niños pequeños y los ancianos, así como en quienes tienen vómitos y diarreas, o toman diuréticos.