La seguridad en las ciudades iraquíes, sometidas desde hace dos días a saqueos y ajustes de cuentas, se convirtió hoy en la prioridad de las fuerzas de la coalición anglo-estadounidense en Irak, mientras que Londres y Washington comenzaban a reducir su dispositivo militar en el Golfo.
Un intenso tiroteo tuvo lugar hoy por la tarde cerca del hotel Palestina, en el centro de Bagdad, cuando patrullas de soldados estadounidenses se opusieron a iraquíes armados, según los Marines.
"Sentimos la obligación de contribuir a garantizar la seguridad", había declarado el viernes por la noche en Washington el secretario norteamericano de Defensa Donald Rumsfeld.
El Departamento de Estado estadounidense anunció el envío en las próximas semanas de cerca de 1.200 responsables policiales, consejeros de seguridad pública y expertos judiciales a Irak para contribuir a restablecer el orden.
Hoy, muchos bagdadíes daban rienda suelta a su ira cerca del monumental ministerio del Petróleo, vigilado por un impresionante dispositivo de tanques norteamericanos y el único edificio público que fue protegido de los saqueos.
En el vigésimocuarto día de la guerra, el consejero presidencial iraquí, general Amir al Saadi, se rindió voluntariamente hoy a las fuerzas norteamericanas, anunció la televisión alemana ZDF. Al Saadi, que había sido el principal interlocutor iraquí con los inspectores de desarme de la ONU antes de la guerra, aseguró que no sabía dónde está Saddam Hussein, según ZDF.
La suerte de Saddam Hussein seguía siendo un misterio. Según la prensa estadounidense del sábado, los servicios de inteligencia norteamericanos interceptaron comunicaciones entre ex dirigentes iraquíes que sugerían que el ex presidente murió en el bombardeo del lunes contra un edificio en Bagdad.
AFP